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mayo de 2014

¡Oposición proletaria a la campaña de guerra fría de los imperialistas EE.UU., UE y OTAN!

El espantajo del “imperialismo ruso”

A continuación publicamos la traducción del inglés del artículo de The Internationalist, órgano del Internationalist Group, sección norteamericana de la Liga por la IV Internacional, aparecido originalmente en mayo de 2014 luego del golpe de estado de Kiev auspiciado por los EE.UU. y sus aliados imperialistas de la Unión Europea (UE) y la alianza militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El artículo conserva toda su validez y relevancia hoy, cuando gran parte de la izquierda califica a Rusia falsamente como “imperialista”, para justificar su vergonzante apoyo a (o anuencia con) la guerra imperialista contra Rusia, una potencia capitalista regional, y en última instancia contra el estado obrero burocráticamente deformado de China.

En la crisis global desencadenada por la batalla en torno a Ucrania, los imperialistas están preparando una nueva Guerra Fría. En la primera Guerra Fría, tras la Segunda Guerra Mundial, el blanco de las amenazas militares, económicas y políticas era la Unión Soviética, un estado obrero burocráticamente degenerado. Tras un breve interludio de “distensión” que resultó de la ignominiosa derrota norteamericana en Vietnam, comenzó una segunda Guerra Fría cuando Washington provocó la intervención de Moscú en Afganistán en 1980. Ahora, dos décadas después de la contrarrevolución de 1989-1992 que derribó al bloque soviético y que deshizo a la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), acecha una tercera Guerra Fría dirigida contra la Rusia capitalista. Las diarias acusaciones y sanciones de EE.UU. y sus aliados de la OTAN, junto con la histeria de los medios imperialistas, resultan espeluznantemente familiares. Por ahora, las amenazas son principalmente verbales, declaraciones que prometen “castigar” a Putin por violar las reglas del “nuevo Orden post soviético” de desenfrenada hegemonía norteamericana.1 Pero la guerra de propaganda y la guerra económica presagian, a final de cuentas, un verdadero enfrentamiento bélico.

En este conflicto, no pocos grupos socialdemócratas hacen eco de los medios occidentales, al despotricar en contra del “imperialismo ruso” por la incorporación de Crimea, y al acusar a Moscú de fomentar la inestabilidad en la región oriental de Ucrania. Con desparpajo hacen caso omiso del hecho de que Crimea históricamente ha formado parte de Rusia y que la inmensa mayoría de la población de Crimea apoyó fuertemente la incorporación a Rusia. También desestiman los levantamientos en contra del régimen de Kiev ocurridos en Donetsk y Luhansk al calificarlos como obra de “provocadores” rusos, ignorando el claro apoyo de masas a favor del autogobierno que prevalece entre la población mayoritariamente rusófona de esta región industrial. La afirmación de estos reformistas de que también se oponen al imperialismo occidental es una cínica hoja de parra, pues se han puesto del lado de la junta golpista en Kiev conformada por ultraderechistas fascistas y librecambistas que tomó el poder con el respaldo de EE.UU., la OTAN y la Unión Europea.

He aquí algunos de los estribillos de este coro de seudosocialistas pro imperialistas:

El Socialist Workers Party de Inglaterra (SWPUK) afirma que “Rivales imperialistas empujan a Ucrania al borde de la guerra” y dicen que “La intervención en Crimea ha intensificado un juego mortal entre Rusia y Occidente” (Socialist Worker [Inglaterra], 8 de marzo). En el mismo número de su periódico, un artículo del gurú del SWPUK, Alex Callinicos, dice que el presidente ruso “Putin ha hecho una movida ofensiva en la contienda interimperialista” y que luchar contra el imperialismo “supone oponerse a la intervención rusa en Ucrania”. El SWP británico es parte de la corriente fundada por el difunto Tony Cliff, quien rompió con la IV Internacional trotskista en los inicios de la primera Guerra Fría al rehusarse a defender a la Unión Soviética en contra del imperialismo y justificando esta línea con la afirmación de que la URRS era “capitalista de estado”.

Otra organización socialdemócrata inglesa, Workers Liberty (WL), proclama: “Rusia es un país imperialista que intenta negar el derecho a la autodeterminación de Ucrania y subordinar a este país. Apoyamos los esfuerzos de Ucrania para lograr la libertad nacional, así como apoyamos los esfuerzos de otras naciones oprimidas o potencialmente oprimidas a favor de la libertad” (sitio web de Workers Liberty, 17 de abril). En el curso de la segunda Guerra Fría de los años 80, la corriente que ahora es WL adoptó la herencia de otro renegado del trotskismo, Max Shachtman, quien rompió con Trotsky en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, y que luego se rehusó a defender a la URSS en contra de la invasión de la Alemania nazi al decir, a guisa de justificación, que la Unión Soviética no era ningún tipo de estado obrero, sino una formación “colectivista burocrática”.

En EE.UU., el principal grupo cliffista es la International Socialist Organization (ISO), que declaró: “El imperialismo ruso ha hecho su movida para retener el dominio político y económico sobre el país [Ucrania] con su incorporación de Crimea, que debe ser incondicionalmente condenada por todos los revolucionarios que dicen ser antiimperialistas (Socialist Worker [EE.UU.], 11 de marzo). La ISO denunció terminantemente a los izquierdistas que condenaron al imperialismo norteamericano y a la OTAN en lugar de “Rusia, amo supremo imperial, tanto en el pasado como en el presente, de Ucrania”. Declaró también que “La derecha puede explotar la legítima hostilidad en contra del imperialismo ruso” (Socialist Worker, 12 de marzo). Esta es una desvergonzada justificación de la propaganda fascista de Pravy Sektor (Sector de Derecha), Svoboda, etc.2 Por su parte, la centrista League for the Revolutionary Party (LRP, cuyas raíces se encuentran en la tendencia de Shachtman, llama a “Defender a Ucrania en contra del imperialismo ruso” (sitio web de la LRP, 18 de marzo).

No es accidental que grupos que provienen de las corrientes virulentamente antisoviéticas de Shachtman y Cliff dirijan hoy la manada de aullidos en contra del “imperialismo ruso”, pues han venido haciéndolo desde que rompieron con el trotskismo en torno a la fundamental “cuestión rusa”. Es notable también que todas estas organizaciones sostienen que hoy en día China es capitalista, y algunos incluso la califican de “imperialista”, rehusándose así a defender al estado obrero deformado chino en contra de la contrarrevolución y de las amenazas y maquinaciones de los verdaderos imperialistas. Cabe señalar también que sobre la base del antisovietismo que comparten, tanto cliffistas como shachtaminstas apoyaron a grupos supuestamente “izquierdistas” provenientes del fascista Ejército Ucraniano Insurgente (UPA) fundado por el colaborador nazi Stepan Bandera y mantenido con vida tras la Segunda Guerra Mundial por las agencias de espionaje norteamericanas.

