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N° 4, mayo de 2014

Campaña anti Rusia de EE.UU y la Unión Europea:
el tiro les sale por la culata
¡Autodeterminación para Crimea! ¡Rechazar las sanciones!

¡Abajo el golpe de estado nacionalista y fascista patrocinado por los imperialistas en Ucrania!


Manifestantes bajo dirección fascista montan barricadas en llamas en la Plaza de la Independencia de Kiev, 20 de febrero de 2014.   (Foto: Reuters)

Contra el nacionalismo ruso y ucraniano y el antisemitismo, ¡Revolución proletaria!

El artículo que publicamos a continuación fue traducido de un suplemento de The Internationalist (marzo de 2014), publicado por el Grupo Internacionalista/EE.UU.

12 de MARZO – Desde finales de noviembre, Ucrania se ha visto convulsionada por movilizaciones derechistas étnico-nacionalistas y pro imperialistas que han culminado en un golpe de estado que derrocó al odiado presidente Viktor Yanukovich y que rápidamente partió al país en dos. A unas horas de haber tomado el poder, los usurpadores decretaron que el ruso ya no sería aceptado como idioma oficial, provocando con ello la ira de la población rusófona de las regiones este y sur del país. El presidente ruso Vladimir Putin, percibió el golpe como un ataque contra Rusia perpetrado por EE.UU., la Unión Europea y la OTAN, patrocinadores de las movilizaciones; y en efecto, lo es. Respondió con presteza mediante la toma de la península de Crimea, base de la flota rusa del Mar Negro, con lo que se ganó el aplauso de la mayoritaria población rusa local. Ahora los imperialistas occidentales están rabiosos y EE.UU. amenaza con imponer sanciones económicas y cosas peores.

Las referencias mediáticas a una nueva Guerra Fría subrayan que el punto muerto al que se ha llegado en Ucrania es consecuencia de la destrucción de la Unión Soviética, un estado obrero burocráticamente degenerado. La contrarrevolución de 1991-1992 condujo a la pauperización de la población en los estados post soviéticos mientras el capitalismo devastaba industrias enteras, a la pérdida de derechos para las mujeres, así como al incremento de las hostilidades interétnicas. La Revolución Bolchevique de 1917 dirigida por Lenin y Trotsky derribó al Imperio Ruso de los zares, una tristemente célebre “prisión de los pueblos”, mediante la unión de la clase obrera de diferentes nacionalidades. En Ucrania, esclavizada durante largo tiempo por los imperios ruso y austrohúngaro, los bolcheviques consiguieron la victoria en una guerra civil multilateral al unir la lucha por la revolución social con la lucha por la liberación nacional. Como comandante en jefe del Ejército Rojo, León Trotsky expidió una orden del día el 30 de noviembre de 1919 en la que se pronunciaba a favor de una “Ucrania soviética libre e independiente”.

Sin embargo, en contra de la política soviética original que promovía el lenguaje y la cultura ucranianos, la burocracia que usurpó el poder político bajo la égida de Stalin prosiguió agresivamente la rusificación, tras haber abandonado la lucha por la revolución socialista mundial para sustituirla con el sueño guajiro de la construcción del “socialismo en un solo país”. Además, Ucrania sufrió varios millones de muertes como resultado de la colectivización forzosa de la producción agrícola campesina implementada por Stalin. Además, sus purgas golpearon a los comunistas ucranianos más severamente que en cualquier otra república soviética. El chovinismo ruso de la burocracia estalinista alimentó al nacionalismo ucraniano. A pesar de esta pesada carga, la economía planificada de la URSS representaba el marco que hacía posible un estado multinacional. El capitalismo, en contraste, se basa en el estado nacional, de modo que la contrarrevolución se vio marcada por el resurgimiento del nacionalismo reaccionario.

Como en Yugoslavia en los años 1990, otro estado obrero burocráticamente deformado destruido por la restauración del dominio capitalista, hoy en día estamos viendo en Ucrania el regreso de “toda la vieja mierda”, incluido el crecimiento de violentos movimientos nacional-fascistas. Y como siempre, los imperialistas “democráticos” de Occidente están azuzando los fuegos con tesón. En el nuevo “gobierno” en Kiev, formado a las carreras bajo la supervisión de EE.UU. y de la UE, hay cinco ministros, incluido un viceprimer ministro y el ministro de defensa, que provienen del Partido Svoboda (Libertad), una organización fascista que culpa de los males de Ucrania a la “mafia judío-rusa” y a los comunistas. En lugar de hacer sonar las alarmas, los medios han embellecido la presencia de abiertos militantes fascistas que cuentan con el respaldo de pandillas neonazis y los describen simplemente como “manifestantes pacíficos y demócratas”.

Contingente del Grupo Internacionalista/Liga por la IV Internacional en una protesta realizada en Nueva York el 27 de febrero para exigir que EE.UU. saque las manos de Ucrania y Venezuela. (Foto: The Internationalist)

La contundente incorporación de Crimea lograda por Putin sin disparar un solo tiro, ha puesto al régimen golpista de Kiev en un lío, al carecer de los medios para desafiarla. Además, le ha ganado un amplio apoyo en la parte oriental de Ucrania, donde decenas de miles han participado en manifestaciones pro rusas en los centros industriales de Kharkiv, Donetsk y Luhansk. Los imperialistas occidentales no han hecho hasta este momento más que negar visados para viajar a EE.UU. y cancelar su participación en una reunión del Grupo de los Ocho (G8) programada para realizarse en el balneario ruso de Sochi en el Mar Negro para junio próximo. Berlín tendría dificultades para aguantar un corte del suministro energético proveniente de Rusia, que constituye buena parte del gas natural que alimenta a la industria alemana. Pero incluso si los propósitos de Putin son limitados, particularmente a la protección de la base estratégicamente localizada de la flota rusa del Mar Negro, los ultimatos imperialistas y las provocaciones de las bandas étnico-nacionalistas y fascistas ucranianas podrían encender una guerra militar.

Los trotskistas reconocemos que desde la caída de la URSS, la población abrumadoramente rusófona de Crimea no ha aceptado estar bajo el dominio ucraniano, proclamando primero su independencia, y luego consiguiendo un cierto grado de autonomía en 1992. Apoyamos la autodeterminación de Crimea y nos opondríamos a cualquier intento de impedirlo o socavarlo, tanto si se hace por medio de sanciones imperialistas, amenazas militares, que de un bloqueo del suministro de agua o energía eléctrica. Los marxistas también apoyaríamos las demandas de autonomía de la Odesa rusófona y la parte oriental de Ucrania –cuyos habitantes temen con razón ser atacados por los nuevos gobernantes en Kiev– así como para los tártaros de Crimea. Sin embargo, una guerra abierta entre Rusia y Ucrania devendría muy probablemente un conflicto nacional de carácter reaccionario, en el que Rusia estaría animada por sus ambiciones de gran potencia, mientras que Ucrania lo estaría por el nacionalismo antirruso con el respaldo del imperialismo norteamericano y europeo.

