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  julio de 2026

Lecciones de la rebelión: luchar por un gobierno obrero, campesino e indígena

Revolución permanente,
del Altiplano a Wall Street


Trabajadores mineros (FSTMB) y de la COB marchan desde El Alto a la sede del gobierno en La Paz, el 21 de mayo, exigiendo la renuncia del presidente boliviano Rodrigo Paz. Un mes después, la dirigencia cobista traicionó, firmando un acuerdo con Paz, quien en seguida desató el “estado de excepcion”. Urge luchar dentro de las organizaciones obreras por forjar una dirección clasista revolucionaria.  (Foto: Aizar Raldes/AFP)

A los cuatro días de decretar el “estado de excepción”, el gobierno boliviano anunció que las carreteras del país habían sido “limpiadas”, quedando sin bloqueos, después de 50 días de movilización campesina, indígena y popular exigiendo la renuncia del presidente Rodrigo Paz. No hubo baño de sangre debido al “repliegue de los propios sectores movilizados”, según la Defensoría del Pueblo. Distó de ser una victoria del gobierno, que salió del conflicto debilitado. Se trató más bien de una tregua, o un “cuarto intermedio”, como proclamara la Federación Departamental Única de Trabajadores Campesinos de La Paz “Túpac Katari”. Aún después de reanudado el tránsito de camiones cisterna, persisten las largas colas para comprar el todavía escaso combustible, y el esperado alud de inversión extranjera aún está distante, debido al aumento del “riesgo país” (indicador financiero de elevadas tasas de interés).

A muchos de los miles que no se dejaron seducir por el canto de sirena de un “diálogo” con el gobierno de entreguistas y racistas, resultó evidente que se había llegado a los límites de lo que se podría lograr mediante bloqueos y otras “medidas de presión”. En las calles de La Paz se gritó, “¡Pollo Paz afuera!” Pero ¿qué viene después? ¿Edmand Lara como presidente por sucesión constitucional? Este sujeto fue capitán de policía y ganó popularidad al denunciar por TikTok la corrupción de sus colegas, por lo que fue expulsado. Es un político populista burgués conocido por abrir la boca antes de pensar. ¿Elecciones anticipadas? Con la clase media urbana exasperada por el desabasto y exigiendo represión de mano dura, nuevas elecciones podrían llevar al poder a un gobierno aún más derechista.

Desde el inicio. las movilizaciones padecieron de una crisis de dirección y de gran incertidumbre con respecto a cuál sería el objetivo positivo de una victoria. Comenzaron como una serie de protestas en contra de las múltiples medidas anunciadas por Paz que amenazaban el sustento y los derechos de los trabajadores. También fueron animadas por un vivo sentimiento de traición por parte del mandatario. Paz consiguió su triunfo en los comicios del año pasado debido a su postura de derecha moderada. Muchos indígenas y campesinos que durante los últimos 20 años habían votado por el Movimiento al Socialismo (MAS), y lo habían sostenido en el poder hasta su implosión, en ausencia de un candidato afín, votaron por él como mal menor. Pero una vez en el poder, Paz procedió a imponer la agenda de la derecha dura. Entonces, según la justicia tradicional, ya que traicionó, debía ser chicoteado y expulsado.1

¿Y luego? ¿Regresar a los tiempos de los gobiernos del MAS? Imposible. No olvidemos que hace un año hubo bloqueos (evistas) de carreteras en contra del gobierno masista de Luis Arce por su política de combustibles. Y mientras Rodrigo Paz quiere abrir de par en par las puertas a los inversores imperialistas, Evo Morales, incluso tras “renacionalizar” los hidrocarburos de Bolivia en 2006, dejó intactos –e incluso amplió– los contratos con las empresas operadoras extranjeras (en particular Petrobras, Repsol y TotalEnergies) a cambio de quedarse con el grueso de los ingresos. En la minería, aunque en 2006 Morales accedió a la demanda de los mineros del FSTMB (Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia) de regresar la totalidad de la mina de Huanuni a la estatal COMIBOL (Corporación Minera de Bolivia), su mayor empeño fue promover a los mineros cooperativistas, con quienes tuvo una alianza política (luego rota).2