Esto apunta a la segunda razón que explica por qué el revuelo de los socialdemócratas en torno al “imperialismo ruso” en Ucrania es consistente con su política: muchas de estas organizaciones han apoyado en repetidas ocasiones a toda suerte de nacionalistas y ultrarreaccionarios patrocinados por los imperialistas occidentales. Grupos izquierdistas que vitorearon a los muyajedines, mercenarios de la CIA, en contra de la intervención soviética en Afganistán, que cuando la URSS se estaba desintegrando alabaron a los SS Einsatzgruppen bálticos que realizaron ejecuciones en masa de judíos, y que pintan como revolucionarios a yijadistas islamistas pro imperialistas en Libia y Siria, no tendrán ningún reparo en apoyar a la junta ucraniana compuesta por derechistas a las órdenes de Washington, Wall Street y los euro banqueros prestos a imponer terribles medidas de austeridad antiobrera, con el respaldo de escuadrones de asesinos fascistas.

Como el perro Nipper, la mascota de RCA Victor en el viejo logotipo de gramófono, cuando estos “izquierdistas” perros falderos de los imperialistas EE.UU./OTAN que ladran en contra del “imperialismo ruso”, no hacen más que repetir “la voz de sus amos”. Los shachtmanistas y cliffistas decían estar en un “Tercer Campo” durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría antisoviética, respectivamente. Mientras que los trotskistas luchamos tenazmente para defender al estado obrero degenerado soviético, a pesar –y en contra– de la dirección burocrática de Stalin y sus herederos, cuyas políticas pusieron en peligro la sobrevivencia del primer estado obrero en la historia, estos anti trotskistas proclamaban: “ni con Washington ni con Moscú”. En realidad, no había un “tercer campo”, y estas organizaciones terminaron como seguidores del primero, del “campo” imperialista.

¿Es Rusia imperialista? I: monopolios y exportación de capital

No todos en la izquierda repiten la tonada imperialista con respecto a Ucrania, pero incluso entre quienes no lo hacen hay poca claridad acerca de la naturaleza de los estados capitalistas surgidos de la contrarrevolución que destruyó a la plurinacional Unión Soviética. Vale la pena preguntarse si en efecto Rusia es imperialista. ¿Está Putin construyendo un nuevo imperio ruso? Eso es lo que dicen académicos anticomunistas, como el siniestro profesor de la Universidad de Yale Timothy Snyder, quien fue amigablemente entrevistado en el programa “progresista” de radio y televisión Democracy Now. Snyder es autor del libro Tierras de sangre: Europa entre Hitler y Stalin (Grupo Editorial Norma, 2011) que de manera grotesca pone un signo de igualdad entre la URSS y la Alemania nazi. ¿Qué decir, además, de Ucrania y de los otros estados “post soviéticos” de Eurasia? ¿Es que son colonias o semicolonias cuyos destinos son determinados por el Kremlin?

Para responder estas preguntas, es preciso definir en primer lugar qué es el imperialismo. Las definiciones burguesas estándares hacen referencia “al principio o política del imperio; la defensa del mantenimiento del dominio o control político sobre territorios dependientes (Oxford English Dictionary), “política, práctica o defensa de la extensión del poder por un estado y el dominio, especialmente por medio de la adquisición directa de territorios o mediante la conquista de control político y económico de otras áreas” (Enciclopedia Británica), o más generalmente “una política o práctica mediante la cual un país incrementa su poder mediante el control de otras áreas del mundo” (diccionario Merriam-Webster).3 Según estas definiciones habría habido imperialismo griego y romano en el mundo antiguo, además de imperialismos británico, español, holandés y francés al comienzo de sus respectivos imperios coloniales en los siglos XVI y XVII. También se podría añadir a los aztecas, incas y al imperio mogol en la India a esta lista de “imperialismos”.

¿Cómo utilizan, entonces, los fustigadores “socialistas” del “imperialismo ruso” el término? El SWP británico publicó un artículo de dos páginas llamado “Imperialism’s Game of Empires” (Juego de imperios del imperialismo [Socialist Worker, 5 de abril]), en el que define al imperialismo como el “control, directo o indirecto, de países más débiles”. Esta definición, desprovista de todo criterio de clase, podría aplicarse a cualquier intervención realizada por un país poderoso. Aun cuando dice que la “fuerza motriz” del “sistema global” del imperialismo es la “competencia entre las grandes potencias capitalistas”, sostiene en el siguiente suspiro que la Guerra Fría fue un conflicto entre “potencias capitalistas y capitalistas de estado”, siendo esta última la etiqueta antimarxista para referirse a la URSS y al bloque soviético de estados obreros deformados. Durante décadas, los cliffistas calificaron las intervenciones soviéticas desde Corea en los años 1950 hasta Afganistán en los 1980 como casos de “imperialismo ruso”, poniéndose así del lado de los verdaderos imperialistas.

La suya es una versión resumida de la definición burguesa estándar, muy diferente de la marxista, específicamente la de Lenin. En su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916), Lenin define al imperialismo capitalista en virtud de las siguientes condiciones:

“1) La concentración de la producción y del capital llega hasta un grado tan elevado de desarrollo que crea los monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación en el terreno de este ‘capital financiero’, de la oligarquía financiera; 3) la exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particularmente grande; 4) se forman asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo, y 5) ha terminado el reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes.”

La tesis central de la obra de Lenin es que el imperialismo no es una política que los gobernantes puedan cambiar a voluntad –como sostenían los oportunistas como Karl Kautsky– sino que, en cambio, es la etapa de capitalismo monopolista en la que el dominio del capital financiero exige prácticas imperialistas. La definición de Kautsky servía para justificar su programa utópico-reformista de presionar a los gobernantes para que adoptaran una política pacífica “no imperialista”. El análisis de Lenin deja en claro que la única vía hacia la paz es el derribo del sistema imperialista.

¿Dónde se encuentra Rusia de acuerdo con estos criterios? Ciertamente, en tanto que tierra de “oligarcas”, los monopolios dominan la economía de Rusia. En general, unos cuantos cientos de grandes capitalistas controlan alrededor del 40 por ciento de las ventas.4 Esto se debe en parte a la estructura de la economía en la que la industria (minería, manufacturas, construcción y energía), con sus enormes exigencias de capital y de economías de escala, contribuye con una porción mucho mayor del producto interno bruto (37 por ciento) que en Estados Unidos (20 por ciento).5 Pero principalmente, es un reflejo del hecho de que el capitalismo ruso ha sido construido sobre los restos de una economía colectivizada y centralizada en la que sectores industriales enteros y cadenas de distribución regionales eran controlados por una sola empresa. Los monopolios no son particularmente grandes en relación con los estándares internacionales, pero hay muy pocas empresas pequeñas.