La Liga por la IV Internacional, en cambio, hace un llamado a librar una lucha internacionalista para derribar a todos los gobernantes capitalistas mediante una revolución obrera. Entretanto, exigimos que los imperialistas de EE.UU. y la Unión Europea y su maquinaria militar de la OTAN saquen las manos de Ucrania y hacemos un llamado a los trabajadores para que resueltamente se opongan a cualquier sanción contra Rusia. Los verdaderos instigadores de la conflagración en Ucrania son los capitalistas de Washington y Wall Street, Bruselas y Berlín, con sus pretensiones de ser amos del mundo. Durante las últimas dos décadas han intentado rodear a Rusia con regímenes dependientes de ellos, comenzando con las repúblicas bálticas, Polonia, Georgia y el premio mayor, Ucrania. Y si Occidente tiene éxito en atraer a Ucrania a su órbita, las “reformas” hambreadoras impuestas por el Fondo Monetario Internacional empobrecerán aún más a los trabajadores.

Fascistas y nacionalistas étnicos ucranianos
a la cabeza de las movilizaciones en Kiev


Dmytro Yarosh, dirigente de la tropa de choque neonazi Pravy Sektor (Sector de Derecha), habla en la plaza Maidán, 21 de febrero. Este fascista, dirigente del golpe y ahora viceministro de defensa de Ucrania, planea conformar una Guardia Nacional paramilitar.   (Foto: Reuters)

La ocupación de la Plaza de la Independencia en Kiev, o Maidán, comenzó a finales de noviembre en protesta en contra de la decisión de Yanukovich de aceptar 15 mil millones de dólares de ayuda rusa, en lugar de firmar un acuerdo con la Unión Europea que se había estado negociando desde hace algún tiempo. Muchos de los manifestantes venían de la parte occidental de Ucrania, acarreados en autobuses. Aunque algunos ucranianos occidentales esperaban ingenuamente que su acercamiento a “Europa” elevaría sus niveles de vida, los dirigentes de la protesta tenían intenciones bien distintas. “Euromaidán”, como se denominó a la ocupación de la plaza, fue dominado desde el principio por ultranacionalistas étnicos ucranianos y fascistas declarados imbuidos de odio contra los rusos, los judíos y los comunistas e inclinados a provocar una severa represión policíaca. Cuando la policía de hecho los atacaba, para poco después retirarse, los provocadores se envalentonaban mientras las bajas en muertos y heridos exacerbaron al público.

Pero aunque la prensa occidental sigue repitiendo su mantra acerca de los “manifestantes pacíficos a favor de la democracia” reprimidos por un régimen brutal, los dirigentes y el núcleo duro de varios miles de manifestantes de la plaza Maidán eran cualquier cosa menos pacíficos … ni favorables a la democracia. En vísperas del golpe y después de éste, ha habido una orgía de brutales ataques étnico-nacionalistas ucranianos, antisemitas y anticomunistas. La primera estatua de Lenin fue derribada ya el 8 de diciembre. En un incidente ocurrido en enero, unos skin heads (cabezas rapadas) neonazis quemaron una bandera soviética mientras presumían una cruz celta, símbolo del “poder blanco”. En las 24 horas que siguieron al golpe de estado del 22 de febrero, al menos 16 estatuas de Lenin fueron derribadas, con lo que se llegó al total de 25. El 23 de febrero, la sede del Partido Comunista de Ucrania (KPU) sufrió un ataque, y un día después, la casa del principal dirigente del KPU fue saqueada e incendiada.

Racistas ucranianos queman una bandera soviética mientras despliegan la cruz celta, símbolo de los fascistas del “poder blanco” en Europa, enero de 2014.

Al mismo tiempo, en el pueblo de Styri, cerca de Lviv en la parte occidental de Ucrania, fue removido con una grúa un monumento erigido “al soldado soviético” para conmemorar a quienes murieron luchando contra los imperialistas alemanes invasores en la Segunda Guerra Mundial. Además, se informó que varios cientos de oficinas del Partido de las Regiones (PR) de Yanukovich fueron incendiadas. Este partido, que obtuvo amplia mayoría en las regiones rusófonas del centro y el oriente de Ucrania (y que contaba con el apoyo parlamentario del KPU), era visto como representante de la influencia rusa en Ucrania. Tras la victoria del golpe, un legislador del Partido de las Regiones fue golpeado frente a la Verkhovna Rada (Consejo Supremo). En la misma sesión posterior al golpe, se presentó una iniciativa de ley para proscribir al PR y al KPU.

También ha habido reiterados ataques contra judíos. He aquí una lista parcial:

El gobierno de Israel ha minimizado los informes de violencia antisemita y, en cambio, ha resaltado la participación de varios veteranos del ejército israelí en los “escuadrones de lucha” del movimiento anti Yanukovich. Sin embargo en Israel, miembros del Knesset (la legislatura israelí) instaron al gobierno de Netanyahu a “preparar un plan de emergencia para traer a los judíos ucranianos a Israel” (sitio web del Congreso Mundial Judío, 27 de febrero). Esta no es una contradicción, pues los sionistas desde Zeev Jabotinsky (y David Ben-Gurión) tienen historia de colaboración con los nazis y otros antisemitas para promover la migración judía hacia Palestina. (El padre del primer ministro Netanyahu era secretario de Jabotinsky.)

Ciertamente, muchos de los que se manifestaron en la plaza Maidán estaban enfurecidos con sus corruptos gobernantes, y sin duda, muchos creían que “Europa” les traería democracia y prosperidad. Sin embargo, ha habido un esfuerzo concertado en los medios imperialistas (particularmente los liberales, de los que han hecho eco los izquierdistas socialdemócratas) para desdeñar la incontrovertible evidencia de la presencia destacada de fascistas y de ultranacionalistas étnicos ucranianos en la dirección de las protestas de Kiev y en el gobierno establecido tras el golpe. No ver, no escuchar, no escribir nada malo acerca de las movilizaciones de la plaza Maidán e la orden recibida de parte de los comandantes imperialistas. Quienquiera que se encuentre confundido por esta cínica maniobra de encubrimiento haría bien en ver algunos de los muchos videos disponibles en línea sobre las brutales acciones realizadas por siniestras bandas nazis. Para empezar, podría ver la compilación reunida en el sitio televisivo en Internet de Russia Today en http://rt.com/news/ukraine-nationalists-fears-video-674/.

En esta compilación puede verse cómo a mediados de febrero, matones enmascarados vestidos con uniformes de combate y botas negras del Partido Svoboda maltratan a activistas del grupo “Por un Kiev limpio”, en su mayoría mujeres, quienes se organizaron para barrer escombros, recoger basura y desmontar barricadas; cómo los matones fascistas tiran al suelo a un joven y lo golpean sangrientamente con bastones y bates de beisbol, pateándolo en repetidas ocasiones en la cabeza; cómo lanzan bombas molotov encendidas y disparan cohetes contra los activistas indefensos. También se puede ver a escuadrones de matones de Pravy Sektor (Sector de Derecha) haciendo el saludo nazi mientras cantan “Ucrania para los ucranianos” y gritan “¡Gloria a la nación! ¡Muerte a los enemigos!” Puede verse también las “SS” inscritas en sus escudos mientras blanden mazas con bolas metálicas con púas potencialmente mortíferas ante las mujeres y adoptan poses marciales con sus revólveres.