Así, los gobiernos del MAS también eran capitalistas, aunque estaban ligados –y auspiciaban– a otros sectores patronales que sus antecesores, entre ellos una naciente “burguesía aymara” de El Alto, con su propia expresión ideológica del “capitalismo andino-amazónico”, acuñada por Álvaro García Linera, el vicepresidente de Morales. Con la perspectiva de capas de nuevos ricos que quieren aprovechar sus conexiones con el aparato estatal –siguiendo una vieja pauta– los gobiernos masistas estuvieron inmersos en la corrupción. Al mismo tiempo que Morales gozaba de la benevolencia de sectores de izquierda “antineoliberales”, reprimió duramente a trabajadores en lucha, por ejemplo en la huelga general de 2013.3 Es más, el MAS buscó aliarse con los agroindustriales cruceños,4 y recordemos también su brutal represión a la marcha indígena del TIPNIS en septiembre de 2011.

Aunque la derecha racista sataniza al MAS, y a pesar de que se autodenomina “socialista”, es en realidad un partido populista y nacionalista burgués. Desde sus inicios, su función ha sido desviar a los campesinos e indígenas de la lucha revolucionaria junto con los obreros para canalizarlos hacia los pasillos de la podrida “democracia” burguesa. Morales llegó al poder en 2005 luego de ir al rescate del gobierno de Carlos Mesa para evitar una insurrección obrera,4 como también hizo en la “Guerra del Gas” de 2003 después de la huida del odiado presidente Gonzalo (“Goni”) Sánchez de Lozada.5 Al momento de la elección de Morales como presidente boliviano, la Liga por la IV Internacional declaró, “No al ‘capitalismo andino’ del MAS – ¡Luchar por la revolución obrera!”.6

Hacia finales de la reciente movilización, se habló de “radicalizarla”. Pero ¿cómo? La trayectoria de la rebelión campesina, indígena y de trabajadores urbanos ya mostró que no pudo vencer simplemente rodeando e incomunicando a La Paz, como si fuese una nueva edición del alzamiento de Túpac Katari de 1781. En un país como Bolivia, con su tradición de aguerrida lucha proletaria, sobre todo de los mineros, era necesario movilizar la fuerza de la clase obrera para paralizar la economía del país entero. Así, la tarea primordial ha sido, y será en una próxima ronda, organizar una verdadera huelga general efectiva. Habrá que movilizar masivamente a los trabajadores de la ciudad y del campo a fin de desarticular a las fuerzas represivas y a los paramilitares fascistas, aislando a la policía y fraternizando con los soldados, formando comités de soldados y grupos de defensa obrera.

Para vencer no sólo hay que aplastar la represión, sino que hay que preparar el germen del nuevo poder, para sustituir a la caduca clase dominante que en su avanzado estado de decadencia está destruyendo las vidas y el sustento de los que explota y oprime. Sólo la clase obrera, a la cabeza de todos los oprimidos, tiene la fuerza social y el interés de clase para vencer a la entreguista burguesía semicolonial y derribar al raquítico régimen capitalista. Para eso, habrá que formar comités de fábrica y consejos obreros como canales de movilización masiva, más allá de las estructuras sindicales, que podrían constituir un contrapoder proletario –un poder dual, como los soviets en la Revolución Rusa de 1917– que con dirección revolucionaria y el respaldo de consejos campesinos dieron el marco para la revolución socialista del Octubre Rojo.

Esto nos lleva al nudo de la cuestión: el sabotaje y la traición de las dirigencias, en primer lugar, de la alta burocracia sindical de la Central Obrera Boliviana (COB), la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) y de la Confederación General de Trabajadores Fabriles de Bolivia (CGTFB). Son precisamente los que hablaron desde la tribuna del cabildo nacional el 1° de mayo donde convocaron a un “paro general indefinido y movilizado” que nunca efectuaron. Para contrarrestar esta labor de zapa, es necesario quitarles el control del movimiento obrero, construyendo una oposición clasista revolucionaria, que supere al estrecho marco sindical al actuar como tribuno de los oprimidos y sea guiada por un auténtico partido proletario de vanguardia.

