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agosto de 2001 
Declaración de fusión
de la Liga por la IV Internacional (LIVI)
y la 
Revolutsionnaya Kommunisticheskaya Organisatsiya (RKO)
de Ucrania

La Liga por la IV Internacional y la Revolutsionnaya Kommunisticheskaya Organisatsiya (Organización Comunista Revolucionaria) de Ucrania anuncian la fusión de sus organizaciones para avanzar en la lucha para reforjar una IV Internacional auténticamente trotskista como el partido mundial de la revolución socialista. Esta fusión ha sido precedida por más de un año de discusiones y de trabajo conjunto en torno a cuestiones cruciales que la clase obrera enfrenta a escala internacional y en Ucrania. Ambas organizaciones respaldan en conjunto la declaración de fundación de la LIVI de 1998.

En La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional (1938), León Trotsky escribió: “La crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria.... La crisis de la dirección proletaria, habiéndose convertido en la crisis de la civilización humana, sólo puede ser resuelta por la IV Internacional”. La LIVI y la RKO afirman que las últimas seis décadas de lucha de clases no hacen sino recalcar la validez de esta tesis central del Programa de Transición.

Hoy en día, sin embargo, la inmensa mayoría de las organizaciones centristas y reformistas que falsamente dicen representar al trotskismo, niega esta tesis fundamental – tesis que constituye el núcleo del documento de fundación de la IV Internacional y la razón misma de su existencia. De modos diversos, estas organizaciones capitulan ante, o suscriben abiertamente, la mentirosa propaganda burguesa acerca de la supuesta “muerte del comunismo”.
 La lucha para defender el bolchevismo-leninismo hoy en día, implica desenmascarar y derrotar políticamente a las corrientes oportunistas que traicionan el internacionalismo revolucionario. Declaramos que el comunismo vive en las luchas del proletariado y los oprimidos, y en el programa trotskista, el fundamento de la vanguardia proletaria que luchamos por construir.

I

La espantosa depauperación de la población de Ucrania durante la última década es una consecuencia directa de la restauración del capitalismo que resultó de la destrucción de la Unión Soviética. Los niveles de vida de los trabajadores han sido recortados en más de un 50 por ciento. El sistema de salud está en ruinas, cientos de fábricas han cerrado, millones de trabajadores han sido echados de sus empleos, especialmente las mujeres, cuyo acceso a la atención médica fue destruido, mientras que los que siguen trabajando en plantas dilapidadas reciben salarios de hambre – si es que aún les pagan. El empobrecimiento general se ve acompañado por el crecimiento de los ataques chovinistas a manos de bandas fascistas ucranianas y rusas. Quienes proclamaron libertad e independencia para Ucrania, han producido miseria y opresión para su pueblo.

La Revolución de Octubre fue el acontecimiento clave de la historia moderna. Se trató de la primera ocasión en que la clase obrera pudo liberarse de las cadenas de la explotación capitalista y emprender las tareas de la revolución socialista. La dirección bolchevique bajo Lenin y Trotsky enfatizó que, aunque la revolución había comenzado en el económicamente atrasado Imperio Ruso, ésta debía extenderse a los países imperialistas avanzados para sobrevivir y alcanzar el socialismo, una sociedad sin clases basada en la abundancia para todos.

La usurpación del poder por parte de la burocracia nacionalista y conservadora encabezada por J.V. Stalin en 1923-1924, coincidió con la enfermedad y muerte de Lenin y a ella siguió el abandono del programa internacionalista del Octubre Rojo. Stalin proclamó el dogma antimarxista de construir “el socialismo en un solo país”, intentando coexistir pacíficamente con el imperialismo. El Partido Bolchevique fue destruido, los cuadros veteranos eran sustituidos por arribistas. Los trotskistas fueron expulsados del partido y luego encarcelados y asesinados en la sangrienta purga anticomunista de mediados y finales de los años 30, como fue el caso de todo lo que quedaba de la dirección bolchevique de 1917 – incluyendo a quienes habían apoyado a Stalin.

Trotsky analizó los efectos de esta contrarrevolución política en La revolución traicionada. Cuando se publicó por primera vez este libro en la Unión Soviética a finales de los años 80, los obreros conscientes e intelectuales que pudieron leerlo (incluyendo a los camaradas que habrían de formar la RKO) reconocieron inmediatamente en su análisis al agonizante régimen estalinista que seguía en el poder a expensas de la clase obrera. Mineros, obreros fabriles y estudiantes universitarios conocieron por primera vez el análisis marxista de Trotsky de la naturaleza dual de la burocracia, situada sobre la economía colectivizada de un estado obrero del que dependían sus obscenos privilegios, pero minando constantemente su existencia.

Trotsky insistió en que los revolucionarios y militantes proletarios en todo el orbe tenían el deber de defender a la URSS en contra de la contrarrevolución – a pesar de los años de degeneración – luchando al mismo tiempo por una revolución política para echar a la burocracia parasitaria. En 1939-1940, una oposición pequeñoburguesa en el partido trotskista norteamericano, dirigida por M. Shachtman, rompió con el trotskismo al abandonar la defensa de la Unión Soviética cuando comenzaron a resonar los primeros tiros de la Segunda Guerra Mundial imperialista. La defensa resuelta de la tierra de Octubre por parte de Trotsky y James P. Cannon [dirigente de los trotskistas norteamericanos] representa un legado que no pudo ser borrado ni con el vil asesinato del fundador de la IV Internacional a manos de un agente estalinista en 1940. Los trotskistas permanecieron en sus puestos de combate en la hora crucial. Hoy en día los trotskistas estamos por la defensa militar de los estados obreros deformados que aún perviven (China, Cuba, Vietnam, Corea del Norte) y luchamos por la revolución política proletaria para echar a los burócratas que ponen en peligro sus conquistas e, incluso, su existencia misma.