Elementos de los cuerpos de choque de Pravy Sektor en Maidán, 20 de febrero. Nótese el casco pintado con los colores rojo y negro del UPA (Ejército Insurgente Ucraniano) de Stepan Bandera, que combatió junto con las SS nazis en contra del Ejército Rojo soviético.  (Foto: Reuters)

Se los puede oír explicar: “Los temas nacionalsocialistas son populares entre algunos de nosotros. Una nación limpia. No como bajo Hitler, sino a nuestra propia manera, pero sí un poco como aquello”. Al preguntárseles acerca de los rusoparlantes en la parte oriental de Ucrania y Crimea, responden: “Quienes gustan de Rusia, deberían mudarse a Rusia. Ucrania debe ser únicamente para los ucranianos”. Un portavoz del grupo juvenil antisemita vinculado a Svoboda, C14, dijo a la BBC que “Muchos grupos étnicos controlan estructuras de negocios, algunas económicas, algunas políticas”. ¿Qué grupos étnicos? “Rusos, judíos y polacos”. También participó activamente en las movilizaciones de Maidán el grupo de combatientes callejeros neonazis Patriota de Ucrania; el racista Martillo Blanco; Trizub (Tridente, nombrado así por la figura del escudo de armas ucraniano) que promueve el entrenamiento militar de la juventud; el Congreso de Nacionalistas Ucranianos y la Plataforma Ucraniana Sobor. El propósito de estas bandas armadas es sembrar el terror entre cualquier tipo de oposición.

Los típicos apologistas burgueses de las movilizaciones de la plaza Maidán, a los que algunos izquierdistas imitan, admiten generalmente lo que ahora es imposible negar –la prominente participación de nacionalistas étnicos antisemitas y fascistas en las movilizaciones–, pero buscan minimizarlo, al afirmar que eso sólo representa a una minoría entre los manifestantes, etc. Un académico alemán que es profesor en Kiev, Andreas Umland, argumentó antes que “Svoboda ha sido y probablemente siga siendo una fuerza política menor en Ucrania”, al mismo tiempo que sostiene que fue “un error estratégico” el que los otros manifestantes hicieran suyas las consignas ultranacionalistas (<>Kyiv Post, 28 de diciembre de 2013). En enero, este profesor hizo circular una petición de académicos que dice que “el que los reportajes de los medios internacionales se hayan concentrado fuertemente en los radicales de extrema derecha” es algo “injustificado y desorientador”. Más recientemente (AFP, 1º de marzo), Umland ha sostenido que la influencia de Svoboda fue “inflada” y que Pravy Sektor fue “sobreestimado”.

Los senadores norteamericanos John McCain (al centro) y Chris Murphy (republicano y demócrata, respectivamente) en la tribuna de la plaza Maidán junto con Oleh Tyahnibok, dirigente del partido fascista Svoboda, 15 de diciembre de 2013. El antisemita y anticomunista Tyahnibok despotrica contra la “mafia moscovita-judía”, y ahora recibe el apoyo del imperialismo norteamericano.  (Foto: Dmitry Lovetsky/AP)

Aún si esto fuera cierto, que no lo es, debería darse por descontado que no puede haber ninguna acción en conjunto con los fascistas y racistas, que deben ser aplastados. Subestimar la amenaza de los neonazis, racistas blancos y antisemitas puede ser letal. Y de hecho, Svoboda y Pravy Sektor fueron las principales organizaciones a la cabeza de la ocupación de la plaza Maidán. Uno de los tres principales portavoces de ésta es el dirigente de Svoboda Oleh Tyahnibok, quien como miembro del parlamento dio en 2004 un discurso en el que se quejaba de que Ucrania es gobernada por una “mafia moscovita-judía”. Más tarde pidió al gobierno que “pusiera un alto a la actividad criminal de la judería organizada”. El año pasado, se prohibió a Tyahnibok la entrada a Estados Unidos debido a su virulento odio antijudío. Pero en diciembre, el senador republicano John McCain apareció en la tribuna de la plaza Maidán junto con este antisemita, en tanto que la vicesecretaria de estado, Victoria Nuland, se reunió con él.

El número 2 en la jerarquía de Svoboda es Yuri Mykhalchyshyn, quien abiertamente promueve el fascismo. Mykhalchyshyn fundó la organización en 1991 con el nombre de Partido Social-Nacionalista para imitar el nombre de los nacionalsocialistas hitlerianos. Dice que el Holocausto fue “un brillante episodio de la civilización europea”; fue también el fundador de un centro de estudios cuyo nombre original era “Centro de Investigación Política Joseph Goebbels”. Además, publicó un libro que compila folletos de fascistas italianos, alemanes y ucranianos, se viste al estilo skinhead neonazi y comanda desfiles con antorchas en los que se despliegan banderas con símbolos de las SS. Si Tyahnibok es fundamentalmente un antisemita, Mykhalchyshyn es particularmente antirruso y se refiere a los ucranianos que viven al oriente del río Dniéper como “perros asiáticos”. En octubre del año pasado, presentó una iniciativa de ley ante la Rada para exigir que los empleados públicos hablen y escriban ucraniano, o que de lo contrario sean despedidos.1

No se trata pues, de fuerzas menores en la política ucraniana: Svoboda y otros derechistas étnico-nacionalistas lograron que sus temas y cánticos fueran retomados en las protestas de la plaza Maidán. Además, tras haber jugado un papel fundamental en el golpe, muchos de estos ultraderechistas ocupan puestos prominentes en el gobierno golpista. Svoboda tiene un viceprimer ministro, el ministro de economía Olekxandr Sych, quien previamente había introducido una iniciativa de ley para proscribir completamente el aborto, incluso en casos de violación; el ministro de ecología Andriy Makhnyk; el ministro de agricultura Ihor Shvaiko; y el importante puesto de fiscal general, que detenta Oleh Makhnitsky. El ministro de educación Serhiy Kvit es un “ex” miembro de Svoboda, como también lo es Andriy Parubiy, quien ocupa el puesto clave de jefe de la seguridad nacional y del consejo de defensa, que controla al ejército. Por su parte, su segundo al mando es Dmytro Yarosh, el principal dirigente de Pravy Sektor.

El régimen golpista, que se hizo del poder mediante la acción armada de las turbas, es una coalición de fascistas y ultranacionalistas que representan a quienes se manifestaban en la plaza Maidán, por un lado, y de libremercadistas que representan a los oligarcas y a sus patrocinadores internacionales, entre los cuales el más prominente es el “primer ministro” Arseniy Yatsenyuk, portavoz del partido Batkivshchyna (Patria) y el segundo principal líder de Euromaidán. Yatsenyuk, un banquero que funge como sustituto temporal de la jefa de Batkivshchyna, Yulia Tymoshenko, ex primera ministra y oligarca que fue encarcelada por Yanukovich por corrupta, era el favorito del gobierno de EE.UU. (Yatsenyuk tiene una villa que queda a tiro de piedra de la lujosa finca del destituido presidente Yanukovich.) El tercer dirigente de Euromaidán, el campeón mundial de boxeo Vitali Kitschko del Partido Ucraniano de la Reforma Democrática (PURD), se ha quedado fuera, tras haber sido vetado por la diplomática norteamericana Victoria Nuland en su tristemente célebre llamada telefónica filtrada.