¿Con qué programa? La experiencia boliviana –de esta rebelión y de las numerosas del pasado– comprueba la actualidad de la perspectiva de León Trotsky de la revolución permanente.8 Mientras los estalinistas de diversas confesiones pregonan una “revolución democrática”, el trotskismo sostiene que en países de desarrollo capitalista tardío, sujetos a la dominación imperialista, hasta las conquistas democráticas más elementales requieren la toma de poder por parte de la clase obrera, apuntalada por el campesinado, que proceda a la expropiación del capital y la extensión de la revolución socialista a los centros imperialistas. En Bolivia, así como en otros países andinos (Perú, Ecuador) con su gran diversidad de pueblos originarios, habrá que luchar por un gobierno obrero, campesino e indígena.

El Partido Obrero Revolucionario ensalza la Asamblea Popular de 1971, un bloque político con fuerzas nacionalistas burguesas. Los soviets rusos de 1917, en cambio, eran órganos de poder obrero y la base de la Revolución de Octobre. 
(Foto: POR)

En Bolivia actualmente, de las corrientes que se reclaman trotskistas, las dos más notables son el Partido Obrero Revolucionario (POR), de larga trayectoria que se remonta a los años 1930; y la Liga Obrera Revolucionaria – Cuarta Internacional (LOR-CI). El POR se refiere en su periódico a las movilizaciones como un “bloqueo campesino” (Masas, 17 de junio), y llama a la formación de un “frente antiimperialista” de “unidad de la nación oprimida”, republicando un texto de 1988 sobre la cuestión escrito por su dirigente histórico Guillermo Lora (Masas, 10 de junio). Propone una “Asamblea Popular para gobernarnos” (Masas, 6 de junio), tomando como puntos de referencia la Asamblea Popular de 1971, que califica como “el primer soviet de América Latina”, y el Frente Revolucionario Antiimperialista (FRA) que se formó el mismo año.

Vamos por partes. Identificar los bloqueos sólo con los campesinos, que fueron sin duda el componente mayor, es una apología del hecho de que el magisterio paceño, cuyo sindicato es dirigido por partidarios del POR, salió de las protestas después de pocos días tras firmar el 17 de mayo un acuerdo con el gobierno de Paz que les concedió un bono anual (inicialmente de Bs. 2.400) por “gestión de aula”. (Ni siquiera lograron el aumento salarial que figuraba en el pliego petitorio del 1° de mayo.) Así sacrificaron el papel de bisagra que las y los docentes podrían haber cumplido uniendo a los trabajadores urbanos y rurales. En cuanto al “frente antiimperialista”, esta fórmula le ha servido al POR como careta para bloques políticos con fuerzas burguesas, comenzando con el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en 1952, y aún antes.

La política del POR es una extraña mezcla de declaraciones revolucionarias rimbombantes con una práctica de colaboración de clases en momentos clave. Caso concreto: su actuación durante la toma de poder por la extrema derecha en 2019. Luego de calificar (acertadamente) al gobierno del MAS de burgués, el POR participó en la movilización derechista que siguió a las elecciones de octubre como protagonista en los Comités Cívicos del Sur. Éstos convocaron a un “Gran Cabildo Cívico Nacional” en La Paz que resolvió “Mantener y radicalizar las medidas de presión que están llevando adelante los comités cívicos”, sindicatos, etc.9 Así el POR actuó junto a los golpistas fascistoides del Comité Cívico de Santa Cruz, a despecho de sus críticas a su líder, el “facho [Luis Fernando] Camacho”.

Posteriormente en una Conferencia Nacional Extraordinaria de diciembre 2019, el POR calificó de “gravísimo error” el que “el prejuicio de la unidad nos impidió romper públicamente en ese acto [el cabildo nacional] con Camacho”. Aun con esta autocrítica del todo insuficiente sostuvo falsamente que “Morales fue expulsado del poder por una gran movilización popular, NO por un golpe de estado”.10 Así el POR tiene la responsabilidad de haber ayudado a preparar el camino para la instalación del gobierno de facto de Jeanine Áñez, apuntalada por los imperialistas y sus agencias como la OEA (Organización de Estados Americanos). Áñez fue expulsada del Palacio Quemado un año después por una nueva victoria electoral del MAS, de Luis Arce. (Áñez fue luego encarcelada por violar la Constitución, y liberada después de la elección de Rodrigo Paz.)

