noviembre de 2025
Asesinato, S.A. de EE.UU.: ¡Manos fuera de Maduro!
¡Defender a Venezuela contra
el imperialismo yanqui!
¡Forjar un partido comunista leninista-trotskista!

Tanques de las fuerzas armadas venezolanas durante un ejercicio mlitar en Caracas, el 20 de septiembre de 2025. (Foto: Ivan McGregor / Anadolu)
26 de NOVIEMBRE – Durante un cuarto de siglo, el imperialismo norteamericano ha librado una campaña política, militar y de presión económica cada vez más brutal contra la República Bolivariana de Venezuela, tanto bajo el presidente Hugo Chávez como bajo su sucesor, Nicolás Maduro. Debido en parte a su retórica nacionalista y a las medidas que atentaban contra la dominación yanqui, pero también porque Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, los gobernantes de Washington han intentado repetidamente imponer un “cambio de régimen” en Caracas. En 2002, esbirros locales al servicio del coloso del norte orquestaron un golpe de estado que fracasó en menos de 48 horas. Desde entonces, se han puesto en marcha todo tipo de chantajes diplomáticos, sanciones comerciales y el costoso cultivo de una “oposición democrática” en la nómina de la CIA, sin que esto haya logrado derrocar al régimen que reivindica el legado del independentista Simón Bolívar.
Después de años de sanciones económicas que empobrecieron a la otrora rica república petrolera, se está pasando del asedio asfixiante a una inminente intervención militar directa de EE.UU. La flota estadounidense en el Caribe es la mayor desde la Crisis de Octubre de 1962 en torno a los misiles soviéticos en Cuba. Esta armada consta de al menos 13 buques de guerra, cinco buques de apoyo y un submarino nuclear, incluyendo tres destructores lanzamisiles y el USS Gerald Ford, el portaaviones más grande y avanzado del mundo. Además de los 75 aviones de combate que lleva el USS Ford, del Pentágono ha desplegado diez cazabombarderos furtivos F-35 en Puerto Rico y ha enviado de forma provocativa bombarderos B-52 y B-1 en simulacros de bombardeo frente a las costas de Venezuela. Además, unos 15 mil soldados estadounidenses están preparados en los buques de guerra y las bases terrestres de Puerto Rico.
Esto no es solo un retorno a la táctica intimidatoria de la “diplomacia de las cañoneras” de principios del siglo XX. En primer lugar, se vería como un signo de debilidad por parte del autoritario presidente estadounidense Donald Trump, que cultiva una imagen de hombre fuerte. Y, en segundo lugar, no lograría deshacerse del enemigo que le ha molestado desde su primer mandato. Habiendo acumulado todo ese poderío militar, tendrá que utilizarlo. Pero ¿cómo? Si bien las fuerzas no alcanzan para una invasión a gran escala, circulan otros escenarios, entre ellos un intento de apoderarse de las zonas petrolíferas (difícil) o bombardear algunas bases militares, declararlas guaridas de narcotraficantes y luego proclamar victoria, como se hizo con los centros nucleares en Irán. Pero también se habla de una operación quirúrgica para “capturar o matar” a Maduro (New York Times, 19 de noviembre). El sanguinario imperialismo yanqui es capaz de todo.
La arremetida contra Maduro no se limita al republicano Trump. El presidente demócrata Joe Biden intentó desangrar la economía venezolana con su política migratoria de Guerra Fría, que hizo que un millón de venezolanos ingresaran al país durante su cuatrienio en la Casa Blanca (además de 500,000 cubanos, más de 200,000 nicaragüenses y 271,000 ucranianos). Es más, casi 8 millones de venezolanos han emigrado, en gran parte debido a la crisis económica provocada por las sanciones financieras y el embargo petrolero de Estados Unidos desde 2017. (El 90 por ciento de las ventas de petróleo venezolano se destinan actualmente a China.) A pocos días de terminar su mandato, Biden anunció que la recompensa por la captura de Nicolás Maduro subía de 15 a 25 millones de dólares. Y en agosto, ya con el gusano Marco Rubio al frente del Departamento de Estado, se duplicó el precio por la cabeza del presidente venezolano, a 50 millones de dólares.