Un seudotrotskista austriaco, Michael Pröbsting,6 ha publicado recientemente un artículo titulado “Russia as a Great Imperialist Power: The Formation of Russian Monopoly Capital and Its Empire” (Rusia en tanto que gran potencia imperialista: la formación del capital monopolista ruso y su imperio [ Revolutionary Communism, marzo de 2014]). Pröbsting sostiene que Rusia es imperialista debido, en primer lugar, al dominio que sobre su economía ejercen los monopolios, como Gazprom, Sberbank, Rosnef, Lukoil y otros. Esto no prueba nada. En la era de desarrollo desigual y combinado, ocurre con frecuencia que los monopolios dominan la economía hasta de países capitalistas semicoloniales. Vale Corp. de Brasil y Cemex y América Móvil de México superan a Gazprom y Lukoil por sus valores bursátiles internacionales.7

Y ciertamente no se trata del dominio del capital financiero, la piedra angular del análisis leninista del imperialismo. Rusia tiene tan sólo 2 de los 100 principales bancos mundiales ordenados en virtud de sus activos totales, el Sberbank (no. 74) y VTB (No. 93), cuyo valor combinado es de menos de la mitad que el de los tres bancos brasileños de la lista (Itaú Unibanco, Banco do Brasil y Bradesco). Los bancos constituyen una parte mucho más pequeña de la economía rusa (4 por ciento del PIB) que de la de EE.UU. (8 por ciento del PIB y 41 por ciento de las ganancias empresariales) o del resto del occidente imperialista, además de que juegan un papel pequeño en la conducción de la economía. Sberbank es un gigante banco de ahorro, de propiedad estatal mayoritaria, que principalmente financia empresas mayoritariamente estatales. VTB, también un banco mayoritariamente de propiedad estatal, es el otrora banco soviético de comercio internacional. Sus sucursales en las ex repúblicas soviéticas se enfocan en el financiamiento del comercio con Rusia.

En lo que toca a la exportación de capital, Rusia ocupa una posición intermedia entre los países imperialistas y los neocoloniales. Así, el total de la inversión extranjera de Rusia asciende al 21 por ciento del PIB, mucho menos que las de Suecia (78% del PIB), Inglaterra (74%), Francia (54%), Alemania (46%), EE.UU. (35%) o incluso Chile (37%); es sustancialmente mayor que las de Brasil y México (alrededor del 10 %) y más o menos igual que la de Sudáfrica (22%).8 Además, mientras que en los países imperialistas la inversión extranjera fuera del país (44% del PIB en las “economías desarrolladas”) casi siempre excede la inversión extranjera dentro del país (33% del PIB), en Rusia la inversión directa en el extranjero (21% del PIB) es menor que la inversión extranjera directa que recibe del exterior (26%), aunque la diferencia no es ni de lejos tan grande como la que hay en los grandes países semicoloniales en los que los influjos de capital pueden duplicar o triplicar las inversiones de estos países en el extranjero.

Además, una buena parte de los flujos de capital de Rusia hacia el exterior difícilmente constituyen inversiones en el extranjero; son, en cambio, ocultamiento de capitales en paraísos fiscales en el exterior. Vea cuáles son los países que reciben la “inversión” extranjera rusa: Ucrania, 1.2%; resto de la ex Unión Soviética, 3.1%; Unión Europea, 64%, de la cual Chipre recibe 122 mil millones de dólares, o 34% (y en 2012, el 43%).9 ¿Chipre? Ciertamente no se trata de un centro industrial o de materias primas, sino que es (o era) un paraíso fiscal. El otro de los destinos principales es el archipiélago de las Islas Vírgenes Británicas (12.8% en 2012), que ha incrementado dramáticamente la cantidad de dinero que recibe de 49 mil millones de dólares, a 80 mil millones, una vez que este paraíso fiscal inglés ha sustituido a Chipre tras el colapso de su sistema bancario. Lejos de alentar la inversión extranjera, el gobierno ruso ha estado pidiendo que este “capital fugado” regrese a casa, aunque sin mucho éxito.10

Buena parte de este capital se encuentra temporalmente estacionado en el extranjero, como sugiere el hecho de que los flujos hacia el exterior y desde el exterior prácticamente se igualan año tras año. Así, la firma contable Ernst & Young hizo un análisis del movimiento de fondos rusos entre 2007 y 2011 (“Capital Outflow from Russia: From Myths to Reality [2012]) que muestra que hay un movimiento de 135 mil millones de dólares hacia el exterior y de 133 mil millones de dólares de regreso a Rusia cada año. Su conclusión: “El monto real de flujo de capital es sobreestimado por un factor de al menos 2x.” Además, varias compañías rusas de primer orden han estado liquidando sus propiedades en el extranjero, como Severstal, que quiere vender sus dos acerías en EE.UU.11 En lo que toca a las inversiones rusas en países neocoloniales de Asia, África y América Latina, éstas son muy pocas.

La conclusión de todo esto es que lejos de tener “un enorme ‘excedente de capital’” (como sostiene Lenin en El imperialismo) que busca por todo el mundo invertirse del modo más lucrativo posible para acorralar mercados o inflar los márgenes de ganancias mediante la explotación de trabajadores con bajos salarios en países semicoloniales, Rusia enfrenta una escasez de capital y es un importador neto de capitales. Tan sólo una de las 100 compañías “trasnacionales” más grandes es rusa (Vimpel.com, que es la No. 93, una compañía de telefonía celular, que tiene menos de la mitad de los activos que Vale de Brasil y es del mismo tamaño que América Móvil de Carlos Slim con sede en México). En lo que toca a la búsqueda de materias primas, Rusia cuenta con vastas cantidades de prácticamente todo recurso vital, incluyendo las más grandes reservas de gas natural en el mundo. Es principalmente un país exportador de materias primas y energía (petróleo y gas constituyen el 70 % de los ingresos resultantes de la exportación). En breve, sobre la base del criterio de la exportación de capital, Rusia está lejos de calificar como un país imperialista.

¿Es Rusia imperialista? II: división y dominio territorial del mundo

Lo mismo vale para el criterio relativo a la pertenencia a “asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo”. Pese a toda la palabrería sobre la “colaboración”, la capitalista Rusia post soviética ha sido tratada como un forastero con el que hay que tratar con cautela. Aunque Rusia solicitó su ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1993, no fue admitida sino hasta 2012, casi una década después que China. La Federación Rusa sigue excluida de la Organización para la Cooperación y del Desarrollo Económico (OCDE), el club de los principales países capitalistas, que se ha expandido para incluir a Polonia, Hungría, Eslovaquia, México y la República Checa. La alianza militar imperialista de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) ha estado extendiéndose hasta las mismísimas fronteras de Rusia. Y ahora Rusia ha sido expulsada del Grupo de los Ocho de las principales potencias.

La definición de imperialismo de Lenin consta de varios elementos, y algunos países pueden cumplir algunos, pero no todos, los requisitos para ser imperialistas. Lenin mismo se refirió a un país, “el más atrasado desde el punto de vista económico (Rusia), en el que el imperialismo capitalista moderno se halla envuelto, por así decirlo, en una red particularmente densa de relaciones precapitalistas”. Sin embargo, a pesar de su debilidad y atraso económico, el imperio zarista actuaba como “gendarme de Europa” a mediados del siglo XIX, aplastando las revoluciones de Hungría y Polonia; durante las guerras de los Balcanes en vísperas de la Primera Guerra Mundial, Rusia era vista como protectora de los eslavos del sur en contra del Imperio Austrohúngaro. Así pues, siendo que la economía rusa no está dominada por el capital financiero, no es uno de los principales exportadores de capital y Rusia no ha conseguido admisión plena en los clubes imperialistas, ¿cuál es su rol geopolítico?