A pesar de que Stalin saboteó al Ejército Rojo, y de que abrigó una fe ciega en su pacto con Hitler, la clase obrera soviética y los hombres y mujeres del Ejército Rojo derrotaron a los imperialistas alemanes, al terrible costo de 27 millones de muertos. Los estalinistas promovieron el nacionalismo ruso, apelando a elementos reaccionarios como la iglesia. Pero la invasión de Hitler no podía ser derrotada sin una energía colectiva que solamente es posible en las condiciones que existen en un estado obrero. Después de la Segunda Guerra Mundial, al comienzo de la Guerra Fría de los antiguos “aliados” de Stalin (los imperialistas occidentales) en contra de la Unión Soviética, un nuevo grupo de renegados dirigidos por Tony Cliff en Inglaterra rompió con la IV Internacional al rehusarse a defender a Corea del Norte durante la Guerra de Corea. Esta era la expresión concreta de la línea antimarxista de Cliff según la cual la URSS era “capitalista de estado”. Durante la Guerra de Indochina que culminó con la heroica victoria vietnamita en 1975, muchos izquierdistas (entre ellos los cliffistas) intentaron dar a entender que se trataba puramente de una guerra colonial para ocultar el hecho de que se trataba del frente de defensa de los estados obreros degenerado y deformados en contra del imperialismo.

La defensa de la Unión Soviética volvió a ser una cuestión candente con el inicio de la segunda Guerra Fría en 1980, con la intervención del ejército soviético para impedir el derrocamiento de un débil gobierno burgués en Afganistán a manos de los mujahedin (guerreros santos) islámicos, respaldados por la CIA. Muchas de las corrientes que se autoproclamaban como trotskistas (como el Secretariado Unificado de E. Mandel y la corriente dirigida por P. Lambert en Francia) se unieron al griterío lanzado por Washington al denunciar la intervención de Moscú; la corriente basada en América Latina dirigida por N. Moreno apoyó a los mujahedin, haciendo un llamado por la extensión de la reacción islámica al Asia Central soviética. En contraste con estos impostores, los genuinos trotskistas dijimos “¡Viva el Ejército Rojo en Afganistán!”, llamando al mismo tiempo por la extensión de las conquistas sociales de la Revolución de Octubre a los pueblos afganos. La intervención soviética chocaba de hecho con la línea estalinista de buscar acuerdos con Washington; por ello, Moscú dio marcha atrás y finalmente emprendió una vergonzosa retirada en 1989, que fue un elemento clave que contribuyó finalmente a la desaparición del bloque soviético y la destrucción de la URSS.

El ascenso del movimiento nacionalista polaco y antisoviético de Solidarnosc en 1980-1981 produjo la formación de un frente contrarrevolucionario que unió a la CIA y el Vaticano con los seudotrotskistas bajo la consigna de “Solidaridad con Solidarnosc”. En cambio, los trotskistas dijimos a finales de 1981, “¡Alto a la contrarrevolución de Solidarnosc!” a la vez que llamamos por una revolución política para echar a Jaruzelski. Señalamos que este falso “sindicato” que incluía a elementos burgueses e incluso fascistas, era un instrumento financiado y asesorado por Reagan y Thatcher, los mayores rompehuelgas de Occidente. El imperialismo norteamericano intensificaba su ofensiva militar y económica en contra de la Unión Soviética, y el cuento de hadas de la coexistencia pacífica con el imperialismo se desvaneció en el aire. Décadas de sabotaje estalinista en nombre del “socialismo en un solo país” (que culminaron con la “perestroika” de Mijaíl Gorbachov) abrieron las puertas a la contrarrevolución. Bajo la incansable presión imperialista, los regímenes estalinistas del bloque soviético se colapsaron uno tras otro. Las burocracias se hicieron añicos, e importantes segmentos de éstas abrazaron abiertamente el capitalismo: Boris Yeltsin se convirtió en el hombre del presidente norteamericano George Bush en Moscú, y Leonid Kravchuk hizo lo propio en Kiev, proclamando la independencia ucraniana. La historia subsecuente de la restauración burguesa ha demostrado la bancarrota del capitalismo y la necesidad de la revolución socialista en todo el antiguo bloque soviético.

II

La serie de contrarrevoluciones en el bloque soviético durante 1989-1992 llevó directamente a la Guerra del Golfo Pérsico de 1990-1991, orquestada por el imperialismo norteamericano bajo la cubierta simbólica de la ONU y la OTAN. Tras esto, el presidente estadounidense George Bush I proclamó un “Nuevo Orden Mundial”. Lejos de conseguir siquiera unos años de “estabilidad” contrarrevolucionaria bajo el dominio de una sola “superpotencia” imperialista, la última década ha estado marcada por una aguda intensificación de las guerras nacionales y étnicas, junto con el incremento de las rivalidades interimperialistas. Por ahora, éstas últimas son principalmente económicas; sin embargo, la experiencia histórica muestra que las guerras comerciales son la antesala de las guerras militares. 

Ahora bajo el gobierno de Bush II, el imperialismo norteamericano intensifica rápidamente sus provocaciones militares, declarando sus intenciones de romper los tratados con Moscú sobre el “control de armas” y lanzar un supuesto escudo de defensa antimisiles que no es más que un disfraz para conseguir la capacidad de asestar el primer ataque nuclear. Lejos de dirigirse en contra de los que Washington declara “estados ladrones” como Irak y Corea del Norte, que carecen de armas nucleares, este sistema de armamento ofensivo está diseñado para derribar satélites rusos y destruir fuerzas nucleares más pequeñas (como la de China). La nueva línea dura anti Moscú del Pentágono pretende convertir a Ucrania en la punta de lanza contra Rusia; la denominada “sociedad para la paz” es, de hecho, un pacto de subyugación imperialista para la guerra. La RKO y la LIVI exigen el rompimiento de todos los lazos con la alianza imperialista de la OTAN.