Si antes el grito de batalla de la guerra económica contra la Venezuela bolivariana era la condena contra la “violación de los derechos humanos” – acusación proveniente del país que ha suministrado todos los aviones y todas las bombas para el genocidio de los palestinos en Gaza – ahora el pretexto es que se trataría de una “guerra contra el narcotráfico,” del país que es el mayor importador de estupefacientes del mundo, y cuya agencia de espionaje es famosa por traficar drogas. Bajo este lema, los militares estadounidenses han asesinado más de 80 personas en alta mar durante los últimos tres meses. Según Trump, Maduro dirige un (ficticio) “Cártel de los Soles”. Dejando al lado que no existe un cartel tal, y que solo una ínfima parte de los narcóticos que entran a EE.UU. pasan por Venezuela, la alta potencia de fuego de los buques y aviones de guerra de la llamada “Operación Lanza del Sur” no es la adecuada para sólo hundir unas cuantas lanchas que transportan drogas.
En todo caso, “la guerra contra las drogas” es en realidad una guerra contra los guetos negros y barrios latinos en EE.UU. y contra los países semicoloniales de lo que el secretario de guerra yanqui Pete Hegseth arrogantemente llama “nuestro hemisferio” y “nuestro vecindario” – o sea, el “patrio trasero” del imperio norteamericano. Esto atañe también a México, que Trump culpa de la producción de fentanilo. Recientemente, cuando unos “contratistas” norteamericanos llegaron en barco a la Playa Bagdad (¡!) cerca de Matamoros y colocaron letreros proclamando a la zona como “área restringida” y “propiedad del Departamento de Defensa” norteamericano, la presidenta Claudia Sheinbaum declaró airadamente que “No aceptamos intervención de ningún gobierno extranjero.” Sin embargo, se ha confirmado múltiples veces que México ha autorizado el sobrevuelo del territorio nacional por parte de EE.UU. en misiones de vigilancia contra el narcotráfico.

El Murder, Inc. (Asesinato, S.A.) de EE.UU. ha matado a más de 80 personas en lanchas (fotos arriba) desde el 1° de septiembre en un criminal operativo militar. ¡Echar a los piratas Imperialistas yanquis del Caribe!
(Fotos: Copernicus a travès de Sentinel Hub)
En los pasillos de la Casa Blanca y el Pentágono, algunos están equiparando el actual intento de derrocar Nicolás Maduro con la invasión que marines estadounidenses realizaron en Panamá en 1989, cuando se detuvo al presidente Manuel Antonio Noriega. El ex mandatario colombiano Andrés Pastrana, padrino de los escuadrones de la muerte, habla de una “extracción” de Nicolás Maduro. Sin embargo, el entorno de aquel atropello contra la población del Istmo, que produjo más de medio millar de muertos panameños, es bien diferente de la actual situación venezolana. Entre otras cosas, Donald Trump no tiene interés alguno en colocar Maduro ante un tribunal donde podría revelar la falsedad de las acusaciones contra su régimen de participar en el narcotráfico; la “captura” del presidente venezolano sería un asesinato a manos de sicarios criminales en uniforme de EE.UU. Sin darle ningún apoyo político, advertimos: Asesinato, S.A. de EE.UU. ¡Manos fuera de Maduro!
El gobierno sustituto que quieren instalar los imperialistas será el de María Corina Machado, quien ha apoyado explícitamente las sanciones contra Venezuela que han provocado tanta miseria, las deportaciones de inmigrantes venezolanos de Estados Unidos por el gobierno de Trump, y el actual despliegue militar, pidiendo que los piratas estadounidenses invadan su país. Por eso, periodistas un poco independientes han informado que ella, que es promovida en el exterior como figura de proa de la “oposición democrática” es bastante cuestionada dentro de Venezuela. Durante más de una década, Machado convocó en múltiples ocasiones a las “guarimbas”, barricadas armadas, como cuando los guarimberos atacaron al Metro de Caracas y a autobuses públicos que llevaban pasajeros en 2014.
