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noviembre de 1999 


Llamado internacional para la acción

¡Movilizar la fuerza de la clase obrera
para liberar a Mumia Abu-Jamal ahora!

A lo largo de la última década y media, el caso de Mumia Abu-Jamal se ha convertido en el punto focal de la lucha contra la racista pena de muerte en los Estados Unidos y a escala internacional. Cientos de miles alrededor del mundo se han pronunciado en defensa del ex militante del Partido Pantera Negra y renombrado periodista radical que se encuentra en el corredor de la muerte en Pensilvania. En el último mes, la batalla legal en los tribunales capitalistas en torno al destino de Mumia se ha acelerado. Nosotros debemos acelerar la lucha en las calles, las fábricas, los ghettos y los barrios para liberar a este elocuente defensor de los oprimidos. 

El 4 de octubre, la Suprema Corte de los Estados Unidos rechazó la petición de certoriari interpuesta por Jamal para revisar el embuste legal de su encarcelamiento y sentencia a muerte. El 13 de octubre, el gobernador de Pensilvania Tom Ridge firmó la sentencia de muerte en la que se fijaba la ejecución para el día 2 de diciembre. Dos días después, los abogados de Jamal introdujeron una apelación de habeas corpus ante la corte federal de distrito, demandando una audiencia para presentar evidencia de su inocencia y de cómo el juicio de 1982 había estado flagrantemente amañado. El 26 de octubre, el juez federal concedió una suspensión temporal de la ejecución hasta que se dé a conocer una decisión. 

Esto es importante, pero sólo gana un poco de tiempo que los defensores de Mumia deben usar para organizarse. La pregunta es cómo hacerlo. Los defensores de Mumia no deben caer en la pasividad. Ha habido innumerables peticiones, resoluciones, manifestaciones y otras expresiones de opinión. Esto ha sido importante, pero dista de ser suficiente. Mumia se ha vuelto blanco de los ataques del estado capitalista de la potencia imperialista dominante. Lo que se necesita para salvarlo de sus verdugos y ganar su libertad es poner en marcha un poder aún más grande, el de la clase obrera, que es la que hace funcionar la sociedad capitalista y que puede también detenerla por completo. 

Sindicatos que representan a miles de obreros han hecho suya la causa de Jamal. Lo que se necesita es convertir este apoyo en acciones, y esto ya ha comenzado. El pasado 23 de abril, por iniciativa de nuestros camaradas de la Liga Quarta-Internacionalista do Brasil (LQB), el sindicato de maestros (SEPE) del estado brasileño de Rio de Janiero, que representa a cerca de 120,000 trabajadores de la educación, llevó a cabo un paro laboral de dos horas en todo el estado para exigir la libertación de Mumia. El 24 de abril, el sindicato de estibadores y trabajadores portuarios de Estados Unidos (ILWU) paralizó todos los puertos de la costa oeste de los Estados Unidos durante diez horas exigiendo: "¡Alto a la ejecución! ¡Libertad para Mumia Abu-Jamal!" 

Recientemente, el Grupo Internacionalista presentó en México una moción ante el Consejo General de la huelga estudiantil que desde hace siete meses ha enfrentado la tentativa del gobierno de purgar de la UNAM a estudiantes de familias pobres y trabajadoras, llamando a acciones obreras para conseguir la libertad de Mumia; en estos momentos se está organizando una manifestación. En Brasil, nuevamente por iniciativa de la LQB, la Central Única dos Trabalhadores del estado de Rio de Janeiro, que representa a cientos de miles de trabajadores, hizo de la exigencia de libertad para Mumia Abu-Jamal una de sus demandas oficiales en el paro de 24 horas a realizar el 10 de noviembre. Este importante avance subraya la necesidad de que el movimiento obrero internacional utilice su inmenso poder para conseguir que Mumia sea liberado de las garras de la muerte. Sin embargo, para poder movilizar el poder de la clase obrera, se necesita de manera urgente romper con el frente popular que "une" a los obreros a los políticos burgueses (tales como los que son parte del "Foro Nacional") y su demagogia nacionalista.

El implacable clamor de los medios de comunicación burgueses y del estado de los patrones a favor de la muerte de Mumia, continúa inexorable. Ya son mas de 80 los prisioneros que han sido ejecutados este año en una orgía de muerte llevada a cabo por la maquinaria del asesinato estatal. El redoble de la muerte proviene directamente de la Casa Blanca. El presidente demócrata Bill Clinton llegó al poder después de ejecutar en Arkansas a un hombre negro con daño cerebral. En 1996, Clinton hizo que se aceptara la "Ley de antiterrorismo y pena de muerte efectiva". Bajo esta ley draconiana, la actual apelación de Mumia a la corte federal de distrito es la única oportunidad legal que tiene para demostrar con nueva evidencia que fue víctima de un embuste. Después de ello, las apelaciones solamente considerarán los registros de los juicios anteriores. ¡El juez ni siquiera tiene que concederle una audiencia! 

El juicio de Mumia fue una farsa en todos sus aspectos. Sentenciado a muerte por el "juez verdugo" Sabo—quien ha enviado mas hombres a la cámara de ejecución que ningún otro juez—a Mumia se le negó el derecho de representarse legalmente a sí mismo y fue expulsado de la corte durante la mayor parte del proceso. Once negros fueron excluidos del jurado por la fiscalía, cuyo personal preparó inclusive un video que mostraba a los nuevos fiscales cómo condenar a los acusados manteniendo fuera de los jurados a personas pertenecientes a minorías. El estado obligó a algunos testigos a retractarse de su testimonio y suprimió otras evidencias de testigos oculares que habrían absuelto a Jamal. Escondió al policía cuyo reporte desmintió la supuesta "confesión" de Mumia, y denegó la contratación de expertos médicos y en balística que pudieran mostrar las evidentes inconsistencias de la versión del estado. 