El más importante desarrollo reciente del “mundo post-Guerra Fría” ha sido la aparición del llamado “movimiento antiglobalización”. Las burguesías imperialistas han respondido a estas manifestaciones con una represión masiva de estado policíaco – y ahora con el asesinato abierto, matando a un manifestante radical en Génova a finales de julio. Al mismo tiempo, este “movimiento” ha puesto a prueba a las diferentes tendencias de izquierda, la mayor parte de las cuales ha respondido con un desvergonzado seguidismo. El “movimiento contra la globalización” es una conglomeración de elementos políticos dispares que van desde pretendidos comunistas hasta nacionalistas burgueses; en todas partes, sin embargo, el elemento predominante en estas coaliciones de colaboración de clases es el nacionalismo. En los países imperialistas esto adopta la forma de apoyo al proteccionismo: en Estados Unidos, mientras el “bloque negro” anarquista rompe ventanas en cafeterías y se enfrenta a la policía, los burócratas sindicales anticomunistas de la AFL-CIO presionan a favor de restricciones al acero brasileño y los camioneros mexicanos, mientras atacan a la “China Roja” con la retórica del “imperio del mal” tomada directamente de Ronald Reagan. En Francia, partidarios de derecha y de izquierda del imperialismo francés se unen para apoyar la política agrícola proteccionista en Europa, mientras lanzan ataques contra las cadenas de comida rápida norteamericanas.

También en los países semicoloniales el “movimiento contra la globalización” alienta la formación de bloques con la reacción burguesa. El Mercado Común de América del Sur (Mercosur) se presenta así como un contrapeso al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) dominado por Estados Unidos, cuando la verdad es que este pacto comercial regional se está deshaciendo en virtud de las disputas entre Brasil y Argentina, mientras la tambaleante economía argentina amenaza con desencadenar una nueva crisis internacional. En México, se lanzan gritos proteccionistas contra las importaciones chinas. En los antiguos estados obreros degenerado y deformados, como se vio en las manifestaciones de Praga en septiembre de 2000, el “movimiento contra la globalización” es utilizado por fuerzas que apoyaron la restauración capitalista y la guerra de 1999 contra Yugoslavia (incluyendo a varios supuestos socialistas) para culpar de la actual miseria de las masas al “libre comercio” y para canalizar la ira a las protestas vacías contra las agencias económicas internacionales, cuando el verdadero poder descansa en los amos de Wall Street y Washington, y sus aliados/rivales imperialistas menores.

Los voceros “antiglobalización” fingen que los desarrollos económicos recientes representan un fenómeno fundamentalmente nuevo. Al contrario, como señaló Karl Marx en los años 50 del siglo XIX, “La tendencia a crear el mercado mundial está directamente dada en el concepto mismo de capital” (Fundamentos de la crítica de la economía política). En medio de la Primera Guerra Mundial imperialista, Lenin publicó su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916), notando que “hace mucho que el capitalismo creó un mercado mundial”. Lenin subrayó que la aparición de enormes monopolios (erróneamente llamados hoy en día “compañías multinacionales”), la exportación masiva de capital para la producción y el reparto del mundo entre las asociaciones capitalistas marcó el comienzo de la época de decadencia del capitalismo. Incluso cuantitativamente, las estadísticas refutan la afirmación de que se trata de un nuevo fenómeno: en vísperas de la Primera Guerra Mundial, las inversiones internacionales de los principales países desarrollados eran iguales al total de sus productos internos brutos, mientras que en 1990 las inversiones extranjeras representaban apenas el 12 por ciento de sus PIB.

De hecho, en respuesta a la “amenaza del comunismo”, los principales países imperialistas introdujeron medidas de “estado de bienestar” que incrementaron la proporción de la producción nacional. Esto el lo que los “antiglobalizadores” de “izquierda” socialdemócratas quieren traer de vuelta, pasando por alto que la burguesía tomó estas medidas en gran parte como táctica en la Guerra Fría antisoviética. Tras la destrucción de la URSS, los regímenes burgueses quieren incrementar las tasas de ganancia decrecientes mediante la eliminación de cualquier cosa que disminuya las utilidades. La respuesta al agudo incremento de la tasa de explotación, que subyace a las discusiones sobre la “globalización”, no es la utopía reformista de expandir el “estado de bienestar”, sino la revolución socialista internacional, incluyendo las semicolonias en trance de industrialización, así como los centros imperialistas con su decadente base industrial. 

La LIVI y la RKO no dan apoyo político ni se unen al “movimiento contra la globalización” con su programa de añoranza nacionalista y proteccionista. Pero puesto que muchos jóvenes radicales y otros pueden ser atraídos por la retórica “anticapitalista” de algunos de los componentes de este amorfo frente popular, buscamos hacerles conocer nuestro análisis y programa trotskista revolucionario. Asimismo, protestamos enérgicamente contra la salvaje represión a manos de los guardianes armados del capital. Señalamos que en años recientes, los ejércitos y policías tanto de los países capitalistas imperialistas como del “Tercer Mundo”, han cambiado su armamento y orientación estratégica para prepararse para la “guerra urbana”. Aunque proclaman a grandes voces la “muerte del comunismo”, sus acciones muestran que están lejos de haber conjurado el espectro de la revolución proletaria.

III

Actualmente, uno de los puntos álgidos del “Nuevo Desorden Mundial” es el Medio Oriente, donde las provocaciones del gobierno del estado sionista de Israel han desencadenado una nueva intifada (levantamiento) de la juventud palestina en los Territorios Ocupados. Después de meses, en los cuales más de 500 manifestantes árabes han sido asesinados a sangre fría y decenas más asesinados por los escuadrones de exterminio israelíes, además de los varios miles de heridos por el fuego israelí, el ejército sionista está preparado para una guerra total contra la Autoridad Palestina, el seudogobierno establecido por los acuerdos de “paz” celebrados en Oslo en 1994. A finales del año pasado, cuando los valientes jóvenes árabes armados con piedras eran asesinados en el Banco Occidental y Gaza, la LIVI y la RKO coordinaron su participación en acciones de protesta denunciando a los asesinos sionistas, produciendo también pósters con las consignas “¡Defender al pueblo palestino!” y “¡Por una revolución obrera árabe-hebrea! ¡Por una federación socialista de Medio Oriente!”

