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mayo de 2011  

Los morenistas y sus vástagos allanaron la vía a los bombardeos

Izquierdistas que vitoreaban a los
rebeldes pro imperialistas en Libia

La urgente necesidad: forjar partidos obreros revolucionarios sobre el
programa de la revolución permanente

En el mundo entero, la gran mayoría de los grupos de izquierda han cantado loas a la “revolución libia”, sin cuestionar muy de cerca de qué se trataba. Lo mismo hicieron los representantes más autorizados del imperialismo, tales como la secretaria de estado norteamericana Hillary Clinton, el presidente francés Nicolás Sarkozy y el primer ministro británico David Cameron. Al mismo tiempo, los “revolucionarios” libios suplicaron durante varias semanas a las potencias occidentales que bombardearan las fuerzas del líder libio, Muamar al-Gadafi.

Esta coincidencia no preocupó sobremanera a nuestros izquierdistas oportunistas. Con un ritual “no a la intervención imperialista” que usan como hoja de parra, siguieron apoyando a los que pedían precisamente esa intervención (bombas sí, tropas no – por el momento). Pero el comienzo de los bombardeos desde los aviones de guerra norteamericanos, franceses y británicos arrojó una luz implacable sobre el doble juego de estos grupos de izquierda que sirven de peones de la guerra que la OTAN ha lanzado contra un país semicolonial.

Ante esta prueba de fuego, la principal corriente en Europa de quienes en el pasado se reivindicaron como trotskistas (hoy no tanto), el Secretariado Unificado de la IV Internacional (S.U.), de los seguidores del difunto Ernest Mandel, se dividió entre los que abiertamente apoyaron la intervención imperialista como salvavidas para los rebeldes in extremis, como hizo el académico Gilbert Achcar (ver “Libia y la izquierda oportunista” en la página 14 de este suplemento), y los que todavía quieren fingir una independencia ficticia con respecto a los cazabombarderos de la OTAN.

El Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) de Francia, cuyos principales dirigentes conservan sus lazos con el S.U., emitió un comunicado (18 de marzo) proclamando su “apoyo al pueblo libio contra la dictadura” al día siguiente de la aprobación por el Consejo de Seguridad de la ONU de la resolución con la que se autorizó el ataque contra Libia. Al “pueblo libio”, dice el NPA, “hay que darle los medios para defenderse, las armas que necesita para expulsar al dictador, conquistar la libertad y la democracia”.

¿A quiénes precisamente están pidiendo armas estos “anticapitalistas”? A los que las tienen, evidentemente. A la OTAN, al ejército egipcio tal vez, que según los oportunistas supuestamente está encabezando una “revolución”. El llamado a suministrar armas a los rebeldes libios no es sino una forma vergonzosa de pedir la intervención militar del imperialismo. ¿Por qué accederían los imperialistas a tal pedido? Porque apoyan a las mismas fuerzas que esta falsa izquierda.

En todo caso, el NPA debería estar contento: voceros de los gobiernos europeos informan que se están suministrando armas, y los dirigentes “revolucionarios” de Bengasi afirman que están llegando. No obstante, se ha desatado un “duro debate” en la otrora “extrema izquierda” convertida en animadora de rebeldes pro imperialistas. No va a durar. Se trata de los mismos que votaron a favor del conservador Jacques Chirac en contra del fascista Jean-Marie Le Pen en las presidenciales francesas de 2002. La colaboración con su propio imperialismo no les es nada nuevo.

En América Latina, la más grande de las corrientes seudo-trotskistas es la de los herederos de Nahuel Moreno, tras cuya muerte se dividieron en varios bandos. El principal está agrupado en la Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional (LIT), que emitió una declaración (20 de marzo) con la línea “ni Gadafi, ni intervención”. La LIT pretende que “al inicio de la insurrección” los rebeldes eran hostiles al imperialismo, y hasta “expulsaron” a unos agentes británicos que habían llegado subrepticiamente. Pura invención. Los agentes del MI6 fueron recibidos en Bengasi con los brazos abiertos, sólo preguntaron por qué no timbraron en la puerta principal.