La verdad es que Jamal fue procesado por haber sido en su adolescencia portavoz de los Panteras Negras en Filadelfia, y porque como periodista continuó su cruzada contra la corrupción y brutalidad de los policías de Filadelfia y del gobierno de la ciudad. Jamal fue la víctima de una vendetta montada por el ex jefe de la policía y después alcalde republicano Frank Rizzo por haber defendido al grupo radical MOVE en contra de los policías de Rizzo. Años después, en 1985 el alcalde demócrata negro Wilson Goode ordenó a la policía a bombardear la comuna MOVE, que dejó un saldo de once negros muertos, incluyendo 5 niños, y 62 casas destruidas por el fuego. 

Mumia llegó a ser conocido como "la voz de los sin voz", voz que los amos racistas están resueltos a silenciar. Sin embargo, incluso en el corredor de la muerte, Mumia ha continuado intrépidamente impulsando la causa de los oprimidos. ¡Sólo el verdugo puede detenerlo, y está en nuestras manos detener a este verdugo! 

En la batalla para salvar a Mumia Abu-Jamal es crucial tener claridad en torno a cuáles son las razones por las que estamos luchando, y en contra de quién lo estamos haciendo. Muchos de quienes defienden a Mumia se han centrado en la exigencia de un "nuevo juicio". Otros sólo exigen que tenga un "proceso correcto". Algunos otros vagamente imploran "justicia" para Mumia e, incluso, evitan oponerse a la racista pena de muerte. ¿Por qué? Ellos apelan a quienes tienen ilusiones en que un juicio justo para Mumia es posible bajo este sistema, que el embuste que se le tendió fue una mera aberración. Y al hacerlo, promueven esas peligrosas ilusiones. Jamal tuvo el mismo tipo de injusticia basada en el embuste que los negros viven a diario en el capitalismo. 

En tanto que muchos liberales y reformistas gritan "Sin justicia no hay paz", el Grupo Internacionalista, sección de la Liga por la IV Internacional, sostiene que la justicia no existe para los oprimidos—y mucho menos para un revolucionario negro—en los tribunales capitalistas. Nosotros insistimos en que la lucha debe ser por liberar a Mumia Abu-Jamal. 

Los tribunales no son "imparciales"; al igual que los policías, son parte de la maquinaria del estado de los patrones cuyo trabajo es defender ferozmente los intereses de la clase dominante en contra de sus víctimas. Por eso nosotros decimos: la policía, los jueces, los carceleros y los guardias de seguridad no tienen lugar en el movimiento obrero. Ellos son el puño de hierro que impone los intereses del enemigo de clase. Mumia Abu-Jamal no se salvará mediante la política burguesa de presión, sino sólo a través de la movilización de la clase obrera y las minorías en una aguda lucha de clases que puede derrotar a la maquinaria de muerte del estado capitalista. 

Este programa de defensa obrera internacional se remonta a los primeros años de la Internacional Comunista, fundada por Lenin y Trotsky, y del Socorro Rojo Internacional. En los años veinte, cientos de miles alrededor del mundo se movilizaron para defender a los trabajadores anarquistas Sacco y Vanzetti. En los treinta, movilizaciones de este tipo lograron salvar a los "Scottsboro Boys", nueve jóvenes negros que enfrentaban la pena de muerte en Alabama. Movilizaciones del poder obrero como éstas, son posibles hoy día. Los primeros pasos ya se han dado, pero aún se necesita mucho más. 

Así como la campaña contra Mumia y la intensificación de la campaña de muerte del estado capitalista son parte de una ofensiva reaccionaria general en EE.UU. en contra de los oprimidos—que embiste todo, desde el derecho al aborto al aborto y el derecho al voto de los negros—la lucha por la libertad de Mumia debe ser parte de una ofensiva proletaria más extensa. Y así como en los países semicoloniales como México y Brasil los revolucionarios luchan por un gobierno obrero y campesino para expropiar a los terratenientes y patrones capitalistas de los talleres del sudor, en los países imperialistas la batalla en contra de la racista pena de muerte debe también ser parte de la lucha por la revolución socialista internacional. En los Estados Unidos, la pena de muerte desciende directamente de la esclavitud, de cuando la Suprema Corte dictaminó que los negros no tenían derechos que hubiera que respetar. Este es el equivalente legal del linchamiento por parte de los terroristas racistas del Ku Klux Klan. Hace poco, cuando el KKK montó una provocación en la ciudad de Nueva York, fue asediado por miles de enfurecidos obreros, miembros de minorías y jóvenes antirracistas, muchos de los cuales llevaban pancartas a favor de Mumia Abu-Jamal. 

En Sudáfrica la pena de muerte era parte de la estructura legal de la esclavitud del apartheid. En Brasil la pena de muerte era parte de la dominación colonial portuguesa. En México las múltiples ejecuciones eran un signo distintivo de la brutal dictadura de Porfirio Díaz, derribada por la revolución de 1910-17. En Rusia la pena capital era uno de los aspectos mas odiados de la autocracia zarista, y solamente fue abolida por la Revolución Bolchevique de 1917, cuyo aniversario celebramos hoy. Actualmente, se necesitará también una revolución socialista para arrancar de raíz, de una vez por todas, esta bárbara medida de la esclavitud asalariada capitalista. La tarea más apremiante es construir un partido obrero revolucionario, sección de una IV Internacional reforjada, que dirija dicha revolución. 

Grupo Internacionalista, 
sección de la Liga por la IV Internacional
—7 de noviembre de 1999 


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