La prensa imperialista (la parte que no es descaradamente pro israelí) falsamente presenta los acontecimientos en Palestina como si reflejaran “disputas” entre dos pueblos que no pueden convivir; la realidad, en cambio, es que los árabes están sojuzgados por la ocupación israelí. De manera más fundamental, hay una contradicción que involucra a dos pueblos con el derecho a la existencia nacional, pero que ocupan un mismo y pequeño territorio con recursos escasos. Asimismo, la creación del estado sionista de Israel fue el producto del rechazo de los imperialistas “democráticos” a aceptar a los refugiados judíos del Holocausto de Hitler antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. A la vez que reconocemos el derecho a la autodeterminación tanto de los árabes palestinos como del pueblo de habla hebrea que vive ahí, así como el derecho de los refugiados palestinos expulsados por los sionistas en tres guerras a regresar a sus tierras, señalamos que este derecho democrático no puede ser realizado equitativamente bajo el capitalismo, que necesariamente hace que una nación compita contra otra para apoderarse de los recursos escasos, incluyendo el agua y la tierra. Contra la ideología burguesa del nacionalismo, sólo el internacionalismo proletario y revolucionario provee un programa para emancipar al oprimido pueblo palestino, hacer que los obreros de habla hebrea rompan con los amos sionistas y unir a los trabajadores de toda la región en una revolución socialista.

Son numerosos los autoproclamados marxistas y seudotrotskistas que se han puesto a la cola de la Organización para la Liberación de Palestina de Arafat y de grupos nacionalistas árabes más radicales dentro de la OLP. En la década de los 90, muchos apoyaron el falso proceso de “paz” celebrado en Oslo y patrocinado por los Estados Unidos, que sólo dio una cubierta “legal” a la ocupación israelí. Ambas posiciones representan un callejón sin salida para los oprimidos palestinos y no ofrecen ninguna perspectiva a los trabajadores de habla hebrea que no quieren vivir en un permanente estado guarnición. Como trotskistas, luchamos por una república obrera árabe-hebrea dirigida por un partido trotskista multinacional, que forme parte de una federación socialista del Medio Oriente, el único marco en el cual se puede resolver los múltiples conflictos nacionales que involucran a los pueblos interpenetrados de la región (en particular al pueblo kurdo, disperso en seis países capitalistas y reprimido en todos ellos). La cuestión de Israel/Palestina es tanto más urgente debido al hecho de que los gobernantes israelíes tienen el tercer arsenal nuclear más grande en el mundo, sobrepasando los de Inglaterra y Francia, siendo además perfectamente capaces de usarlo.

La importancia de adoptar una clara posición proletaria en Medio Oriente fue reconocida y adoptada por la RKO, que ha procedido a poner esta perspectiva en práctica. Esto puede constituir una contribución significativa a la lucha por el trotskismo en Palestina, así como en el combate contra el resurgimiento del antisemitismo en Ucrania, Rusia y otros países del antiguo bloque soviético. Los acontecimientos en Israel/Palestina se verán afectados también por la turbulencia en otras partes de la región, incluyendo la actual revuelta en Argelia en la que la LIVI ha intervenido con propaganda trotskista.

IV

La restauración del capitalismo y la declaración de independencia, lejos de resolver los problemas nacionales en Ucrania, los han exacerbado. La existencia de un estado ucraniano con una clara mayoría (60 por ciento) de rusoparlantes representa una fuente de tensiones; en algunas áreas occidentales se habla predominantemente ucraniano, mientras que en varias zonas orientales el ruso es el idioma predominante, y hay otras áreas mixtas. Como en varios estados de Europa Oriental, los nuevos amos burgueses han azuzado el nacionalismo, intentando establecer de este modo, estados capitalistas homogéneos (inicialmente sin capital) sobre poblaciones étnica o lingüísticamente heterogéneas. La imposición del ucraniano como idioma oficial en documentos y escuelas ha causado un amplio resentimiento en las áreas rusas. Algunos individuos han sido golpeados en la calle por matones nacionalistas ucranianos por no saber ucraniano. Exigimos que no haya “ningún privilegio en absoluto para una nación o un idioma” (Lenin, “Notas críticas sobre la cuestión nacional”). Exigimos derechos iguales para el ucraniano, ruso y otros idiomas hablados por la población.

Está además el caso de los tártaros injustamente expulsados de la península de Crimea por Stalin en 1944 y exiliados en Uzbekistán. A muchos de los que ahora han regresado, las autoridades locales estalinistas les han negado la ciudadanía, el derecho a la propiedad de sus propias casas y a obtener empleo. En el sur, a lo largo del Danubio, hay una mezcla de poblaciones que incluye ucranianos, rusos, rumanos, moldavos, húngaros, judíos, eslovacos, búlgaros, albaneses y otros. La Unión Soviética, a pesar del chovinismo granruso estalinista, era un estado multinacional y los numerosos casos de pueblos interpenetrados sólo pueden ser resueltos en el marco de una federación socialista voluntaria que resulte de una revolución obrera que se extienda más allá de las fronteras de los distintos estados ex soviéticos. Una política internacionalista sobre la cuestión nacional en Ucrania tendría un impacto inmediato en conflictos inextricables como el del Transdniéster. Cuando el estado obrero soviético burocráticamente degenerado se estaba colapsando, los imperialistas intentaron usar el nacionalismo de los pueblos no rusos como un arma contrarrevolucionaria. Muchos seudotrotskistas participaron activamente en este esfuerzo, haciendo llamados por la independencia de Lituania, Ucrania, etc. Los auténticos trotskistas defendimos el derecho de los pueblos soviéticos a formar estados obreros independientes, pero nos opusimos al uso del derecho a la autodeterminación como una cubierta para la contrarrevolución. La RKO y la LIVI consideran que el llamado de Trotsky por una Ucrania soviética independiente en 1938-1939, a pesar de ser principista, era inapropiada bajo las circunstancias imperantes.