Este gabinete se prepara para imponer “reformas” económicas draconianas dictadas por el Fondo Monetario Internacional, a cambio de unos cuantos miles de millones de euros y dólares que no bastan ni para comenzar a resarcir la devastación. De acuerdo con un borrador obtenido por la edición ucraniana del diario financiero ruso Kommersant, ya están en marcha planes para cortar las pensiones por la mitad. Sin duda, a esto seguirán las exigencias de más privatizaciones y (especialmente con el fin de los descuentos rusos) el fin de los subsidios al gas natural, que han impedido que los ucranianos se mueran de frío durante los glaciales inviernos. Los recortes salariales no tardarán en darse, aunque éstos pueden realizarse en buena medida por medio de una drástica devaluación de la moneda ucraniana, la hrivnia, en un 50 por ciento o más (ya ha perdido un 25 por ciento de su valor desde diciembre), que elevará por las nubes los precios de la canasta básica.

Entretanto, el régimen golpista ha nombrado a prominentes “oligarcas” como gobernadores no electos de las provincias orientales de Ucrania. Sergei Taruta fue nombrado como gobernador de Donetsk, e Ihor Kolomoysky como el de Dniepropetrovsk. Taruta es dueño de ISD, un conglomerado que posee acerías en Ucrania así como las mayores siderúrgicas de Polonia (Huta Czestachowa) y Hungría. Kolomoysky es el tercer hombre más rico de Ucrania de acuerdo con la revista Forbes, como jefe del grupo Privat, conglomerado que controla bancos, aerolíneas, acerías, plantas petroleras y químicas, y más. Los nuevos potentados en Kiev parecen tener la esperanza de que, ya que el Partido de las Regiones ha salido de escena, los rusófonos en la parte oriental de Ucrania depositen su confianza en estos magnates ladrones que pretenden dar empleos (después de haber saqueado los restos de la economía colectivizada soviética).

Ésta es, pues, la “democracia” que promueve el imperialismo norteamericano y europeo: la dictadura desnuda del capital monopolista.

Sin embargo, según un escrito del Departamento de Estado de Estados Unidos, “no ha habido incidentes relacionados con el ataque en contra de iglesias”. ¿No cuenta entonces el ataque con bombas incendiarias contra una sinagoga? Supuestamente, tampoco se ha “castigado a los oponentes políticos”. ¿Qué hay entonces del ataque contra el diputado del Partido de las Regiones Vitaly Grushevsky afuera de la Rada? ¿Qué de la proscripción del Partido Comunista y del Partido de las Regiones en los distritos de Ivano-Frankovsk, Ternopil y Poltava? ¿O del ataque contra la sede del KPU en Zaporozhie, o de la quema de las oficinas del KPU en Kiev, Dniepropetrovsk y Kryvy Rih? ¿O del ataque contra el secretario del Partido Comunista en Lviv, Rotislav Vasilko, quien fue golpeado en la cara con una cruz y torturado en el parque Mariinsky, donde le clavaron agujas bajo las uñas, lo golpearon con garrotes, le perforaron un pulmón, le rompieron la nariz y tres costillas, le fracturaron el cráneo y lo amenazaron con matarlo, lo mismo que a su esposa e hijos?

“La calma ha vuelto a Kiev”, declara el Departamento de Estado. Esto trae a la mente el famoso artículo de enero de 1919 de Rosa Luxemburgo, “El Orden reina en Berlín”, en el que se burla de lo dicho por el gobierno socialdemócrata y los medios burgueses después de que aquél aplastara a la oposición izquierdista. Horas después, ella y Karl Liebknecht fueron arrestados y asesinados, por orden del gobierno, por los matones fascistas de los Freikorps.

Los imperialistas atizan el hervidero ucraniano


Miembros del partido fascista Svoboda vestidos con símbolos nazis, marchan con retrato de Setepan Bandera durante una movilización realizada en octubre de 2013.   (Foto: Reuters)

El presidente ucraniano Yanukovich se rehusó a firmar el pacto con la Unión Europea debido en parte, sin duda, a las presiones que recibió de Moscú, pero también porque el acuerdo incluía la implementación de brutales medidas de austeridad dictadas por el FMI que pensó que provocarían un descontento masivo que terminaría con su caída. En cambio, enfrentó una revuelta de los que le acusaban de haber estropeado sus sueños de unirse a Europa. Este movimiento provino fundamentalmente de la parte occidental de Ucrania, donde el nacionalismo antirruso siempre ha tenido fuerza. Una vez que los fascistas y los étnico-nacionalistas se hicieron de la dirección de las protestas, se obtuvo una mezcla explosiva. A eso se añadió el detonador que representaba un gobernante profundamente corrupto ansioso de proteger su botín, que reprimía periódicamente las protestas, para luego emprender la retirada por temor a una guerra civil. Y entonces todo explotó.

¿Pero qué es lo que explica todo el clamor a favor de un pacto con la UE que implicaría una caída drástica en los niveles de vida? Además del nacionalismo ucraniano, está el revés sufrido por la llamada “Revolución Naranja” de diciembre de 2004, que ya había destituido por primera vez a Yanukovich de la presidencia en medio de acusaciones de fraude electoral. Ésta fue parte de una serie de “revoluciones de colores” (como la “Revolución Rosa” en Georgia en 2003) patrocinadas por EE.UU. a través de varias “organizaciones no gubernamentales” (ONGs). (Véase nuestro artículo “U.S.-Sponsored Coup d’État in Ukraine” [Golpe de estado patrocinado por EE.UU. en Ucrania] en The Internationalist No. 20, enero-febrero de 2005.) Pero los gobernantes “anaranjados” Viktor Yuschenko y su sucesora, la escandalosamente rica Yulia Tymoshenko, probaron ser tan corruptos como Yanukovich, quien fue elegido en 2010, fundamentalmente con los votos de las regiones oriental y sureña de Ucrania.