En su artículo, Pröbsting sostiene que “el imperialismo ruso ya domina, o al menos juega un papel central, en la opresión de varios países semicoloniales de Asia Central y de Europa Oriental”. Sostiene que una de las tablas que reproduce (la No. 9) muestra que:

“Los monopolios rusos están invirtiendo principalmente en las semicolonias de Asia Central y Europa Oriental, así como en la Europa Occidental imperialista, y en los Balcanes semicoloniales. A partir de estas cifras, podemos concluir que los monopolios rusos derivan significativas ganancias extra a partir de sus inversiones extranjeras en los países semicoloniales de Europa Oriental, los Balcanes y Asia Central”.

Las cifras no muestran nada del estilo, dado que no indican cantidades reales de inversión. Con este pase de mano, Pröbsting espera que los lectores no recuerden una tabla previa (la No. 4) que muestra que menos del 4 por ciento de la inversión extranjera rusa va a Asia Central, Europa Oriental y los Balcanes. Incluso si una parte de las transferencias a los paraísos fiscales representaran en realidad inversiones de las compañías rusas con sedes en los paraísos fiscales, como en el caso de las operaciones norteamericanas de Lukoil que tiene su sede en las Islas Vírgenes Británicas, bien poco de éstas es invertido en Asia Central y Europa Oriental.


Campo petrolífero de Tengiz: imperialistas norteamericanos y europeos explotan los recursos del Asia Central. (Foto: New York Times)

Por ejemplo, las estadísticas que muestran que la inversión rusa en Kazakstán es de 2,500 millones de dólares (0.7 % del total) es en efecto una subestimación de la verdadera cantidad. Varias fuentes apuntan a que la cifra verdadera asciende a 7 mil millones de dólares. Pero incluso esta cifra es menor que la de los 9,700 millones de dólares correspondientes a las inversiones de las empresas norteamericanas, y constituye menos del 8 por ciento del total de inversiones extranjeras en el país (que representa cuatro quintas parte de toda la inversión extranjera en Asia Central).12 Esto se debe a que las inversiones están concentradas en la industria petrolera, que incluye al gigante campo petrolífero de Tengiz operado por un consorcio dirigido por Chevron y Exxon, así como el enorme proyecto de Kashagan, emprendido por un consorcio encabezado por Eni (Italia), BP (Inglaterra), Statoil (Noruega), Mobil, Royal Dutch Shell y Total S.A. (Francia). Las compañías rusas Rosnef y Lukoil tienen únicamente campos petrolíferos de segunda importancia que producen mucho menos que incluso la austriaca OMW.

En lo tocante a la división territorial del mundo, Rusia no ha sido particularmente exitosa en ese renglón tampoco. Aunque los gobernantes moscovitas han librado dos brutales guerras sucias para impedir la secesión de Chechenia de la Federación Rusa, han aceptado no obstante la independencia de las repúblicas soviéticas no rusas. Yeltsin inclusive alentó su separación, azuzando el sentimiento chovinista de que Rusia debería dejar de subsidiar al resto de la URSS. Putin ha declarado que “el colapso de la Unión Soviética fue uno de los mayores desastres geopolíticos del siglo”, no debido a una persistente afinidad socialista, no importa cuán pervertida y negada por el estalinismo, sino sobre la base nacionalista de que “decenas de millones de nuestros conciudadanos y compatriotas se encontraron fuera del territorio ruso” (discurso ante la asamblea federal de la Federación Rusa, abril de 2005).

No cabe duda de que Putin querría restaurar la “gloria” y el poder del Imperio Ruso, pero la capitalista Rusia post soviética no ha estado, ni está, en condiciones de conseguirlo. Moscú no ha apretado los tornillos a las repúblicas bálticas, a pesar de que sus reaccionarios gobernantes capitalistas han despojado a cientos de miles de rusos étnicos de la ciudadanía en Estonia y Letonia empelando “leyes de sangre” al estilo nazi, que exigen que los rusos étnicos sean naturalizados, renuncien a la ciudadanía rusa y aprueben discriminatorios exámenes de dominio lingüístico. En estos tres países, las SS y los batallones policíacos de colaboradores con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial son honrados como héroes nacionales, incluyendo a los que ejecutaron comunistas y masacraron a decenas de miles de judíos.


Washington maquinó la “Revolución de los Tulipanes” (arriba) en Kirguistán, Asia Central, mediante la provisión de imprentas y el financiamiento de grupos opositores, al mismo tiempo que conservaba la base militar de Manas para pertrechar a las fuerzas norteamericanas de ocupación en Afganistán.

En el Asia Central ex soviética, no hay base militares rusas, ni Moscú ha recurrido a la presión militar para dominar la región. En cambio, EE.UU. tiene una base en Manas, Kirguistán, una parada para el aprovisionamiento de las fuerzas imperialistas de ocupación en Afganistán. Washington también ha hecho fluir a raudales cientos de millones de dólares en ayuda al país, incluyendo decenas de millones de dólares para promover la “democracia” y la “sociedad civil”. A través del canal de la National Endowment for Democracy, Washington financió grupos opositores kirguises que también usaron los servicios editoriales de la Freedom House para preparar la “Revolución de los Tulipanes” de 2005, que derrocó al gobierno de Askar Akayev e instaló como presidente a Kurman Bakiyev.13 Bakiyev, a su vez, fue derrocado en 2010 por opositores alimentados por el descontento por la presencia de la base militar norteamericana y de la endémica corrupción gubernamental.

En Georgia, EE.UU. maquinó la “Revolución Rosa” en noviembre de 2003 para derribar el gobierno del ex ministro soviético del exterior, Eduard Shevardnadze, valiéndose de una red de “organizaciones no gubernamentales” (ONGs) financiadas por EE.UU. y de agentes entrenados por EE.UU. provenientes de Serbia donde habían organizado el derrocamiento de Slobodan Milosevic en 2000. El remplazo de Shevardnadze, Mikheil Saakashvili, educado en EE.UU. (donde obtuvo un posgrado en derecho avanzado en la Universidad de Columbia gracias a una beca otorgada por el Departamento de Estado), contó con el respaldo del financiero George Soros, cuyo imperio de ONGs a favor de una “Sociedad Abierta” también participó activamente en Ucrania en 2004, y nuevamente en 2013-2014. Tras haberse hecho del poder mediante un golpe de estado, Saakashvili pronto solicitó la integración de Georgia a la OTAN.