Subsecuentemente, Ucrania se ha vuelto el punto focal de una campaña dirigida por el imperialismo norteamericano para tender un cerco en torno a Rusia. En años recientes, el país se convirtió en el tercer mayor receptor de ayuda estadounidense, después de Israel y Egipto. El presidente Leonid Kuchma, jefe del partido de los “oligarcas” industriales ucranianos, quien fuera visto otrora como el hombre de Washington, ha pasado cada vez más a la órbita de Moscú después de que Putin relevara a Yeltsin en 1999. Esto produjo una campaña para echar a Kuchma que contó con apoyo tácito de Estados Unidos, si no es que su directa inspiración. El gobierno de Bill Clinton indicó su preferencia por el ahora ex premier Víktor Yushenko, y en enero de 2001 los que se manifestaban contra Kuchma cercaron el parlamento. Los organizadores de la protesta hablaron abiertamente de tener “otro Belgrado” en Kiev, es decir, derrocar a un gobierno que ha perdido el favor del imperialismo norteamericano mediante un putsch disfrazado de “poder popular”, reemplazándolo con un dócil régimen cliente.

Las protestas fueron dirigidas por una coalición nacionalista que tenía la forma de una “escala móvil de frentepopulismo”. La principal agrupación se llamaba “Ucrania sin Kuchma”, y era patrocinada por el burgués Partido Socialista de Ucrania (SPU) de Aleksandr Moroz, junto con partidos “socialdemócratas” más pequeños y fascistas ucranianos como UNA/UNSO. Después de participar inicialmente en esta alianza, el Partido Comunista de Ucrania (KPU), de tendencia chovinista rusa, se retiró para formar su propio bloque, “Ucrania sin Kuchma ni Yushenko”, que incluía organizaciones satélite del KPU y grupos fascistoides rusos. Un conglomerado de seudotrotskistas formó su propio bloque, “Ucrania sin Burguesía ni Fascistas”, iniciado por el MRM (Jóvenes Marxistas Revolucionarios), grupo que se describe a sí mismo como fraternalmente relacionado con la estalinofóbica Tendencia Bolchevique Internacional, y promovida con entusiasmo por RV (Workers Power), que es parte de la LICR dirigida por el grupo británico Workers Power. 

A pesar de sus pretensiones de independencia con respecto a la burguesía, esta formación no fue más que una hoja de parra para cubrir su participación “crítica” como componente del frente popular anti-Kuchma. Se les unieron los partidarios ucranianos del CIO (Comité por una Internacional Obrera, dirigido por Peter Taaffe), la OTI (Oposición Trotskista Internacional), COI (Comité Obrero Internacional), el grupo británico Workers Liberty dirigido por Sean Matgamma, el Partido Obrero argentino de Jorge Altamira, el PTS argentino y otros de los más de 20 grupúsculos ucranianos que dicen estar a la izquierda del Partido Comunista.

A principios de febrero, el campamento de cientos de manifestantes en contra de Kuchma en la Plaza Independencia fue atacado por cientos de fascistas ucranianos de Trident, grupo en la nómina de Kuchma, que chocó con los fascistoides rusos del Partido Nacional Bolchevique. Mientras Kuchma esperaba que pasaran las protestas, Moroz, el dirigente del PSU, fue a Washington para pedir apoyo. A final de cuentas, el “movimiento” decayó de 10.000 a unos cuantos cientos para, finalmente, desaparecer conforme que los Estados Unidos perdían interés. Por su parte, en junio, el jefe del estado mayor de EE.UU. estuvo en Kiev durante seis horas, mientras se dirigía a una reunión de la OTAN, dando órdenes a Kuchma, quien luego cambió al primer ministro. El bloque seudotrotskista se deshizo mientras el MRM/TBI presentó una autocrítica por formar un “bloque de propaganda” que, en realidad, era una coalición frentepopulista para facilitar su participación en el frente anti-Kuchma. Los de la RV/LICR hicieron un llamado para unirse de manera aún más estrecha a las fuerzas burguesas.

La Revolutsionnaya Kommunisticheskaya Organisatsaya se rehusó a unirse a este circo de colaboración de clases, reafirmando el principio trotskista de rechazo a dar apoyo político a todo frente popular. La RKO señala que estas tendencias que falsamente afirman ser trotskistas, nadaban de hecho tras la estela del imperialismo de EE.UU. Muchos de ellos hicieron los mismo un año antes con respecto a los bombardeos de la OTAN contra Yugoslavia. Contra la incestuosa “familia” del seudotrotskismo en Ucrania, la LIVI y la RKO hacen suya la tarea de construir un partido de vanguardia trotskista independiente en la lucha por reforjar la IV Internacional. Luchamos por gobiernos obreros revolucionarios en Ucrania y el resto de los antiguos estados soviéticos, y en particular por extender la revolución a los países imperialistas avanzados de Europa Occidental, Japón y los Estados Unidos.

V

La aguda crisis de la dirección revolucionaria del proletariado que se muestra desde el explosivo Medio Oriente hasta las catastróficas condiciones económicas y sociales que imperan en los países del antiguo bloque soviético, exige la construcción de partidos leninistas-trotskistas que retornen a la herencia internacionalista de la Revolución Bolchevique. La identificación que hacían los estalinistas entre el bolchevismo y el chovinismo granruso causó un incalculable daño a la causa leninista, permitiendo incluso que los imperialistas azuzaran el sentimiento contrarrevolucionario bajo el disfraz de la oposición a la opresión nacional ejercida por la burocracia. Este daño continúa tras la destrucción de la Unión Soviética con la proliferación de varios grupos “bolcheviques nacionales” de corte estalinista e incluso fascistoide. La RKO de Ucrania se propone construir un partido proletario leninista de vanguardia, un partido de revolucionarios profesionales y no de charlatanes socialdemócratas, un partido que actúe como “tribuno del pueblo”, movilizando el poder de la clase obrera contra toda forma de opresión social, como explicó Lenin en su obra de 1902, ¿Qué hacer?