Los mismos imperialistas que estuvieron detrás de la “revolución” de 2004 están activos hoy, y la principal fuerza motora es la de los demócratas norteamericanos “centristas”. Los “neoconservadores” de George W. Bush hablaban de extender la “democracia” bajo tutela militar mediante el derrocamiento de regímenes otrora aliados de EE.UU. en países islámicos (el de los talibanes en Afganistán, el de Saddam Hussein en Irak), asegurando al mismo tiempo el control norteamericano sobre el petróleo de Medio Oriente. Los demócratas, en cambio, se han enfocado en asegurar el dominio mundial de Estados Unidos fundamentalmente al impedir que la Rusia post soviética se convierta en una “superpotencia”. Ésta fue la estrategia que Zbigniew Brzezinski, asesor en cuestiones de seguridad nacional del presidente demócrata Jimmy Carter, perfiló en sus libros The Grand Chessboard: American Primacy and Its Geostrategic Imperatives (1997) y The Choice: Global Domination or Global Leadership (2004).2

El control de Ucrania es clave para esta operación. En un artículo, “A Geostrategy for Eurasia” publicado en Foreign Affairs (septiembre-octubre de 1997), Brzezinski sostiene que Rusia debe ser inducida a renunciar a sus “fútiles esfuerzos para reconquistar su estatus como potencia global”, y que debe ser dividida en “una Rusia Europea, una República Siberiana y una República del Lejano Oriente”. Para conseguirlo, escribió, los EE.UU. deben asegurarse de que “los estados post soviéticos recientemente independizados tengan vida y sean estables. Y añade: “Una Ucrania soberana es un componente de importancia crucial en esta política…”. Debe recordarse que Brzezinski alardeó en una entrevista que concedió en 1998 a la revista francesa Nouvel Observateur de que él y Carter comenzaron secretamente a ayudar a los reaccionarios muyajedines islamistas en Afganistán en 1979 con el propósito de “conducir a los rusos a la trampa afgana”.

Al implementar la estrategia de los demócratas en Ucrania, la campaña para lograr una alianza con la Unión europea ha sido impulsada por una conferencia anual de la Yalta European Strategy (YES), que se realiza en el sitio en que durante la Segunda Guerra Mundial se reunieron Roosevelt, Churchill y Stalin. Estas charlas son patrocinadas por el segundo oligarca más rico de Ucrania, Viktor Pinchuk, yerno del ex presidente ucraniano Leonid Kuchma, y han contado con la participación de luminarias imperialistas de primer orden, como los ex presidentes norteamericanos Bill Clinton y George Bush padre, Henry Kissinger y el ex jefe del FMI Dominique Strauss-Kahn. Pinchuk ha donado más de 13 millones de dólares a la Fundación Bill, Hillary & Chelsea Clinton, y la última reunión de la YES realizada en septiembre del año pasado contó con la participación de Hillary Clinton, quien “presentó la idea fundamental de fortalecer los lazos económicos de Ucrania con Occidente” (New York Times, 13 de febrero).

De modo que dos meses antes de que las protestas estallaran en Kiev, los Clinton estaban en Yalta para impulsar la integración de Ucrania a la Unión Europea. Desde el principio, la plaza Maidán de Kiev estaba repleta de agentes imperialistas y de ONGs. Uno de los principales personajes que ha jugado un papel clave en la “Operación Maidán” de los imperialistas norteamericanos, la vicesecretaria de estado para los asuntos europeos y eurasiáticos Victoria Nuland, dijo en una reunión en Washington realizada el 13 de diciembre que acababa de regresar de su tercera visita a Ucrania en cinco semanas. Además de su famosa llamada telefónica, ella habló desde la tribuna a los manifestantes antigubernamentales y distribuyó comida en la plaza Maidán (¡!). Nuland, quien fue designada por la entonces secretaria de estado Hillary Clinton, fue antes la vicedirectora de asesores en seguridad nacional del vicepresidente Dick Cheney, y está casada con Robert Kagan, cofundador del neoconservador Project for a New American Century (Proyecto para el nuevo siglo estadounidense).3

Lo que hubo aquí es un montón de políticos norteamericanos y europeos de alto rango apoyando abiertamente a los fascistas y lanzando discursos desde la tribuna en las protestas de la principal plaza de Kiev, con el objetivo expreso de derribar al gobierno ucraniano. También hubo literalmente miles de millones de dólares suministrados por los EE.UU. para financiar ONGs antigubernamentales. Fue el colmo de la arrogancia imperialista. Si Rusia intentara hacer algo remotamente parecido, Washington no tardaría nada en tomar medidas terminantes contra la interferencia en asuntos internos. Además de esto, los medios occidentales han hervido de belicosidad contra Rusia desde hace meses debido al apoyo que ésta ha prestado a Siria en contra de los reaccionarios islamistas respaldados por EE.UU. y la OTAN. Y la cobertura mediática de los exitosos Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi prácticamente rogaba que hubiera sangre, al preguntar una y otra vez si habría algún incidente terrorista o si alguna falla en la infraestructura tendría como saldo atletas muertos.

La “Operación Maidán II” es, literalmente, un complot imperialista promovido por los gobernantes norteamericanos, y en particular por los demócratas Clinton y Obama. Muchos manifestantes eran sin duda sinceros cuando profesaban ideales democráticos e ilusiones en “Europa”. Pero no se trataba sino de extras no remunerados en esta orquestada reedición del Maidán I de 2004, cuando súbitamente aparecieron toneladas de accesorios políticos publicitarios, todos en la misma tonalidad anaranjada, justo como en el “movimiento verde” de Irán en 2009 con sus telas de color verde primavera, bien distinto del verde profundo del gobierno islamista. La dirección es clave. Los principales organizadores de las protestas de Kiev o bien estaban en la nómina imperialista, o bien eran paramilitares fascistas o étnico-nacionalistas pagados y entrenados por quién sabe quién. Y todo para montar un golpe de estado para derribar el gobierno de Yanukovich que, aunque completamente corrupto, oligárquico e intermitentemente brutal, había sido, después de todo, elegido por el voto de la mayoría.

Los imperialistas y sus perros falderos en los medios intentaron, naturalmente, disfrazar lo que estaba ocurriendo. Su tarea es esparcir mentiras. Pero todo izquierdista que sostenga que Maidán II fue un levantamiento a favor de la democracia y contra la autocracia o es tonto, o charlatán.

Esto no significa que los conspiradores estuvieran necesariamente de acuerdo en todo, todo el tiempo. En ciertos momentos, la estrategia de los negociadores imperialistas consistía en presionar para dejar a Yanukovich en su puesto como un mero testaferro, mientras se remplazaba a su gabinete con sus propios lacayos. Los presidentes de Ucrania y Rusia estaban incluso dispuestos a seguir por este camino, aunque evidentemente Putin tenía sus reparos. Pero la disposición de los fascistas para comenzar una guerra civil inclinó la balanza. Ahora los comentaristas burgueses del establishment opinan que el detentar el poder puede “moderar” a estos asesinos. Lo mismo se decía cuando Hitler consiguió el puesto de primer ministro en 1933: “Después de todo, Hindenburg es todavía presidente…”. El golpe de estado nacional/fascista debió haber sido aplastado desde el principio mediante la movilización proletaria. Los gobernantes rusos y ucranianos no lo hicieron porque a pesar de sus diferencias, todos representan al capitalismo.

¡Forjar un partido trotskista! Obreros ucranianos y rusos:
¡únanse en la lucha por la revolución socialista internacional!