En 2008, Saakashvili desató hostilidades y a final de cuentas una guerra de cinco días con Rusia mediante provocaciones militares en los enclaves pro rusos de Abjasia y Osetia del Sur, donde tropas pacificadoras rusas habían estado estacionadas desde que Georgia intentó suprimir revueltas de la población local en 1991-1992. En respuesta a los ataques georgianos, Moscú despachó tropas que expulsaron a los invasores, pero luego siguió la marcha dentro del territorio de Georgia, en lo que se convirtió en una guerra reaccionaria entre Rusia y Georgia. No obstante, hasta los jefes de la OTAN y los observadores de la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa) responsabilizaron al gobierno georgiano por el inicio del conflicto, con la esperanza de que la OTAN interviniera y diera trato acelerado a su solicitud de ingreso a la alianza militar imperialista. Lejos de ser expansionista, la acción militar rusa fue esencialmente defensiva.

Así, al hablar de una potencia imperialista que explota las semicolonias del Asia Central y el Cáucaso, que cosecha superganancias mediante la exportación de capital para explotar sus recursos naturales, que interviene con financiamiento masivo para influir en la política local, organizando golpes y manteniendo bases militares, quien lo ha hecho en el período post soviético no es Rusia, sino Estados Unidos. Ciertamente, los gobernantes capitalistas rusos buscan dominar el espacio geopolítico en torno a su reducido dominio e imponer sus dictados a sumisos estados más débiles. Putin, obviamente, sueña con hacerlo. Pero Rusia en la actualidad sólo puede evitar los agresivos ataques del imperialismo norteamericano y de sus aliados imperialistas de la OTAN que, a veces mediante títeres regionales, están decididos a aplastar todo desafío a su hegemonía global.


El imperialismo norteamericano también maquinó la “Revolución de las Rosas” de 2003 en Georgia, para instalar a Mijeíl Saakashvili como su presidente títere, quien en 2008 lanzó un ataque contra los enclaves prorrusos de Abjasia y Osetia del Sur, con la esperanza de conseguir la integración de Georgia a la OTAN. (Foto: Shakh Alvazov/AP)

Rusia es un país capitalista transicional y una potencia regional

Contrariamente a los proveedores socialdemócratas de propaganda imperialista en contra del “imperialismo ruso”, Lenin no dividía el mundo exclusivamente en países imperialistas, por un lado, y países coloniales o semicoloniales por otro. En su libro El imperialismo, el dirigente bolchevique hizo referencia en varios lugares a “países no coloniales y semicoloniales” (como Persia, China y Turquía), a “varias formas transicionales de dependencia estatal” que incluían a Argentina (“casi una colonia comercial británica”) y Portugal (“un protectorado británico”), y más en general, a las “formas transicionales que se puede encontrar en todas las esferas de la naturaleza y la sociedad”. Lo que quería dilucidar es que todas estas constituyen “eslabones de la cadena de operaciones del capital financiero mundial”, parte de un “sistema general”: el imperialismo.

Hoy en día Rusia es un país transicional de este tipo, ni semicolonia, ni estado imperialista. Al menos, no todavía. Otro ejemplo de un país capitalista intermedio es Grecia.14 A nivel geopolítico, Rusia es una potencia regional con ambiciones imperiales. No es un caso único. Sudáfrica, tanto bajo el régimen del apartheid, como ahora bajo el del neo apartheid capitalista negro, ha buscado el control de la parte sur del continente africano. Inclusive los países semicoloniales más grandes pueden jugar dicho papel: Irán, bajo el shah y Jomeini y sus herederos ha buscado dominar “su” región, que incluye a los pequeños estados del Golfo Pérsico. Brasil actúa como sheriff del imperialismo yanqui en el Caribe, proveyendo tropas mercenarias para la ocupación de EE.UU. y la ONU de Haití. ¿Es que la Rusia de Putin juega rudo con Ucrania con el gas y los precios? Durante décadas, Brasil impuso a Paraguay pagos por debajo del costo de producción de electricidad en las Cascadas de Iguazú.

Los marxistas no oponemos a las ambiciones imperialistas y de grandes potencias que tienen estas potencias regionales, mientras que concentramos el fuego en contra de los verdaderos imperialistas que quieren realizar sus agresiones haciéndose pasar como defensores de los derechos humanos, la democracia, etc. Woodrow Wilson lo hizo en la primera guerra mundial imperialista, los imperialistas “democráticos” lo hicieron también en la Segunda Guerra Mundial, lo hizo Bill Clinton en sus dos ataques contra Serbia, lo hacen hoy el demócrata liberal norteamericano Barack Obama, el “socialista” francés François Hollande y el conservador británico David Cameron que entonan la misma melodía al apoyar a los islamistas que realizan “limpiezas étnicas” en Siria y a los pogromistas nazis en Ucrania. La principal amenaza contra la clase obrera en el choque por Ucrania hoy por hoy proviene de la junta derechista de libremercadistas, fascistas y nacionalistas étnicos respaldada por el imperialismo, y no de un supuesto “imperialismo ruso”.

Entonces, ¿qué hay con respecto a las afirmaciones de que hay una agresión rusa en contra de la “pobrecita Ucrania”? En primer lugar, la incorporación de Crimea realizada por Putin pudo darse sin que se disparara un solo tiro debido a que contaba con el abrumador apoyo mayoritario y entusiasta de la población local. Crimea ha sido históricamente parte de Rusia, y la inmensa mayoría de su población es culturalmente rusa, además de que fue “regalada” a Ucrania apenas en 1954 por Nikita Khrushchev. El cambio administrativo hizo poca diferencia para la gente dado que Ucrania y la República Rusa eran parte de un solo estado, la Unión Soviética. Sus residentes han seguido identificándose con Rusia, debido en parte al dominio económico que ejerce sobre la península la Flota Rusa del Mar Negro en Sebastopol, y debido a que buena parte del 95 por ciento de la población rusófona (que incluye tanto a rusos como ucranianos étnicos) son veteranos del ejército y de la marina.

El Grupo Internacionalista y la Liga por la IV Internacional apoyan la autodeterminación de Crimea y su integración a la Federación Rusa. La acción militar rusa, lejos de ser un acto de agresión, facilitó el ejercicio de este derecho democrático en repudio de la junta nacionalista ucraniana establecida en Kiev con el respaldo de los imperialistas, que es hostil a (y despreciada por) la población de las regiones rusófonas de Ucrania. La intervención rusa fue también un acto defensivo en previsión de una acción militar emprendida por una Ucrania hostil y respaldada por la OTAN para tomar el control de Sebastopol. Este puerto no sólo es la sede de la Flota del Mar Negro, sino que es vital para las exportaciones rusas, pues domina el acceso al único puerto importante de aguas templadas de Rusia (es decir, que no se congela en el invierno), Novorossysk. Si la OTAN alguna vez tomara el control de Sebastopol, lo usaría para estrangular económicamente a Rusia.