Además de luchar por una política internacionalista en la cuestión nacional en este estado multinacional, los trotskistas luchamos enérgicamente contra todo acto de discriminación y de ataques en contra de la población judía. Desde hace mucho tiempo el antisemitismo ha sido la divisa de la contrarrevolución en Ucrania. Las Centurias Negras zaristas asesinaron a miles de judíos desde Kishinev hasta Zhitomir. Durante la Guerra Civil de 1918-1920, los ejércitos blancos y los ejércitos de la burguesía ucraniana dirigidos por Simón Petliura llevaron a cabo por doquier pogromos contra la población judía con la misma rabia con la que asesinaban a los bolcheviques. Las fuerzas de Grigoryev, entonces aliadas con el dirigente anarquista Néstor Makhno, llevaron a cabo también pogromos antijudíos. En la Segunda Guerra Mundial, los invasores imperialistas de Hitler azuzaron el antisemitismo popular con su propaganda de odio contra los “judíos comunistas”, y asesinaron a más de 35.000 judíos entre los 100.000 ciudadanos de Kiev que fueron enterrados en los campos de exterminio de Babi Yar. Durante la guerra y después de ella, las bandas fascistas de Stepan Bandera llevaron a cabo pogromos.

Los estalinistas se rehusaron a reconocer la naturaleza específicamente antijudía del genocidio nazi, así como el exterminio de roma (gitanos), homosexuales, minorías étnicas, eslavos y cualquiera que los arianizantes fascistas consideraran “subhumano”. Stalin hizo uso del antisemitismo en la lucha contra Trotsky, y también más tarde, particularmente en el período de 1948 a 1952 culminando en el tristemente célebre “complot de los médicos”. Al mismo tiempo, había un número considerable de judíos en el aparato estalinista, entre ellos A. Vishinsky, el fiscal que presidió los procesos de Moscú. La discriminación contra los judíos continuó hasta el fin del régimen estalinista, particularmente en lo concerniente a puestos en la educación universitaria. Los sionistas alimentaron una campaña internacional para “salvar a los judíos soviéticos” que distorsionó completamente la cuestión judía en la Unión Soviética y convirtió en símbolos a tipos tales como Nathan Shcharansky, quien era culpable de transferir secretos de defensa a periodistas occidentales y otros.

Desde la restauración del capitalismo y la independencia de Ucrania, se han registrado ataques fascistas periódicos contra sitios judíos, incluyendo varias profanaciones de cementerios judíos. Los trotskistas llamamos por una defensa de frente unido proletario contra los ataques antisemitas de los fascistas. Aunque la homosexualidad fue despenalizada en 1991, los grupos gay enfrentan acoso por parte del gobierno; existe un considerable prejuicio antihomosexual, los gays son objeto de hostilidad por parte de los estalinistas (que predican los “valores familiares” tradicionales al estilo de Reagan), y los homosexuales son el blanco del odio de los fascistas, como los matones nacionalistas ucranianos de UNA/UNSO, que atacan a izquierdistas en Lviv y otras partes. Los comunistas defendemos de forma intransigente plenos derechos para los homosexuales y luchamos resueltamente contra la discriminación antihomosexual.

Debe ponerse particular atención a la cuestión de la mujer. Las mujeres han sido uno de los sectores más duramente golpeados por la restauración capitalista. El desempleo ha afectado de manera desproporcionada a la mujer, y muchos servicios tales como las guarderías están disponibles únicamente para aquéllos que pueden pagarlos, si están disponibles en lo absoluto. Un partido leninista debe realizar esfuerzos particulares para reclutar camaradas mujeres que, como la historia muestra, se encontrarán entre los combatientes más decididos en las batallas de clase por venir. Los comunistas luchamos por aborto libre y gratuito como parte de un sistema de salud gratuito y de alta calidad para todos; contra la eliminación de los beneficios de la maternidad; por guarderías gratuitas disponibles las 24 horas; por pago igual para trabajo igual y por abrir todas las ocupaciones a las mujeres. ¡Liberación de la mujer mediante la revolución socialista!

VI

El elemento decisivo en la lucha para movilizar al proletariado contra los estragos de la contrarrevolución y la opresión capitalista es la construcción de un partido internacional genuinamente bolchevique-leninista. En particular, es necesario derrotar la política liquidacionista del pablismo, que lleva el nombre de Michel Pablo, quien respondió a la expansión del estalinismo tras la Segunda Guerra Mundial abandonando la lucha por una vanguardia trotskistas independiente. En su lugar, los pablistas se pusieron a la cola de todo un conjunto de fuerzas no proletarias y antirrevolucionarias, primero los estalinistas (de Moscú, Belgrado y Beijing), seguidos por los castristas cubanos, nacionalistas burgueses argelinos, guerrillas pequeñoburguesas en América Latina, oficiales del ejército portugués, mullahs iraníes, para después aullar junto con los lobos imperialistas sobre Afganistán y Polonia en la segunda Guerra Fría antisoviética. Para la época en que colapsó el bloque soviético, los pablistas se habían acostumbrado desde mucho tiempo atrás a hacer causa común con la contrarrevolución.

Proclamas generales repletas de citas de Trotsky son la divisa común de la veintena de grupúsculos que intentan ocupar el terreno político a la izquierda del KPU en su deriva derechista. Ellos, lo mismo que sus mentores, participan simultáneamente en una danza interminable de combinaciones, recombinaciones, comités de coordinación, comités de enlace, comités paritarios para restablecer, reconstruir o reconstituir la IV Internacional. Lo que esto significa en la práctica es pegotear los pedazos que dejó la implosión y desmembramiento de las diversas agrupaciones que afirman representar la continuidad del partido fundado por León Trotsky. La RKO y la LIVI, en contraste, insisten en que el necesario proceso de reagrupamiento revolucionario, realizado a través de fusiones y escisiones, debe basarse en el auténtico programa trotskista, no en acuerdos diplomáticos temporales.