Hoy la flamante “premio Nobel de la paz” agita de nuevo su llamado a la guerra civil, lo que junto con un ataque militar estadounidense desataría un baño de sangre en los barrios y cerros en torno a Caracas y otras ciudades venezolanas, en donde los bolivarianos mantienen importantes bases de apoyo. No hay que negar el desgaste y cansancio que han producido entre la población pobre los años y años de presión imperialista que busca estrangular a la economía venezolana. Tampoco hay que hacerse ilusiones sobre la capacidad de las fuerzas armadas venezolanas de vencer a la mayor potencia castrense del mundo en términos estrictamente militares. Aun así, con su equipe militar ruso y la contrainteligencia cubana, las fuerzas venezolanas podrían asestar golpes a los arrogantes invasores del imperio. Y la entrada en acción de las Milicias Bolivarianas podría crearles una trampa. Pero la lucha contra los imperialistas y sus títeres no será puramente militar. La victoria dependerá de la movilización revolucionaria de los trabajadores.
Pese a concitar el odio de los imperialistas por su solidaridad con Cuba, los gobiernos de Chávez y Maduro nunca han sido socialistas ni revolucionarios. El “socialismo del siglo XXI” chavista siempre ha sido un llamado a realizar políticas nacionalistas en alianza con el ejército, columna vertebral del estado burgués. A pesar de sus guiños y gestos, Chávez y Maduro han mantenido a raya a la clase obrera y han conservado sin el menor daño la propiedad privada capitalista. Incluso, ha crecido una burguesía bolivariana (la famosa “boliburguesía”) al cobijo de estos gobiernos. Es crucial que los explotados y oprimidos de Venezuela libren la lucha contra el imperialismo con la más completa independencia de clase con respecto al chavismo burgués. Sólo armados con el programa de la revolución socialista en Venezuela y su extensión internacional, se podrá derrotar y hundir a los piratas imperialistas para siempre.

“¡La defensa de Cuba empieza en Venezuela!” Protesta frente al Edificio Trump en Wall Street, 22 de noviembre. (Foto: The Internationalist)
La amenaza contra Venezuela anuncia también una arremetida contrarrevolucionaria en contra del asolado estado obrero burocráticamente deformado cubano. Así lo reconocen perspicaces voceros imperialistas, como el diario británico The Telegraph (18 de noviembre), que explica “Por qué el verdadero blanco de la campaña de Trump en Venezuela es Cuba”. Ahí subraya que tanto republicanos como Trump y el gusano Rubio, y demócratas como John F. Kennedy y su hermano Robert han intentado destruir a la Revolución Cubana desde sus inicios hace 65 años. En años recientes, Venezuela ha reducido su exportación de petróleo a Cuba, de 100 mil barriles diarios en los primeros años 2010 a un promedio de 45 mil diarios en 2025. Aun así, una derrota de su aliado venezolano asestaría un golpe duro a la asediada isla, y apretaría las tuercas a todos los regímenes latinoamericanos que aparentan alguna autonomía del Tío Sam.
Los trabajadores y los pobres venezolanos conocen bien a la clase dominante blanca, racista y arrogante, a esos “escuálidos” tan orgullosos de su récord mundial de reinas de belleza y tan presurosos en despreciar a Hugo Chávez con la etiqueta colonialista de “zambo”, por sus raíces negras e indígenas. Empero, para vencer a esta clase dominante, habrá que luchar por una revolución social a la que los gobiernos capitalistas bolivarianos se opondrían. Esta revolución socialista tiene que ser obra de la clase obrera, a la cabeza de todos los oprimidos, dirigida por un auténtico partido comunista, leninista y trotskista.
Contingente
internacionalista en manifestación “No a la guerra contra
Venezuela”, el 22 de noviembre. (Foto: The Internationalist)
Las últimas décadas brindan sobrados ejemplos de lo que significa el que EE.UU. “exporte” la democracia del dólar, los marines y los sanguinarios golpistas locales, como en Irak, Afganistán, Libia y Siria. La Liga por la IV Internacional hace un llamado a los obreros con conciencia de clase y a los defensores de los derechos democráticos en todo el continente a movilizar el poder social de explotados y oprimidos para derrotar el ataque imperialista contra Venezuela. Como sostuvo la sección norteamericana de la LIVI en una manifestación en Nueva York, el centro del capital financiero mundial, el 22 de noviembre:
¡Defender a Venezuela contra el imperialismo yanqui!
¡La defensa de Cuba empieza en Venezuela!
¡Defender a Venezuela – Construir un partido obrero trotskista! ¡Por un gobierno obrero y campesino!
Imperialistas yanquis, ¡Fuera del Golfo de México!
¡Expulsar a los agentes de todas las agencias norteamericanas (DEA, CIA, FBI, Pentágono, etc.) de México y de toda América Latina!