Lo más emblemático del POR es su alabanza a la Asamblea Popular, maquillada como soviet. Los soviets de 1917 en Rusia eran órganos de poder obrero que se convirtieron en gobierno del naciente estado revolucionario. La Asamblea Popular boliviana de 1971, en cambio, en la que el POR-Masas jugó un papel protagónico, sirvió de sustento al gobierno del general Juan José Torres, quien fue derrocado en el sangriento golpe de estado de Hugo Banzer. Como explicamos en el artículo “Revolución y contrarrevolución en Bolivia” (Spartacist [edición en español] n°18, octubre de 1986),11 la Asamblea Popular de 1971 era “un bloque político con la burocracia de la COB, el partido nacionalista-burgués de Lechín12 y el grueso de la seudoizquierda”, y los que Lora tildó de “nacionalistas con charreteras” representados por la figura del Gral. Torres.

Postular a la Asamblea Popular de 1971 como modelo para una lucha por el poder proletario es un sinsentido; debería figurar en la memoria histórica del movimiento obrero como el caso emblemático del precio en sangre que se paga por la colaboración de clases. El que se avecinaba un golpe de estado era un secreto a voces conocido por todo el mundo. Banzer y otros de los artífices de esta asonada anunciada ya habían sido recluidos (y pronto liberados) por haberlo intentado meses antes. Como el mismo Lora escribiera meses después, “En ese entonces, era idea generalizada –compartida hasta por nosotros marxistas– que las armas serían cedidas por el equipo militar gobernante”. Pero en el momento clave, Torres se rehusó a armar a los trabajadores contra el golpe. ¡Vaya sorpresa! El FRA, formado después de la debacle, fue un abierto frente popular de colaboración de clases.13

Si el centrista POR combina retórica revolucionaria con alianzas con sectores burgueses, la variante centrista representada por la LOR-CI refleja la política “democraticista” de su organización internacional, la Corriente Revolución Permanente (CRP, anteriormente Fracción Trotskista). La LOR-CI estuvo activa en las movilizaciones recientes en El Alto, y periodistas de su red internacional de periódicos digitales, La Izquierda Diario, fueron objeto de una vil caza de brujas en los medios burgueses. La LOR-CI también ensalza la Asamblea Popular de 1971 como paradigma para el triunfo de las movilizaciones,14 y como el POR, la coloca en la misma categoría de los soviets rusos.

En su descripción de tales organizaciones las presentan como ejemplo para “desarrollar formas de autoorganización de masas y sentar las bases de una situación de doble poder” para imponer un gobierno de “democracia directa y la organización desde abajo” (La Izquierda Diario, 5 de junio). Hablan de “nuestras propias formas de auto organización democrática” (Declaración de la LOR-CI, Izquierda Diario, 18 de mayo) y de “La rebelión de los cabildos” (Izquiera Diario , 26 de junio). Y en sus múltiples artículos sobre los bloqueos hacen hincapié en la importancia de “los autoconvocados”, o sea, de los movilizados que no responden a las diferentes organizaciones sindicales. Su enfoque es el de una “democracia” de las bases. Lo que no es, es un programa para movilizar el poder de la clase obrera, lo cual requiere una lucha contra la burocracia dentro de las organizaciones de trabajadores.


Masivo cabildo en El Alto, el 2 de junio. La LOR-CI (filial de la Corriente Revolución Permanente), se orienta a los cabildos como “formas de autorganización democrática”. Los auténticos trotskistas, en cambio, llaman a formar consejos de obreros y campesinos rumbo a la revolución socialista. (Foto: Diario Local / Facebook)

Todo recuerda la otrora consigna favorita de la FT/CRP, cuando llamó una y otra vez y en casi todas partes a la convocatoria de asambleas constituyentes, incluso en Bolivia (¡que ya había tenido 19!) en 2005, cuando era el lema del MAS.15 Al año siguiente éste convocó la vigésima constituyente, que proclamó la nueva constitución política del Estado Plurinacional de Bolivia. Aunque la Constitución de 2009 alcanzó un reconocimiento formal de las 40 (o más) etnias que conforman el país, Bolivia sigue siendo un estado capitalista, como estamos viendo ahora. Hoy por hoy hay un gobierno de los derechistas anti indígenas que controla el aparato represivo, de este “estado plurinacional”. Esto muestra a las claras que la lucha tiene que ser de clase, con una dirección obrera revolucionaria.