Los principios generales se prueban en la lucha de clases, y un acontecimiento clave en los estados de la antigua Unión Soviética ocurrió en agosto de 1991 en Moscú, cuando se marcó el punto en el cual la contrarrevolución abierta ganó ascendencia en la tierra de la Revolución de Octubre. Los frustrados lugartenientes de Gorbachov del “Comité de Emergencia de Estado” (GKChP) realizaron un golpe a medias en nombre de la conservación de la URSS (pero no detener la restauración del capitalismo), tan sólo para ser barridos con el contragolpe de Yeltsin apoyado por el imperialismo. En este momento decisivo, el popurrí de seudotrotskistas se alineó del lado de la contrarrevolución en nombre del “antiestalinismo”. Algunos, como los mandelistas del Secretariado Unificado, proclamaron – en nombre de una supuesta democracia (burguesa) más allá de las clases – que Yeltsin era más progresista que el GKChP. Ellos, junto con la LICR, corriente dirigida por el grupo Workers Power de Inglaterra, se colocaron literalmente en las barricadas de Yeltsin.

El grupo británico Militant, del cual surgió el CIO de Taaffe, tenía como encabezado en su periódico (Militant, 30 de agosto de 1991) “Golpe aplastado”; una editorial afirmaba que había “elementos de la revolución política” en la “batalla para detener a los burócratas de línea dura”. Los morenistas se unieron a los cliffistas al vitorear el contragolpe contrarrevolucionario de Yeltsin como una nueva “Revolución Rusa”. Los shachtmanistas de nueva cepa de la LRP dirigieron su fuego contra los “estalinistas de línea dura” en Moscú, mientras criticaban a Yeltsin por tener una “política seudodemocrática” – se supone que la LRP está a favor de una “verdadera” democracia (burguesa). El PTS argentino gritó con júbilo: “En agosto de 1991 comienza la revolución en la Unión Soviética”, alabando al “sector de vanguardia del movimiento de masas, que se incorporó a la lucha contra el golpe [del GKChP]”. Otros grupos fueron un poco más cautelosos en presentar una línea semejante. En Argentina, el Partido Obrero de J. Altamira declaró que “el imperialismo apoyó el golpe del GKChP en la URSS”, y vitorearon el “alcance revolucionario” de “la victoria popular contra el golpe”. Estas corrientes están presentes hoy en Ucrania, y sus actuales políticas oportunistas son completamente predecibles a partir de sus posturas en 1991. Sólo por poner un ejemplo, ¿qué tiene de extraordinario que los que se unieron a la burguesía para apuñalar a la Unión Soviética apoyen hoy a Yushenko contra Kuchma en esta disputa interburguesa?

Un caso superficialmente diferente, que en los hechos viene a ser lo mismo, es el de la TBI, que intentó ocultar su estalinofobia al adoptar una falsa postura de llamar por “apoyo militar” al GKChP. Pero dar “apoyo militar” a una fuerza que no llevó a cabo ninguna acción militar contra Yeltsin no es resistir a la contrarrevolución en lo absoluto. De hecho, la TBI usó los acontecimientos de agosto de 1991 para declarar muerto al estado obrero degenerado de la Unión Soviética, y para lavarse las manos de cualquier pretensión posterior de defensismo soviético. Para los trotskistas genuinos, sin embargo, era crucial buscar oportunidades para la resistencia proletaria mientras la banda de Yeltsin procedía a desmantelar el régimen estalinista y cohesionar los elementos centrales de un nuevo estado burgués.

La Liga Comunista Internacional (LCI), dirigida por la Spartacist League de los Estados Unidos, llamó correctamente en agosto de 1991 a movilizar a los obreros soviéticos para aplastar la contrarrevolución de Yeltsin y Bush. La LCI, que durante tres décadas representó la continuidad revolucionaria del trotskismo a escala internacional, había luchado frontalmente por la defensa de la Unión Soviética en Afganistán, Polonia y otros lugares. Asimismo, se movilizó internacionalmente para intervenir en Alemania Oriental (RDA) contra la reunificación capitalista y a favor de la revolución política contra los herederos estalinistas del régimen de Ulbricht y Honecker quienes, siguiendo a Gobachov, capitularon a los imperialistas germano occidentales, entregándoles la RDA en bandeja de plata. En Moscú en agosto de 1991, la LCI no apoyó el intento de golpe a medias, mientras de forma correcta dejó abierta la posibilidad de formar un bloque militar con “elementos recalcitrantes de la burocracia” en caso de que éstos usaran sus armas contra el putsch de Yeltsin. Sin embargo, la “banda de los ocho” del GKChP estacionó sus tanques y ni siquiera cortó las líneas telefónicas que conectaban a la Casa Blanca en Moscú con la Casa Blanca en Washington.

Hoy, sin embargo, la LCI declara en polémicas contra la Liga por la IV Internacional que los estalinistas “dirigieron” la contrarrevolución en la RDA y la Unión Soviética. Esta afirmación se contrapone directamente al análisis de Trotsky de la naturaleza dual de la burocracia, es contraria a los acontecimientos reales (Yeltsin rompió con la burocracia, el Buró Político de la RDA terminó en su conjunto en las cárceles del IV Reich), y contradice lo que la LCI escribió en la época cuando luchaba contra la contrarrevolución. Simultáneamente, la LCI denuncia a la LIVI por sostener la tesis de Trotsky de que la crisis histórica de la humanidad se reduce a la crisis de la dirección revolucionaria del proletariado. La LCI escribió en su reformulada Declaración de Principios de 1998 que esta tesis central del documento de fundación de la IV Internacional “antedata el profundo retroceso actual de la conciencia proletaria”, que según ellos fue también el elemento clave que llevó al colapso de los estados obreros degenerado y deformados.

De este modo, en lugar de enfatizar la crisis de la dirección y luchar para resolverla, la LCI culpa a las masas obreras de esta derrota histórico-mundial. Con la línea que tiene hoy en torno a la burocracia estalinista, la LCI no hubiera podido hacer lo que hizo hace diez años al luchar contra la contrarrevolución. Asimismo, ha abandonado la posición de Trotsky en torno a los frentes populares (afirmando que son imposibles en países en los que no existen partidos obreros de masas) y renunciado a la posición básica de la Internacional Comunista de exigir la independencia de todas las colonias. Al hundirse cada vez más profundamente en el centrismo de izquierda y el abstencionismo, la LCI es incapaz de dirigir nuevas luchas revolucionarias en el futuro.

