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  julio de 2026

¡Urge acción obrera internacional para romper el bloqueo energético!

¡Alerta Cuba! Es la hora cero
para defender la Revolución

Las 176 medidas: amenaza de restauración capitalista
¡Rechazar las privatizaciones! ¡Control obrero, ya!

La disyuntiva: La burocracia cede a la presión imperialista
La clave: Construir una verdadera oposición comunista


¡NO A LA PRIVATIZACIÓN! Trabajadores de la Unión Eléctrica durante mantenimiento de la central termoeléctrica de Camagüey, abril de 2025. Las obras construidas por el esfuerzo y sudor de la clase obrera no deben ser entregadas a los capitalistas. (Foto: Abel Padrón Padilla / Cubadebate)

El 17 y 18 de junio, con una prisa alarmante, el alto mando del Partido Comunista de Cuba (PCC) presentó, votó e hizo aprobar por la Asamblea Nacional Popular (ANPP) un guion de “transformaciones económicas y sociales” que, si son aplicadas, aun parcialmente, podrían desatar un frenesí de privatizaciones que amenazaría los cimientos y las conquistas históricas de la Revolución Cubana. Sin embargo, la posible aplicación de estas medidas es una interrogante mayor para un país bajo asedio de la potencia imperialista más poderosa del mundo, un país que carece de divisas, en donde no hay capital para invertir y, en primerísimo lugar, donde no hay combustible. Resulta obvio que las 176 medidas son una oferta para plegarse a las exigencias del gobierno de Donald Trump, pero no hay ningún indicio que el destinatario esté interesado. Muy por el contrario.

El hecho es que el imperialismo yanqui está haciendo lo posible para someter a la isla a la asfixia energética mientras insiste en un “cambio de régimen”. Continúa así la política que ha sido la constante de todas las administraciones en Washington desde 1960: arrasar el “peligro comunista” a sus puertas. Es difícil vislumbrar que las inversiones, incluso compras de empresas estatales, se produzcan con el Partido Comunista al mando. Los gusanos contrarrevolucionarios de Miami nunca reconocerán los derechos de propiedad de nadie que haya tratado con los mandatarios actuales. En cambio, resulta fácil comprender los estragos que causarían los despidos y la eliminación de subsidios de productos, previstos por las “transformaciones”. Por muy insuficientes que sean los suministros de la libreta de abastecimiento, son esenciales.

El pueblo cubano se encuentra hoy entre la espada del Comando Sur estadounidense y la pared de la asfixia energética. Las medidas aprobadas por el gobierno sobrepasan con mucho una “reforma”, son la negación de la economía socializada. Resultan del chantaje imperialista, no de la ineficiencia de la industria estatal desprovista de insumos. Serán los trabajadores quienes paguen el precio de la privatización, incremental o galopante. Por eso mismo hay que organizar la oposición a ella desde dentro del movimiento obrero. Habrá, seguro, resistencia de parte de los jefes. Se plantearía entonces una crisis política que es urgente enfrentar ahora, antes que sea demasiado tarde. Su resolución dependerá de ampliar el debate a la clase obrera en su conjunto, y a todos los comprometidos con la Revolución.

Cada una de las 176 medidas requiere legislación u otra acción para su aplicación. Cuando se habla cínicamente de despidos (“los trabajadores que cesan el vínculo laboral”) se especifica que sea “previa evaluación en el órgano colegiado de dirección, de común acuerdo con la organización sindical y análisis en la asamblea de afiliados y trabajadores”. Entonces habrá que darles fuerte en reuniones del colectivo y, ante la negativa de los directivos, imponer el control obrero. Como los problemas de suministros que acechan a la economía cubana no se resolverán al nivel de una sola empresa, se plantearía la necesidad de formar comités de planta o de lugar de trabajo, de unirlos en consejos obreros para defender las conquistas de la Revolución y de convocar una asamblea nacional de trabajadores de la economía socializada.1