Además de distorsionar el sentido de los soviets para quitarles su contenido de clase y convertirlos en una suerte de asambleas de “democracia participativa”, la LOR-CI combina su llamado por “formas de autoorganización democrática” con la finalidad de “establecer un gobierno provisional de las organizaciones surgidas y construidas sobre la base de la lucha”, agregando, a veces, “de los trabajadores y del pueblo”. Para los que se reclaman leninistas y trotskistas, la fórmula llama la atención. Al contrario de luchar por la toma revolucionaria del poder por los obreros, respaldados por los campesinos y comunidades indígenas, pregona una salida democrática (burguesa) de la crisis.

Como explicó Trotsky en su escrito, “Tres concepciones de la revolución rusa” (agosto de 1939), su planteamiento en la Revolución Rusa de 1905 de la revolución permanente era distinto de la política de los mencheviques, que preconizaban la toma del poder por la burguesía; y la posición de Lenin, que en aquel entonces abogó por “un gobierno provisional revolucionario, equivalente a la dictadura democrática del proletariado y del campesinado”16 (la cual, como él explicó, sería una “revolución democrático-burguesa”17 encabezada por el campesinado y apoyada por el proletariado), antes de pasar en los hechos a las conclusiones de Trotsky en sus famosas “Tesis de Abril” de 1917, cuando lanzó la consiga “todo el poder a los soviets,” o sea, la revolución obrera.

Como escribiera Trotsky en “Tres concepciones”:

“La perspectiva de la revolución permanente puede resumirse en estas palabras: la victoria total de la revolución democrática en Rusia es inconcebible de otra manera que a través de la dictadura del proletariado apoyada en el campesinado. La dictadura del proletariado, que inevitablemente pondrá a la orden del día no sólo tareas democráticas sino también socialistas, dará al mismo tiempo un poderoso impulso a la revolución socialista internacional. Sólo el triunfo del proletariado en Occidente evitará la restauración burguesa y permitirá construir el socialismo hasta sus últimas consecuencias.”

Esta perspectiva teórico-programática retiene toda su validez hoy en día. Ya constatamos en la rebelión de 50 días la incapacidad de los campesinos, indígenas y pobladores urbanos pobres de tomar el poder. La clave fue, como sigue siendo, luchar para que la clase obrera pase a ser la fuerza dirigente, con la meta de una revolución socialista que se encamine hacia los centros imperialistas.

Como ya explicamos, la actual crisis boliviana no es sólo nacional, sino que refleja el auge de fuerzas de ultraderecha alrededor del continente. Tiene su origen en el empuje del imperialismo norteamericano decadente bajo Donald Trump de reforzar su dominio sobre lo que él y sus contrincantes demócratas ven como su “patio trasero”, secuestrando al presidente venezolano y robando el petróleo de ese país, y ahora privando a Cuba de combustible para luego tratar de “tomar” la isla rebelde. No se limita a colocar marionetas fascistoides en las sillas presidenciales de Argentina, Chile, Colombia, El Salvador, Honduras y Perú, sino que impone programas de saqueo imperialista y privatización a ultranza, tal como el de Rodrigo Paz en 2025 que, como el de Víctor Paz Estenssoro en 1985, fue diseñado por economistas de la Universidad Harvard, en beneficio de la alta finanza capitalista.