VII

La Liga por la IV Internacional fue formada en 1998 por militantes que fueron expulsados de la Liga Comunista Internacional en Estados Unidos, México y Francia, junto con la Liga Quarta-Internacionalista do Brasil, con la cual al LCI rompió relaciones fraternales en el curso de su huida de una batalla de clase crucial en la lucha para echar a la policía de los sindicatos en dicho país. En su declaración de fundación, la LIVI afirma que es “una tendencia en formación. Ganará a sus filas a aquéllos que quieran defender y extender el programa del trotskismo auténtico y aplicarlo en la lucha de la clase obrera y los oprimidos”. La declaración continúa:

“Para reforjar la IV Internacional hay que derrotar al pablismo y a todas las demás corrientes que traicionan el programa trotskista revolucionario Una parte importante de esta lucha, y del esfuerzo por superar la disparidad entre las tareas que enfrentamos y nuestras fuerzas limitadas, será la táctica del reagrupamiento revolucionario sobre la base del programa del internacionalismo leninista. Prevemos una serie de escisiones de las organizaciones revisionistas y fusiones con aquéllos que busquen genuinamente ser comunistas, en la construcción del partido de vanguardia.”
Esta fusión entre la LIVI y la RKO de Ucrania es una primera realización de esta perspectiva.

En el corto período de su existencia, y a pesar de sus fuerzas extremadamente limitadas, la LIVI ya ha logrado algunos éxitos modestos. En Brasil, la LQB inició el primer paro de labores (en abril de 1999) para exigir la liberación de Mumia Abu-Jamal, preso político norteamericano que se encuentra en el corredor de la muerte, renovando la tradición de la defensa obrera internacional. En México, el Grupo Internacionalista llevó a cabo una intervención ejemplar en la huelga de diez meses en la Universidad Nacional (UNAM) en 1999-2000, intervención que fue clave en la formación de guardias obreras de defensa con la participación de centenares de electricistas y trabajadores universitarios en un momento crucial para impedir la ocupación del ejército y la policía del campus en huelga. En los Estados Unidos, el Internationalist Group es la única organización que ha luchado por ganar al programa comunista a los trabajadores inmigrantes, quienes representan una infusión de nuevas y combativas fuerzas en el burocratizado movimiento obrero. La LIVI tiene ahora publicaciones en cinco idiomas.

La RKO de Ucrania fue formada por camaradas que ya desde 1989 anunciaron públicamente su intención de establecer una sección de la IV Internacional en Ucrania. Se formó inicialmente como un círculo orientado a la política trotskista en 1992. Agrupando antiguos estudiantes y obreros que habían leído ávidamente las primeras obras de Trotsky publicadas en ruso desde que éste fue exiliado en 1929, la RKO buscó contactos internacionales, incluyendo a la LCI durante el período en que ésta tenía una estación en Moscú. Pero el rechazo de la LCI a debatir cuestiones programáticas, llevó a los camaradas de la RKO a ver una brecha entre las palabras de la LCI y sus acciones. En 1997, la RKO comenzó la construcción de una organización partidaria buscando poner en práctica las normas leninistas, reclutando a sus filas a jóvenes mineros que habían despertado a la vida política en la huelga de los mineros del carbón de 1989. Entrando en contacto a principios del año 2000, la LIVI y la RKO han llegado a un acuerdo común en torno a las cuestiones discutidas en las páginas precedentes. En el curso de estas discusiones, la RKO ha crecido significativamente, integrando nuevos militantes con diversos antecedentes.

Como sección de la Liga por la IV Internacional, la RKO participará en una tendencia internacional centralista democrática, permitiendo a la organización fusionada incrementar el impacto de sus intervenciones. La RKO adopta la perspectiva de publicar en breve un modesto periódico, tanto en ruso como en ucraniano, que refleje las luchas en el terreno nacional así como las cuestiones clave a nivel internacional de la prensa de la LIVI. Un segundo proyecto consiste en publicar una serie de textos selectos de Trotsky en formato de folletos para hacerlos accesibles a los contactos obreros y estudiantiles con recursos limitados. Se intentará llevar a cabo ventas en fábricas clave y en otros lugares en Kiev, así como sentar las bases para la extensión de su propaganda a otros distritos importantes tanto en el este como en el oeste de Ucrania. La RKO y la LIVI reconocen también su responsabilidad de propagar el programa del auténtico trotskismo en otras partes de la antigua Unión Soviética y Europa Oriental.

Tras la restauración capitalista en la Unión Soviética, el primer estado obrero en la historia, y en Europa Oriental después de décadas de sabotaje estalinista y bajo los golpes incesantes del imperialismo, muchos reformistas y centristas han adoptado un programa de derrotismo abierto, ya sea en forma de un creciente oportunismo, o mediante el abandono de la lucha por la dirección revolucionaria de la lucha de clases, o de ambas maneras. En contraste, para los revolucionarios es necesario sacar las lecciones de estas derrotas históricas para la causa de la clase obrera.
 Todo obrero combativo que haya participado en una huelga encarnizada conoce este proceso, y sabe también que son muchos los que se quedan en el camino. Pero los que permanezcan, junto con los que sean ganados en la lucha, no son lanzados al período anterior a 1914, es decir, hasta antes de la Revolución Rusa de 1917, como hoy en día afirman los revisionistas. Por el contrario, estamos a hombros de aquéllos que lucharon antes que nosotros, contando con el análisis trotskista del estalinismo, un elemento clave para futuras victorias. Seguimos el trabajo de decenas de miles de bolcheviques-leninistas que cayeron bajo la represión estalinista, fascista y “democrático”-burguesa. Son sólo los genuinos trotskistas los que tienen el programa para dirigir a los obreros y oprimidos en los estados de la antigua Unión Soviética a la victoria revolucionaria que se extenderá por todo el planeta y ofrecerá un futuro socialista a la humanidad, en lugar de la barbarie que está ante nuestros ojos.

Kiev, 26 de julio de 2001


Para contactar el Grupo Internacionalista y la Liga por la IV Internacional, escribe a: internationalistgroup@msn.com

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