Con respecto a toda la palabrería de que el oso ruso intenta devorar la parte sudoriental de Ucrania, esto no es más que un intento de azuzar el temor al más crudo estilo de la Guerra Fría. Tal acción por parte de Rusia resultaría en un estado residual ucraniano dominado por un gobierno nacionalista virulentamente antirruso, basado en la parte occidental de Ucrania, a través de la cual pasa la mayor parte de los gasoductos que van de Rusia a Europa. Esta situación podría calentarse en un abrir y cerrar de ojos, y aunque Rusia ha abierto ahora un gasoducto bajo el Mar Báltico (el Nord Stream), éste sólo puede transportar una fracción del gas que Rusia exporta a Europa. Además, la población de la parte oriental de Ucrania está más mezclada que en Crimea, con una fuerte minoría cuya lengua materna es el ucraniano. Una toma rusa (a diferencia del autogobierno) enfrentaría interminables ataques nacionalistas ucranianos. En uno de sus pocos momentos de lucidez, el New York Times (13 de mayo) lo reconoció en un editorial:

“Putin ha dado todos los indicios posibles de que su verdadero objetivo no consiste en anexarse ningún territorio ucraniano adicional, sino transformar a Ucrania en una federación bajo un gobierno débil y neutral en Kiev que dependa permanentemente de Rusia.”

Lo que los más agresivos guerreristas imperialistas desean, en cambio, es una Ucrania dependiente del Occidente que se convierta en una permanente amenaza militar contra Rusia. Una configuración tal apuntaría inexorablemente hacia la guerra. Las provocaciones de los ultraderechistas ucranianos, o de otros, serían inevitables. Ningún acuerdo de “paz” podría impedir ese peligro, de modo que la disuasión nuclear estaría de vuelta, junto con la doctrina de la “Destrucción Mutuamente Asegurada”. El Pentágono lo entiende bien, y esa es la razón por la que hasta ahora no ha atendido las peticiones ucranianas (o georgianas) para integrarse a la OTAN. El Kremlin ve aún con mayor claridad este peligroso escenario en el horizonte, y se ha movilizado para impedir su advenimiento.

Ucrania: ¿neocolonia de la Rusia post soviética?

Además de la propaganda de guerra fría antirrusa, queda la cuestión de la relación que hay entre Ucrania y Rusia: bajo el imperio zarista, en la Unión Soviética y desde la destrucción de la URSS y la restauración del capitalismo. ¿Es verdad, como sostiene la ISO norteamericana, que Rusia es “amo supremo imperial, tanto en el pasado como en el presente, de Ucrania”? Esta tonada de las “naciones cautivas” representa definitivamente la opinión de los dirigentes de la junta golpista de Kiev, del “primer ministro” Arseniy Yatsenyuk y del “presidente” Oleksandr Turchynov, así como de los nacionalistas ucranianos en general, quienes justifican el ataque militar en Ucrania oriental con la afirmación de que están luchando para liberarse del yugo imperial ruso (aún si lo que buscan es convertirse en una semicolonia de la imperialista Unión Europea).

Ucrania fue ciertamente una nación oprimida bajo el zarismo, una de muchas en la “cárcel de los pueblos” de los Romanov. La cultura ucraniana fue perseguida y la lengua ucraniana fue prohibida en las escuelas desde 1804. Además, para finales del siglo XIX, Ucrania era hogar del 20 por ciento de todos los judíos europeos, quienes fueron hostigados por la represión y los pogromos zaristas, lo que llevó a muchos a huir de Ucrania. Pero muchos se quedaron, y los judíos ucranianos jugaron un papel prominente en el movimiento socialista, que es una de las razones por las que las Centurias Negras zaristas realizaron el pogromo de Odesa en el punto álgido de la Revolución Rusa de 1905.

Hemos explicado cómo durante la Guerra Civil que siguió a la Revolución de Octubre de 1917, Lenin y Trotsky unieron a los bolcheviques ucranianos y rusos con nacionalistas ucranianos en proceso de evolución hacia la izquierda en un solo partido comunista. La república soviética Donetsk-Krivoy Rog, de corta duración, fue integrada a la República Soviética Socialista de Ucrania, con su capital de Kharkiv. En su discurso ante el parlamento ruso al abordar la cuestión de Crimea, Putin se quejó: “Después de la revolución, los bolcheviques, por diversas razones –que sea dios quien los juzgue– añadieron vastos sectores que históricamente habían pertenecido al sur de Rusia a la República de Ucrania. Esto se hizo sin consideración alguna por la constitución étnica de la población” (RT, 19 de marzo). Los nacionalistas rusos culpan a Trotsky por esto, que fue la clave para crear una Ucrania plurinacional. La homogeneidad étnica es un programa chovinista.

En los primeros años de la Rusia Soviética, los bolcheviques siguieron una política de “korenizatsiia”, o indigenización, promoviendo el uso de las lenguas originales en las áreas no rusas de la URSS. Se alentó el uso del ucraniano en el gobierno y las escuelas. Pero como parte del dogma estalinista de “socialismo en un solo país” se lanzó una agresiva campaña de rusificación: en 1929, intelectuales ucranianos fueron arrestados; unos años más tarde, la instrucción escolar en ucraniano fue prohibida, y los periódicos empezaron a publicase sólo en ruso. Además, hubo un costo terrible como resultado de la colectivización forzosa, en la cual varios millones murieron en la hambruna de 1932-1933. Es más, como señaló Trotsky, las sangrientas purgas de comunistas realizadas por Stalin a finales de los años 1930 golpearon al PC ucraniano más duramente que en cualquier otro lugar.

Sin embargo, esto no representa toda la historia de Ucrania en la Unión Soviética. Desde los años 1930, la parte oriental de Ucrania se convirtió en uno de los centros neurálgicos del poderío industrial de la URSS. Tras el ascenso al poder el ex jefe del partido ucraniano Nikita Khrushchev en 1954, la política lingüística fue relajada, y el ucraniano se utilizó nuevamente en las escuelas y los medios, aunque el ruso siguió siendo prevalente, y también la represión de todos los disidentes, sean pro o anti socialistas. Lo mismo ocurrió bajo el ucraniano Leonid Brezhnev, quien sucedió a Khrushchev en el Kremlin desde 1964 hasta 1982. Los ingresos y la oferta de bienes de consumo se elevaron y para 1991, los niveles de vida en Ucrania eran ligeramente superiores a los de la república rusa. La contrarrevolución devastó la economía y los ingresos cayeron en dos terceras partes. El capitalismo arrojó a millones de ucranianos a la pobreza.