El hecho de que el actual levantamiento haya exacerbado la hostilidad entre los ucranianos étnicos y los rusófonos no era, de ninguna manera, inevitable. El origen del descontento radica en las terribles condiciones económicas de Ucrania, intensificadas por la crisis económica mundial del capitalismo, y en la ilimitada corrupción de los gobernantes locales. Nunca el dominio de los “oligarcas” ha sido tan descarado como en Ucrania, donde un grupo tras otro de magnates ladrones ha usado el aparato estatal burgués para atracarse con los remanentes de la economía colectivizada mientras los trabajadores son dejados en la miseria. Para 1999, la economía ucraniana había caído un 50 por ciento con respecto a sus niveles soviéticos. Hoy en día, el ingreso promedio es de menos de la mitad que en Rusia, siendo mucho menor en las regiones occidentales donde se habla ucraniano, que en las regiones oriental y sureña donde se habla ruso.

Mientras que los nacionalistas ucranianos glorifican al colaborador nazi Stepan Bandera, nosotros vitoreamos a los partisanos soviéticos que se unieron al Ejército Rojo para derrotar a la escoria nazi. En la imagen, jóvenes partisanas del destacamento Sydir Kovpak que combatió al UPA de Bandera y atacó a las fuerzas de la Wehrmacht en la parte occidental de Ucrania, ocasionándoles fuertes bajas.

Esto pudo haber sido la base para una lucha obrera en común contra los oligarcas y sus políticos. Tal lucha habría debilitado los llamados populistas y nacionalistas de los fascistas como los de Svoboda y Pravy Sektor. En cambio, el llamado Partido Comunista apoyó a Yanukovich hasta el final. Hoy, el dirigente del KPU, Pyotr Simonenko habla desvergonzadamente acerca del “profundo descontento social y del rechazo en contra del gobierno de Yanukovich y su entorno”, de la “impúdica corrupción del clan Yanukovich, apodado la ‘Familia’”, y señala que el actual no es un conflicto de clase, sino una “fiera batalla entre dos facciones de la misma clase de explotadores, la burguesía oligárquica” (Mensaje a los cuadros del KPU, 23 de febrero). Sin embargo, los legisladores del KPU apoyaron a Yanukovich en la Rada, ¡inclusive votando a favor de la antidemocrática ley del 16 de enero que prohibía las manifestaciones!

El Partido “Comunista” de Ucrania tiene una base obrera, con la que obtuvo el 13 por ciento de los votos en 2012, particularmente en las áreas industriales de la parte oriental de Ucrania. Políticamente, sin embargo, ha defendido los intereses de la otrora nomenklatura estalinista al actuar de manera concertada con nacionalistas rusos, entre los cuales hay elementos fascistoides. Una “milicia popular” establecida en Luhansk incluía entre sus miembros a la reaccionaria Guardia Eslava, que critica los “valores intrusos” de la UE. También, el 24 de enero en Odesa, el KPU se unió a los Cosacos Rusos y a la organización “Unidad Eslava” para defender un edificio del gobierno regional. El KPU defendió a Yanukovich y actuó como un partido nacionalista ruso, ayudando así a fortalecer a los ultranacionalistas ucranianos en las protestas antigubernamentales. Los genuinos comunistas ¡no pueden realizar acciones en común con fascistas, ya sean éstos ucranianos o rusos!

¿Qué hay de las tendencias que se encuentran a la izquierda del KPU? Los titubeantes esfuerzos para intentar conformar un “sector de izquierda” en las protestas de la plaza Maidán, que han sido alabados por diversos grupos izquierdistas occidentales, fueron un completo fracaso. Un “Manifiesto: 10 tesis sobre la Oposición Izquierdista en Ucrania” (sitio web de LeftEast, 14 de enero) de la Unión Socialista “Oposición de Izquierda” presenta un programa mínimo de reformas de poca monta que son una fantasía reformista, dado en particular el predominio derechista. Las “10 tesis” llaman a establecer un impuesto al lujo y un impuesto progresivo a los ingresos personales (“siguiendo el ejemplo de Dinamarca”), a establecer el “derecho de los trabajadores a recibir préstamos a costa del patrón” (“siguiendo el ejemplo de Portugal”), a nacionalizar industrias básicas, a “prohibir trasferencias de capital al extranjero”, a “separar la industria y el gobierno”, a emprender la “transición de una república presidencialista a una parlamentaria”, etc.

Ninguno de los elementos de esta lista de deseos alteraría en lo más mínimo la naturaleza capitalista del régimen, pero Ucrania no es Dinamarca. De vuelta al mundo real, donde las fuerzas ultraderechistas están en ascenso como resultado de las protestas de la plaza Maidán, Ucrania tiene un gobierno de fascistas y oligarcas. En lugar de la “disolución de las fuerzas especiales”, la policía está a punto de convertirse en una Gestapo, en tanto que las “guardias de autodefensa” de Maidán, dirigidas por los nazis, van a transformarse en una Guardia Nacional paramilitar. Ahora, una declaración de la “Oposición de Izquierda” del 7 de marzo critica la “agresión rusa en Crimea”, a la que califica de “abiertamente imperialista” –a pesar del fuerte apoyo de la población rusófona local (etiquetada como un montón de “oficiales bandidos que se han convertido en separatistas”)– y de estar “dirigida en contra de la república revolucionaria” (¡sic!). En el fondo, la “Oposición de Izquierda” es una organización de vulgares nacionalistas ucranianos.

Aún más desvergonzados son varios artículos del socialista ruso Ilya Budraitskis, un veterano estafador4 y alguna vez dirigente en Moscú del Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT), que se especializa en traficar sus mercancías ante audiencias de izquierdistas y académicos occidentales. En diciembre pasado, Budraitskis escribió un artículo en el que califica a las movilizaciones de la plaza Maidán como una “revolución”, aun cuando si ésta resultara victoriosa, conduciría a la formación de “un gobierno de coalición de derechistas y ultraderechistas”. En el artículo aconsejaba a los izquierdistas ucranianos a apoyar un “patriotismo progresista” (¡!). En una pieza subsiguiente, “¿Es posible un ‘Sector de Izquierda’?” Budraitskis critica a los izquierdistas locales por ser demasiado esquemáticos al vacilar en su apoyo a las protestas dirigidas por los derechistas. Su alabanza de la “democracia directa” de la plaza Maidán es grotesca: como cabría esperar en un movimiento dominado por fascistas, no había ningún proceso democrático de toma de decisiones.

Uno de los recuentos más lúcidos y esclarecedores de la situación en Ucrania proviene de una amplia entrevista con un partidario de la organización sindicalista revolucionaria Unión Autónoma de Trabajadores (UAT) de Kiev sobre “Las contradicciones del levantamiento del Euromaidán” (20 de febrero). Denis, militante de la UAT, señala que “‘Europa’ nunca fue realmente el objetivo de los manifestantes. Los sentimientos anti-gobierno y anti-Rusia fueron mucho más fuertes”, en tanto que los grupos de extrema derecha “ahora muestran de manera abierta que no les importa la UE”. Para cualquiera que actúe bajo la ilusión de que Maidán no estaba controlada por los derechistas, Denis informa lo siguiente:

“Otra parte de la izquierda ha intentado de manera reiterada apoyar el movimiento, incluso después de haber sido expulsada varias veces. Algunos de los izquierdistas ‘euro-entusiastas’ llegaron a Maidán en noviembre con banderas rojas, en lugar de azules [de la EU], con pancartas a favor de la seguridad social y la educación, así como con consignas feministas. Fueron brutalmente atacados por nazis. Entonces hubo un episodio en el que la extrema derecha atacó la tienda de la Confederación de Sindicados Libres de Ucrania cerca de Maidán… Una banda de nazis les rompió las costillas a los activistas sindicales que ahí estaban, les rasgó su tienda con cuchillos y robó sus pertenencias. Las víctimas no habían estado haciendo nada ‘izquierdista’ per se, pero eran miembros de un movimiento de izquierda conocido por sus adversarios políticos y eso fue suficiente.”