Ahora, Eduardo Neto, de la dirección del Partido Socialista dos Trabalhadores Unificado (PSTU) de Brasil, la organización más grande de la LIT, responde a las críticas de que están apoyando a una oposición animada por la CIA y repleta de monarquistas pro imperialistas. Su argumento principal: “en Libia, estamos en medio de dos guerras”, una de los imperialistas, otra de los rebeldes libios. Otra ficción, para esconder su rol nefasto. Para ambos bandos en Libia, se trata de una sola guerra: si los morenistas tienen reparos sobre el accionar de la fuerza aérea (la OTAN), no tienen ningún empacho en aplaudir con entusiasmo a la infantería (los rebeldes anti Gadafi).

Una corriente salida del morenismo es la Fracción Trotskista (FT), cuya sección principal es el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) de Argentina y que está representada en México por la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS). Después de romper con el principal partido morenista de Argentina en 1988, poco después de la muerte de su mentor, fue adoptando una posición cada vez más crítica con respecto a Moreno y su legado. Admite hoy que su “teoría” de “revoluciones de febrero” de carácter “democrático” niega la esencia el trotskismo. Pero con algunas excepciones (Cuba), la política de la FT sigue los mismos cauces que la de los morenistas.

 En el caso de Libia, su enfoque “democraticista” alineó de inmediato a la FT con la rebelión libia. En una manifestación en Buenos Aires, el dirigente del PTS Christian Castillo declaró que con respecto a Gadafi, los Estados Unidos “consideran desde hace varios años que lo han domesticado por completo” (La Verdad Obrera, 24 de febrero). Pidió al gobierno argentino de Cristina Kirchner que rompa relaciones diplomáticas con el gobierno de Libia, considerando así a sus propios gobernantes capitalistas como potenciales aliados contra el dictador Libio.

En México, la LTS había convocado junto con otros grupos seudotrotskistas un mítin frente a la embajada norteamericana para el 20 de marzo como parte del Día Internacional de Solidaridad con la Rebelión Libia. Sus socios en esta “Coordinación en Apoyo a las Revoluciones Árabes”, eran el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), el POS (Partido Obrero Socialista), la Liga Socialista Revolucionaria (LSR) y el Grupo de Acción Revolucionaria (GAR), con quienes han formado otros bloques de propaganda en aras de fundar un grupo “anticapitalista” mexicano.

Hasta el día mismo de la votación de la resolución de la ONU que autorizaba el comienzo del bombardeo, la principal consigna de este acto era “¡Abajo el régimen de Kaddafi!” Sin embargo, en el último minuto decidieron cambiar el enfoque y enviaron un correo electrónico alertando que ahora el mítin tendría como principal consigna “contra toda intervención imperialista”. Ahí, los militantes de la LTS no supieron explicar por qué, si EE.UU. consideraba que había “domesticado por completo” a Gadafi, se había decidido a bombardearlo.

En dicho acto, el Grupo Internacionalista distribuyó nuestra declaración del 18 de marzo, “¡Defender a Libia en contra del ataque imperialista! ¡Derrotar el ataque de EE.UU., la ONU y la OTAN!” donde llamamos por “derrotar a la oposición monárquico-islamista, títere de los EE.UU.” y “Por una revolución obrera contra el estado policíaco de Gadafi”. Señalamos que los grupos que han apoyado ostensiblemente a los rebeldes libios han ayudado a preparar la vía para los bombardeos imperialistas.