Es así que la sublevación de las masas trabajadoras bolivianas, comenzando como rebelión popular, sólo puede triunfar como revolución obrera. Ésta requiere un partido obrero comunista, leninista y trotskista, basado en el auténtico programa de la revolución permanente, para liderarla. Su mensaje internacionalista retumbaría desde el Altiplano y la selva amazónica hasta los cañones de concreto de Wall Street. Forjar el núcleo de tal partido bolchevique es la perspectiva la Liga por la IV Internacional. ■


  1. 1. Lo que le pasó, literalmente, al alcalde de Caranavi, y a otros cuantos, por haber pactado con Rodrigo Paz a espaldas de la comunidad.
  2. 2. De hecho, Morales había atizado a los mineros cooperativistas (entre los cuales hay tanto trabajadores empobrecidos como pequeños patrones que actúan como contratistas) a lanzar una guerra contra los mineros asalariados de la COMIBOL. Ver “Bolivia: Evo Morales Against the Workers and Oppressed” (en inglés), The Internationalist, septiembre de 2007.
  3. 3. Ver “Bolivia: Evo Morales desata brutal represión contra huelga general”, Revolución Permanente n° 3, octubre de 2013.
  4. 4. Por ejemplo, aprobando al menos ocho leyes autorizando la quema de zonas forestales en la “frontera agrícola” (ver El Deber, 13 de septiembre de 2024). Asimismo, su “nacionalización” de los hidrocarburos concedió el 18% de los ingresos provenientes de las operadoras extranjeras al gobierno departamental de Santa Cruz por concepto de “regalías”, reforzando así la dependencia estructural de la burguesía cruceña para con el imperialismo.
  5. 5. Ver “Bolivia estalla: encarnizada batalla de clases”, El Internacionalista, 1° de junio de 2005; y “Bolivia estuvo ‘al borde de la guerra civil’”, El Internacionalista, 10 de junio de 2005.
  6. 6. Ver “Bolivia: Levantamiento obrero apuñalado, los trabajadores todavía en pie de lucha”, El Internacionalista n° 4, mayo de 2004.
  7. 7. Ver “Elecciones en Bolivia: Evo Morales en la cuerda floja”, El Internacionalista, diciembre de 2005.
  8. 8. Ver el apéndice sobre “La revolución permanente de Trotsky y América Latina”, en el libro de S. Sándor John, El trotskismo boliviano: Revolución permanente en el Altiplano (Plural Editores, 2016).
  9. 9. Masas n° 2611, 15 de noviembre de 2019. Curiosamente, ese número y todos los números de finales de 2019 no figuran en el acervo de Masas disponible en Internet.
  10. 10. Partido Obrero Revolucionario, Conferencia Nacional Extraordinaria 2019, La caída del gobierno de Evo Morales  (Cochabamba, diciembre 2019).
  11. 11. La tendencia espartaquista internacional, luego la Liga Comunista Internacionalista Internacional (LCI), fue la organización antecesora de la Liga por la IV Internacional. La renacida LCI de hoy ha abrazado a la consigna antitrotskista de un “frente único antiimperialista” para hacer bloques políticos con nacionalistas burgueses, por lo que ella y el POR publican artículos de uno y otro.
  12. 12. Lechín, secretario ejecutivo de la COB desde su fundación en 1952 hasta 1987, era durante décadas un dirigente principal del MNR hasta que en 1963 formó su propio partido nacionalista burgués, el PRIN (Partido Revolucionario de la Izquierda Nacionalista). En la Asamblea Popular del 71, el MNR tuvo el mayor bloque sindical.
  13. 13. Para una discusión de la Asamblea Popular de 1971, ver el capítulo VI sobre “‘El primer soviet de América’” en el libro de S. Sándor John, El trotskismo boliviano, pp. 269-290.
  14. 14. “Rebelión en Bolivia: tiempo de definiciones y encrucijadas estratégicas”, Izquierda Diario, 2 de junio.
  15. 15. Ver “El trotskismo versus la manía por asambleas constituyentes por doquier” (El Internacionalista n° 7, mayo de 2009). En ese artículo comentanos erróneamente que Bolivia era campeón mundial en asambleas constituyentes; resulta que el título retiene la República Dominicana con 32 hasta la fecha, seguido por Venezuela (26) y Haiti (24), mientras hay un empate entre Ecuador y Bolivia, con 20 cada uno.
  16. 16. V.I. Lenin, “Sobre el gobierno provisional revolucionario” (mayo de 1905).
  17. 17. V.I. Lenin, Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática (junio-julio de 1905).