Hubo incluso un grupo de supuestos anarquistas con reaccionarias posiciones misóginas y homófobas que intentó unirse a los nazis para lanzar bombas incendiarias contra la policía:

“Hace una semana, éstos, junto a algunos izquierdistas que querían ‘hacer algo’, decidieron formar una ‘sotnia anarquista’ [una centuria o grupo de choque] para la autodefensa de la plaza Maidán. Para hacerlo, estaban listos para prestar juramento ante Andriy Parubiy [el comandante nacional-fascista de las tropas de choque]. Pero cuando se formaron para hacerlo, fueron alcanzados por unos 150 luchadores de Svoboda armados con bates y hachas. Los fascistas les acusaron de ser racialmente impuros y políticamente irrelevantes y les forzaron a salir de Maidán.”

Tras relatar estos incidentes, Denis de la UAT concluye: “La estrategia más razonable para la izquierda… es intentar construir un segundo frente contra el gobierno y contra la extrema derecha. Esto debería hacerse desde fuera de Maidán, no desde dentro.” Una declaración posterior al derrocamiento de Yanukovich (“Cincuenta sombras de pardo”, 24 de febrero) señala que “Nuevos dictadores se aprestan a tomar el lugar del Partido de las Regiones”; que “para mantenerse en el poder, el equipo de Yulia Tymoshenko tendrá que apaciguar a los ultraderechistas”, lo que ya se ha logrado. Con la oficina del fiscal general en manos de Svoboda y la policía bajo control del Sector de Derecha, que ya desde antes tenían conexiones con las fuerzas de seguridad, el portavoz de la UAT anticipa que “la violencia contra la izquierda o los ataques racistas” sean tolerados (o promovidos) por el nuevo régimen.

Así pues, a diferencia de muchos entusiastas del Maidán, la UAT no está ciega ante los peligros que enfrentan. También se han resistido al fervor “patriótico” contra la intervención rusa en Crimea, donde llaman por el respeto a la minoría tártara. Sin embargo, han firmado declaraciones conjuntas con grupos pro-Maidán, además de que no presentan un programa revolucionario para derribar a los nuevos gobernantes (ni siquiera dicen que la toma del poder fue realizada por medio de un golpe) ni llaman a la clase obrera a luchar en contra de todos los otros oligarcas. Además, como típica organización sindicalista “revolucionaria”, la UAT no está a favor de la construcción del indispensable instrumento político para dirigir la lucha, esto es, un partido obrero revolucionario basado en el programa de Lenin y Trotsky de la revolución socialista internacional. Como resultado de ello, esta organización sólo puede ser, en el mejor de los casos, reactiva, impedida por las limitaciones de su propio programa para ofrecer la dirección que las masas de trabajadores desesperadamente necesitan.

En contraste con los grupos socialdemócratas y anarquistas que intentaron sin éxito unirse a las protestas de la plaza Maidán dominadas por los derechistas, la organización izquierdista Unión Borotba (Lucha) ha denunciado al régimen golpista, habiendo declarado ya desde antes (pronunciamiento del 27 de enero) que las movilizaciones eran dirigidas por oligarcas, fascistas y ultranacionalistas, y ONGs financiadas por los imperialistas occidentales, en tanto que los ciudadanos enfurecidos estaban siendo usados como peones; que la victoria de Maidán implicaría un giro reaccionario a la derecha y hacia un régimen aún más autoritario; que no obstante, los izquierdistas no podrán apoyar al gobierno oligárquico de Yanukovich. Desde el golpe, Borotba ha organizado un Centro de Resistencia Antifascista, que apoya la autodeterminación de Crimea, así como de las regiones orientales y sudorientales del país en donde se celebrarán referendos autonómicos, al mismo tiempo que se opone a la “guerra fratricida”.

Borotba despliega una manta en honor de los comandantes del Ejército Rojo en una manifestación en Donetsk, 23 de febrero. (Foto: Borotba)

Borotba se define a sí misma como una organización marxista revolucionaria, anticapitalista y antifascista, que está a favor del internacionalismo, la igualdad de género, una “alternativa socialista” y el “derribo revolucionario del sistema capitalista”. La organización fue establecida en 2011 como resultado de una fusión entre la juventud del KPU, jóvenes sindicalistas, el grupo juvenil Che Guevara, y otros. Su programa está dividido en reivindicaciones mínimas y máximas, como es característico de los estalinistas (y de los socialdemócratas de antes de la Primera Guerra Mundial). Políticamente, es ecléctico, como resulta manifiesto en una manta en la que aparecen los “legendarios comandantes rojos” de Ucrania y que fue desplegada en una manifestación en Donetsk el 23 de febrero, día del Ejército Soviético: en ella aparecen León Trotsky, fundador del Ejército Rojo, y Kliment Voroshilov, quien como esbirro de Stalin jugó un papel clave en las sangrientas purgas “anti trotskistas”, entre otras cosas al haber firmado al menos 185 listas de ejecución y denunciado a compañeros oficiales del Ejército Rojo (¡!).

Éstas no son cuestiones meramente históricas, sino que intersecan directamente problemas fundamentales de la actual crisis histórica en Ucrania. Aunque Borotba ha participado en importantes acciones tales como la defensa de la estatua de Lenin en Kharkiv y la confrontación con chovinistas rusos, su programa político en esta situación que linda con una guerra civil es puramente reformista. Su Comunicado No. 3 (26 de febrero), titulado “Ucrania al borde de la dictadura fascista”, llama a garantizar derechos iguales para todos; a detener la comercialización de los servicios de salud y la educación; a instituir el control de precios en los servicios públicos, la canasta básica y el transporte público; a asegurar la plena implementación de las leyes laborales; a nacionalizar las empresas más grandes y a establecer el control obrero en las empresas públicas; a eliminar fraudes fiscales, etc. Todo muy bonito, pero completamente insuficiente para detener al régimen fascista-oligárquico de Kiev.