Los ingresos de hoy en día son mucho más altos en Rusia que en Ucrania: las pensiones en Rusia duplican las de Ucrania (una de las razones por las que hasta los ucranianos étnicos votaron a favor de que Crimea se uniera a Rusia). Esto se debe principalmente al boom ruso en la producción de gas y petróleo, así como al alza internacional de los precios de los energéticos. Sin embargo, a pesar de toda la propaganda acerca del uso que hace Rusia del gas natural para “chantajear” a Ucrania, incluso después de que los precios del gas ruso a Ucrania se incrementaron en más del 100 por ciento en 2006, el precio promedio (130 dólares por mil metros cúbicos) era apenas el 40 por ciento de lo que se cobraba a Alemania (320 dólares/mcm).15 Lejos de extraer superganancias de sus ventas de gas a Ucrania, Rusia ha subsidiado considerablemente a la industria y los consumidores ucranianos para mantener una relación amistosa, mientras que Ucrania ha utilizado periódicamente el control que tiene sobre los ductos e instalaciones de almacenaje para robar grandes cantidades de gas.16

La otra diferencia importante entre las economías de Ucrania y Rusia es el papel que los “oligarcas” juegan. En ambos países, la destrucción de la economía socializada se vio marcada por un saqueo indiscriminado, mientras las empresas privatizadas eran entregadas a los compinches por una bicoca. Esto es típico de la formación de una nueva clase capitalista, que casi siempre es el resultado de la promoción estatal. La diferencia entre Rusia y Ucrania radica en que, a partir de 2000, Putin recuperó algunas de las ganancias mal habidas, fortaleció sectores estratégicos de propiedad estatal y metió en cintura a los boyars (príncipes) capitalistas, por lo que algunos de ellos huyeron al exilio ( Berezobsky, Gusinsky), en tanto que otros fueron encarcelados (Khodorkovsky). En Ucrania, el saqueo nunca se detuvo, y los oligarcas siguen teniendo riendas suelta, sin importar quién ocupara la silla presidencial.

Las empresas rusas tienen una influencia limitada en Ucrania, pues tanto los oligarcas “pro rusos” como los “pro ucranianos” se han unido para mantener fuera a sus primos rusos más ricos. Ha habido una lucha por el control de las refinerías, en la que la compañía rusa Tatneft fue echada a punta de pistola de la planta más grande (Keremenchug) en 2007, mientras que un tribunal se hizo recientemente del control de una refinería más pequeña en Odesa que había pasado una y otra vez de propiedad rusa a propiedad ucraniana y al revés. La más grande refinería de propiedad extranjera hoy en día (Kherson) pertenece a la compañía petrolera estatal kazaka. Las empresas rusas también han sido excluidas en su mayor parte de la industria siderúrgica: cuando la acería más grande, Kryvorizhstal, fue privatizada en 2004, la compañía rusa Severstal fue excluida, y el premio inicial correspondió al barón del acero de Ucrania oriental Rinat Akhmetov, lo que luego fue revertido por órdenes del presidente. La planta fue entonces vendida a Arcelor Mittal Steel con un préstamo otorgado por Citigroup. En 2010, el gobierno entregó al segundo complejo acerero más grande, el Ilyich Steel and Iron Works, a Akhmetov para mantener fuera de la jugada a los inversores rusos.17


¿Es Ucrania una semicolonia de Rusia? Ucrania no tiene una economía típicamente semicolonial basada en la extracción de materias primas, sino que se trata de un país altamente industrializado, el décimo exportador más grande de armas y el décimo productor de acero en el mundo. (Arriba) Lanzamisiles balísticos intercontinentales ruso R-36 y (abajo) avión de carga Antonov 124, ambos fabricados en Ucrania y vendidos principalmente a Rusia. 

Ucrania no tiene una típica economía semicolonial basada en la extracción de materias primas. Es un país altamente industrializado y es el décimo exportador de armas en el mundo, por arriba de Israel y Suecia, y hasta el cuarto más grande en 2012, produciendo no sólo armamento ligero, sino toda una gama de armamento pesado, incluso tanques.18 Ucrania es también el décimo mayor productor de acero en el mundo.19 Y contra lo que dicen los informes noticiosos acerca de un “cinturón del óxido”, la industria pesada en la Ucrania oriental ha revivido hasta cierto punto, mientras que las plantas manufactureras de la parte occidental han cerrado debido a la competencia de importaciones más baratas. La verdad es que Rusia ha sido el principal consumidor de hierro, acero, metales y armas provenientes de la industria ucraniana. La industria aérea de Ucrania, con sede en Kiev y Kharkiv, funciona en estrecha colaboración con las plantas rusas de Samara y Vornonezh.

La población de la parte oriental de Ucrania está bien consciente de que si su país se integra a la órbita de la Unión Europea, la mayor parte de estas industrias serán destruidas, mientras los capitalistas norteamericanos y europeos se echarían unos cuantos bocados, y los obreros estarían condenados al desempleo.

En general Ucrania, como Rusia, es un país capitalista transicional, intermedio, aunque uno que sigue atrapado en las dolencias económicas del período post contrarrevolucionario y que es mucho más débil en lo militar. Pero aunque los niveles de ingresos y salarios obreros están debajo de la línea de pobreza, eso no es resultado de una sobreexplotación por parte de Rusia. Se debe centralmente a que los gobernantes capitalistas se han enriquecido impúdicamente mediante el saqueo de las riquezas del país. De hecho, muchos oligarcas ucranianos han utilizado sus riquezas acumuladas para comprar compañías extranjeras. Así, además de Sergei Taruta que es dueño de las principales acerías de Ucrania, Polonia y Hungría, el Privat Group de Ihor Kolomoysky controla bancos, aerolíneas, refinerías de petróleo, acerías y siderúrgicas en Ucrania, Rumania, Polonia, Georgia y Rusia, así como la Australian Consolidated Minerals, que tiene el 10 por ciento de la producción mundial de manganeso. Y esto por no mencionar al magnate de los ductos Viktor Pinchuk y al “rey del chocolate” Petro Poroshenko, entre otros.

La cuestión del idioma ha sido un pararrayos de los sentimientos nacionalistas ucranianos en contra de Rusia. Esto se debe en buena medida a la enorme población étnicamente rusa de la partes oriental y sureña, una parte importante de la cual tiene poca lealtad para con el estado ucraniano, pero igualmente importante es que el número real de hablantes del ruso es mucho mayor. Mientras que el 30 por ciento de la población señala que el ruso es su lengua materna, el 46 por ciento sostiene que habla ruso en casa, más de la mitad dice que es su idioma de todos los días, en tanto que el ruso es el idioma más común en los medios y los negocios. Además, en las regiones centrales de Ucrania, un buen porcentaje de la población habla la lengua surzhyk, con una mezcla de vocabulario ucraniano y ruso, de modo que el ucraniano “puro” sólo es lengua dominante en la parte occidental del país. Así, los nacionalistas étnicos están intentando imponer el uso del ucraniano a una población poco dispuesta a ello.