Después de esto, el entusiasmo de la FT con respecto a los “rebeldes” libios se ha menguado (que ahora en su prensa aparecen entre comillas). Sobre la acción de la OTAN, dicen que “Tampoco está claro cuáles son los objetivos políticos de la intervención” (declaración de la Fracción Trotskista, 22 de marzo). Pero si ahora la FT admite que el Consejo Nacional de Transición libio sigue “una estrategia reaccionaria de reemplazar a Kadafi para ser ellos quienes garanticen los negocios de las grandes corporaciones” (La Verdad Obrera, 7 de abril), cabe preguntar, en la guerra que se desarrolla entre las fuerzas del gobierno libio y las del “CNT” rebelde: ¿en qué lado está la FT?

¿Qué pasó con esas masas revolucionarias del pueblo libio que antes elogiaban? Nosotros publicamos en este suplemento una gran cantidad de datos específicos que muestran que el levantamiento libio, al contrario de los de Túnez y Egipto, ha estado dominado desde el inicio por elementos pro-imperialistas. Cabe notar que casi nada de estos datos aparece en la prensa de los numerosos grupos de izquierda que vociferan su apoyo a los rebeldes. Retamos a todo militante o simpatizante de la LTS o de la FT a examinar estos materiales e intentar refutar estas pruebas contundentes del carácter pro imperialista de la revuelta misma, y no sólo de su cúpula.

En términos más globales, la Fracción Trotskista se refiere a los levantamientos árabes como “una nueva ‘primavera de los pueblos’” (Estrategia Internacional, marzo de 2011). Con ello hace referencia a la ola de revoluciones que en 1848 sacudieron Italia, Francia, Alemania, Hungría, Polonia y prácticamente todo el continente europeo. No importa cuán grande sea el entusiasmo con que se lo muestre, el precedente no es nada alentador: a pesar de la valentía de los combatientes rojos del año 48 del siglo XIX, todas sus revoluciones fueron aplastadas, debido a la negativa de las respectivas burguesías a luchar por la democracia y su propio dominio, lo que se debió a su temor ante el auge de las masas trabajadoras.

La FT se entusiasma con “una oleada revolucionaria que se extendió como un reguero de pólvora por el Norte de África, la península arábiga y el mundo musulmán”. Pero en sus pasajes líricos salta a la vista la ausencia de toda referencia a la conclusión que sacó Karl Marx del fracaso de las revoluciones de 1848. Como escribió en su famosa “Circular del Comité Central a la Liga Comunista” (marzo 1850), los trabajadores: “No deben ser apartados de su línea de independencia proletaria por la hipocresía de la pequeña burguesía democrática. Su grito de guerra debe ser: ‘La revolución permanente’.”

La FT señala que, en lugar de las revoluciones del siglo XIX, hoy estamos en la época imperialista. Pero no saca la conclusión de esta aseveración: la necesidad de luchar por la revolución socialista. Llama la atención que mientras la FT admite que no se había “expresado una clara conciencia antiimperialista” (por decir lo menos) y habla de la “baja subjetividad revolucionaria”, nunca menciona qué carácter de clase tendrá la revolución por la que se lucha.

León Trotsky, en su perspectiva de la revolución permanente, insistió en que en la época del imperialismo, de la decadencia capitalista, hasta para conquistar los elementos fundamentales de la revolución burguesa (democracia, emancipación nacional, revolución agraria) es imprescindible que los obreros, apoyados por el campesinado pobre y los demás sectores oprimidos, tomen el poder bajo la dirección de su partido comunista, aplasten a la burguesía y procedan a las tareas socialistas, y a la extensión internacional de la revolución hacia los centros del imperialismo.

Los que hoy ovacionan a los rebeldes pro imperialistas de Libia se colocan, no en la vanguardia de la revolución obrera que necesitan las masas trabajadoras de los países árabes, sino a la cola de la reacción seudo democrática que hundirá su lucha. Hoy la Liga por la IV Internacional insiste que es más urgente que nunca enarbolar la bandera de la revolución permanente para preparar el camino a una verdadera victoria para los explotados y oprimidos.


Para contactar el Grupo Internacionalista y la Liga por la IV Internacional, escribe a: internationalistgroup@msn.com

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