Este programa corresponde con el “programa mínimo” socialdemócrata y con la concepción “etapista” de los estalinistas, en la cual la etapa “antifascista” (o antiimperialista, antifeudal, etc.) basada en la democracia burguesa debe preceder a la lucha por la revolución socialista. Sin embargo, el fascismo se convierte en un fenómeno de masas precisamente cuando los sectores clave de la burguesía llegan a la conclusión de que los mecanismos democráticos ya nos son adecuados para preservar su dominio de clase ante una catástrofe económica o ante la amenaza de una revolución, de modo que desatan a las masas enfurecidas de la pequeña burguesía para completar su sucio trabajo. Ni en Austria y Alemania ni durante la Guerra Civil Española en los años 1930 fue posible detener a los fascistas con medios democrático-burgueses. Para aplastar la amenaza fascista era necesario movilizar a la clase obrera en lucha por la revolución socialista.

Podría decirse que los trabajadores ucranianos no están preparados para realizar una revolución socialista. Ciertamente no: su conciencia ha sido destruida por décadas de colaboración de clases y perversión del marxismo perpetrados por los estalinistas. Es precisamente en situaciones como ésta que el Programa de Transición trotskista es clave para hacer las veces de “puente” entre la conciencia actual de la clase obrera y la conquista del poder por parte del proletariado. Frente a los escuadrones de matones fascistas que han sido despachados de Maidán a Odessa, y que han aparecido en la región oriental de Ucrania, es necesario formar milicias obreras antifascistas arraigadas en las fábricas, las minas y los sindicatos. Las milicias que han aparecido en lugares como Luhansk y otras partes no tienen un carácter de clase, lo que es vital para movilizar el poder proletario y para asegurar la defensa internacionalista de todos los grupos étnicos, religiosos y nacionales.

El comandante en jefe del Ejército Rojo, León Trotsky, habla con un joven soldado durante la Guerra Civil.
(Foto: Museo Casa de León Trotsky)

Para recuperar las mal habidas ganancias de los magnates ladrones y enfrentar las designaciones de bien conocidos oligarcas como gobernadores regionales, los llamados por nacionalizaciones son completamente inadecuados: de implementarse, sólo se pondría el control de la industria en manos de quien quiera que esté al mando del estado capitalista. En cambio, debe instarse a los trabajadores a tomar las plantas de todos los oligarcas y capitalistas y a establecer el control obrero. Esto daría fuerza a comités obrero/campesino/vecinales para controlar los precios y asegurar el suministro de alimentos y de otros productos necesarios, y facilitaría la formación de consejos de soldados para ganar a sectores clave de las maltrechas filas del ejército y aseguraría el armamento de las milicias. También apuntaría hacia la formación de consejos obreros (soviets) que podrían ser la base de un gobierno obrero que expropie a los oligarcas y derribe el dominio capitalista desde sus cimientos.

Lo que se necesita es organizar una lucha de clase contra los depredadores capitalistas ucranianos y sus socios mayores imperialistas –las fuerzas que han condenado a la población a la penuria mientras se regodean en el lujo, y que ahora van a imponer los dictados de los burócratas de Bruselas, los banqueros de Nueva York y del Fondo Monetario Internacional. Esto permitiría superar las hostilidades que hay entre las regiones oriental y occidental, entre ucranianoparlantes y rusoparlantes, que han mantenido divididas a las masas. Lograr siquiera algunas reivindicaciones transicionales prepararía el escenario para una prolongada lucha por el poder, e incluso si no tuviera éxito en el corto plazo, una lucha internacionalista por tales objetivos señalaría el camino hacia adelante.

Los trabajadores de Ucrania tienen poder. Las fábricas de aviones y tanques de Kharkiv, las acerías y minas del carbón de Donetsk, la fábrica de trenes de Luhansk, las ensambladoras automotrices de Zaporizhia y Kemenchuk, la planta productora de autobuses de Lviv y la industria pesada de Dniepropetrovsk son bastiones del poder proletario. Si sus trabajadores se unen en una lucha de clases, podrían rápidamente deshacerse de los patrones que acumulan miles de millones al explotar su trabajo, que juran devoción a Ucrania mientras resguardan sus riquezas en bancos chipriotas y se hacen de propiedades en Londres. La cuestión clave es la de la dirección, que exige la formación de un partido obrero revolucionario basado en el programa internacionalista de Lenin y Trotsky que entre 1917 y 1921 permitió a los bolcheviques derrotar a enemigos mucho más poderosos que unas cuantas bandas fascistas y unos flácidos “oligarcas” que abandonarían el país tan rápidamente como Yanukovich si sus esclavos asalariados emprenden la revuelta.

Pero esa lucha debe comenzar ahora, antes de que sea demasiado tarde. Ucrania no es todavía una dictadura fascista, aunque el tener en sus manos el poder estatal fortalecerá grandemente a los neonazis y a los ultranacionalistas. Para derrotar los cantos de sirena del nacionalismo ucraniano, es necesario defender asiduamente los derechos democráticos, nacionales y lingüísticos de todos los sectores de la población. Asimismo, una lucha proletaria y revolucionaria contra el fascismo exige de la colaboración con los trabajadores de Rusia y de Europa Oriental y Occidental. Una República Soviética Ucraniana, como la concebida por Trotsky, sólo podrá ser construida bajo el lema de “proletarios de todos los países, ¡uníos!”. ■


  1. 1. Para esto y más detalles sobre la adulación que hace Svoboda del fascismo, véase el texto de Per Anders Rudling “The Return of the Ukrainian Far Right” en la compilación de Ruth Vodak y John Richardson, Analyzing Fascist Discourse (2013).
  2. 2. En nuestro artículo “U.S. Sponsored Coup d’État in Ukraine” citamos The Grand Chessboard, donde Brzezinski lo deja claro:
    1. “Ucrania, Azerbaiyán, Corea del Sur, Turquía e Irán juegan un papel de pivotes geopolíticos de importancia crítica…
      “Ucrania, un espacio nuevo e importante en el tablero eurasiático, es un pivote político debido a que su mera existencia como país independiente contribuye a la transformación de Rusia. Sin Ucrania, Rusia deja de ser un imperio eurasiático…
      “Sin embargo, si Moscú recupera el control sobre Ucrania, con sus 52 millones de habitantes, grandes recursos y acceso al Mar Negro, Rusia automáticamente recupera los recursos para convertirse en un poderoso estado imperial, al extenderse en Europa y Asia…
      “Ni el Occidente ni Rusia pueden permitirse perder a Ucrania ante su adversario geoestratégico y geoeconómico”.
  3. 3. La conexión Clinton es aún más profunda. Uno de los confidentes del oligarca Pinchuk en los pasillos del poder en Washington es Melanne Verveer, una norteamericana de origen ucraniano que fue la jefa de gabinete de Hillary Clinton cuando su esposo ocupaba la presidencia, y que más recientemente ha fungido como embajadora plenipotenciaria para asuntos de la mujer. Chelsea, la hija de los Clinton, está casada con un estadounidense también de origen ucraniano, y como ha señalado el Wall Street Journal, no fue ningún republicano derechista quien comparó a Putin con Hitler, sino la prominente dirigente demócrata Hillary. Los Clinton están metidos hasta el cuello en Ucrania.
  4. 4. Véase nuestro artículo “A Band of Political Impostors and Swindlers in Ukraine”, The Internationalist No. 17, octubre-noviembre de 2003.