La decisión de la Verkhovna Rada (Consejo Supremo) ucraniana un día después del golpe de eliminar el estatus de idioma oficial que tenía el ruso en la parte oriental de Ucrania no fue por casualidad. No sólo los fascistas, sino también los partidos nacionalistas burgueses “moderados” votaron a favor de esto el otoño pasado. Es común cuando los movimientos nacionalistas se hacen del poder que intenten imponer un idioma nacional, y los nacionalistas ucranianos están irritados porque el ruso sigue siendo la lengua predominante. Los marxistas internacionalistas, en cambio, nos oponemos a la imposición de idiomas oficiales o al conferir privilegio estatal para cualquier idioma.20 Exigir que todos los ciudadanos de Ucrania tengan que hablar ucraniano, que los negocios y la enseñanza deben hacerse en ucraniano, como se hace en Estonia y Lituania, es discriminatorio y chovinista y nos oponemos a ello, tal como nos oponemos a la Ley 101 sobre la lengua francesa que busca legislar en Quebec el uso del francés por parte de los angloparlantes y los inmigrantes.21

En suma, la relación de Rusia y Ucrania hoy en día no es la de un amo imperial y un vasallo colonial, sino la de dos estados capitalistas de nivel intermedio, no obstante las diferencias en sus poderes relativos. Canadá y Estados Unidos son países imperialistas, y aunque EE.UU. es mucho más poderoso, no hay una diferencia cualitativa entre ellos. Los marxistas deben tomar en cuenta la larga historia de la opresión que ha sufrido Ucrania a manos del Imperio Ruso zarista y de los estalinistas chovinistas granrusos, pero el nacionalismo ucraniano antirruso no es menos reaccionario (y como todo nacionalismo, burgués). Mientras que combatimos también el nacionalismo ruso en la Ucrania oriental, los trotskistas luchamos por el internacionalismo proletario en contra de todos los explotadores capitalistas, y particularmente en contra de los imperialistas, sus títeres burgueses y sus esbirros fascistas en Ucrania.■


  1. 1. “The New World Order”, The Economist, 22 de marzo.
  2. 2. Véase “¡Abajo el golpe de estado nacionalista y fascista patrocinado por los imperialistas en Ucrania!” en Revolución Permanente No. 4, mayo de 2014.
  3. 3. O según la Real Academia Española: “Actitud y doctrina de quienes propugnan o practican la extensión del dominio de un país sobre otro u otros por medio de la fuerza militar, económica o política”.
  4. 4. Sergei Guriev y Andrei Rachinsky, “The Role of Oligarchs in Russian Capitalism” (el papel de los oligarcas en el capitalismo ruso), Journal of Economic Perspectives, invierno de 2005.
  5. 5. Datos del Banco Mundial: http://data.worldbank.org/indicator/NV.IND.TOTL.ZS
  6. 6. Pröbsting habla a nombre de la Revolutionary Communist International Tendency (RCIT), una escisión que data de 2011 de la Liga por una Quinta Internacional dirigida por el grupo británico Workers Power. A pesar de reclamarse como trotskistas, tanto la RCIT como su progenitor declaran que la IV Internacional está muerta, no sólo organizativamente, sino también programáticamente. Workers Power se formó a partir de una escisión a mediados de los años 1970 de los International Socialists cliffistas. Hoy todas estas corrientes sostienen que China es “capitalista de estado”, justo como hizo Cliff con Rusia durante la primera Guerra Fría. En cada caso han inventado una etiqueta para justificar su rechazo a defender a los estados obreros degenerado y deformados en contra del imperialismo.
  7. 7. Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés), World Investment Report 2013, índice de las 100 principales compañías trasnacionales de las economías en desarrollo y en transición (2011).
  8. 8. Las cifras de esta párrafo sobre inversiones extranjeras directas son de 2012, UNCTAD, World Investment Report 2013, base de datos FDI/TNC.
  9. 9. Aleksei Kuznetsov, “Russian Multinational FDI Outflow Geography: the Emerging Dominance of Greater Europe”, European Researcher [Vol. 67: 1-2, 2014].
  10. 10. “President Vladimir Putin's calls for domestic companies to repatriate their funds back home from offshore jurisdictions have fallen on deaf ears” (“Russian Investors Flock to Virgin Islands After Cypriot Crisis,” Moscow Times, 18 de agosto de 2013).
  11. 11. “Russian Steell Billionaire Mordashov Seeks U.S. Pull Out” (multimillonario acerero ruso Mordashov busca salirse de EE.UU.), Bloomberg, 16 de mayo.
  12. 12. OECD Investment Policy Reviews, Kazakhstan 2012: Foreign Direct Investment in Kazakhstan (2012).
  13. 13. “U.S. Helped Prepare the Way for Kyrgyzstan’s Uprising” (EE.UU. ayudó a preparer la vía para el levantamiento en Kirguistán), New York Times, 30 de marzo de 2005.
  14. 14. Hemos señalado en otro lugar que Grecia no es ni un país semicolonial, ni un país plenamente imperialista, sino una “potencia subimperialista local, cuyos capitalistas son dueños de la más grande flota en el mundo (aunque la mayor parte de sus barcos no naveguen bajo la bandera griega); cuyos bancos han gozado históricamente de una posición privilegiada en la parte oriental del Mediterráneo y que ahora están comprando bancos y compañías a lo largo y ancho de los Balcanes; y que económicamente domina a Macedonia y Albania” (“Greece on the Razor’s Edge” [Grecia al filo de la navaja] en The Internationalist No. 32, enero-febrero de 2011).
  15. 15. S. Pirani, Ukraine’s Gas Sector (Oxford Institue for Energy Studies, junio de 2007).
  16. 16. Un artículo de dos expertos de la Brookings Institution señala: “El hecho simple es que Rusia apoya hoy por hoy a la economía ucraniana con una inyección de al menos 5 mil millones de dólares, y quizás de hasta 10 mil millones, cada año” (Clifford Gaddy y Barry Ickes, “Ukraine: A Prize Neither Russia Nor the West Can Afford to Win”, Brookings, 22 de mayo). Este subsidio no se limita al gas barato, sino que incluye a las manufacturas pesadas y las industrias militares ucranianas, que dependen casi exclusivamente de sus exportaciones a Rusia. Cuando Rusia dejó de ordenar locomotoras y otros vehículos ferroviarios el año pasado, Ucrania perdió miles de millones de dólares, y sus plantas efectivamente fueron cerradas.
  17. 17. Sławomir Matuszak, The Oligarchic Democracy: The Influence of Business Groups on Ukrainian Politics (OSW Studies, 2012).
  18. 18. SIPRI (Instituto de Investigación Internacional para la Paz de Estocolmo), Anuario, 2013.
  19. 19. “World Steel Statistics Data 2013”, World Steel Association, enero de 2014.
  20. 20. “En particular, los socialdemócratas rechazan la imposición de un idioma ‘de estado’” y se oponen a “todo privilegio ‘estatal’ para cualquier idioma” (V.I. Lenin, “Tesis sobre la cuestión nacional”, junio de 1913). Los bolcheviques ni hicieron del ruso la lengua oficial del estado, y de hecho promovieron los idiomas no rusos en la enseñanza y la administración bajo la política de la “korenización” (o indigenización), incluyendo el uso de idiomas minoritarios en distritos con minorías étnicas, entre ellos los rusoparlantes en la parte oriental de Ucrania.
  21. 21. Al mismo tiempo, nos oponemos a las políticas empresariales que exigen el uso del idioma preferido por la administración.