Hay que hacer patente que sí hay una alternativa a la rendición: luchar. Y ante una crisis desatada por una arremetida imperialista, esta lucha tiene que ser, ante todo, internacional. Por muy valientes que son los trabajadores cubanos –lidiando con condiciones infernales, con apagones constantes, a veces de más de 24 horas en toda la isla, con escasez y faltas de todo– para vencer a un enemigo despiadado hay que movilizar las fuerzas de la clase obrera en toda América. Más allá del sádico Trump, son responsables del calvario del pueblo cubano los presidentes “progresistas” de Brasil, Lula da Silva, y de México, Claudia Sheinbaum, que se han rehusado a enviar petróleo a la asediada isla. Los revolucionarios proletarios y trabajadores con conciencia de clase del hemisferio entero deben movilizarse para romper el bloqueo energético a Cuba: ¡urge acción obrera para enviar combustible a Cuba, ya!

La defensa de Cuba requiere también luchar por la independencia política de clase de los trabajadores. Aunque muchos “amigos de Cuba” y gran parte de los dirigentes cubanos añoran la época de Barack Obama, cuando el presidente de EE.UU. viajó a La Habana, su gobierno no levantó las sanciones que han asfixiado la economía de la isla. El Partido Demócrata siempre ha sido y seguirá siendo un pilar del imperialismo yanqui, persiguiendo los mismos objetivos fundamentales que John F. Kennedy: la subyugación de Cuba al capital imperialista. También en América Latina, la política de frentes populares con sectores burgueses de muchas campañas de “solidaridad con Cuba” puede obstaculizar una solidaridad efectiva en momentos decisivos. En cambio, la resistencia al imperialismo en cualquier parte del mundo ayuda a Cuba (como el que Trump esté empantanado en su guerra contra Irán le dificulta atacar militarmente a la isla).

La agobiante crisis cubana exige una respuesta política revolucionaria. Las 176 medidas son la respuesta desesperante de los mandatarios del burocráticamente deformado estado obrero cubano, que no ven alternativa a la claudicación ante la fuerza económica superior del imperio del norte. Con su visión nacionalista, han seguido el imposible sueño estalinista de “coexistencia pacífica” con el imperialismo, el corolario del dogma del “socialismo en un solo país”, antítesis del programa leninista de la revolución socialista internacional. Lo que resultó imposible para la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el país más grande del mundo, es aún menos factible para una pequeña nación a “sólo 90 millas” de EE.UU. La urgente defensa de Cuba depende de forjar una dirección auténticamente comunista, y de extender la revolución a las “entrañas del monstruo” imperialista, como dijera José Martí.

EE.UU. busca cortar todo comercio con Cuba

La Asemblea Nacional de Poder Popular vota unánimamente a favor de las "176 medidas" que ponen en peligro la economía socializada de Cuba. ¡No a las privatizaciones! (Foto: Radio 3 Cadena Patagonia)

Las “Transformaciones económicas y sociales” fueron presentadas por el presidente cubano y primer secretario, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ante el Comité Central del PCC, y por el miembro del Buró Político y primer ministro, Manuel Marrero Cruz, ante la ANPP, y avaladas explícitamente por el ex presidente Raúl Castro Ruz. Contienen todo un abanico de medidas que van contra la médula del sistema económico socializado. Incluyen: “Transformar las empresas estatales socialistas en sociedad mercantil por acciones o participaciones”, sólo garantizando en las estratégicas que el estado tenga una “presencia mayoritaria”. También la venta de empresas estatales a personas o entidades “nacionales y extranjeras”; el “transitar hacia un modelo de planificación financiera” siguiendo “las señales del mercado”; la introducción de bancos privados. Pone sobre la mesa el monopolio estatal del comercio exterior, y mucho más.

Implementar este guion, como hemos señalado, resultaría en el desmantelamiento de la economía planificada, y en privatizaciones que, dada la ausencia de grandes capitales en Cuba, dentro de poco haría de Cuba otra neocolonia de Estados Unidos. Sin embargo, aunque muy detallado, no tiene una coherencia integral. Se trata de una lista de ofertas que parece más bien un catálogo de bienes raíces a la venta. ¿Ud., dueño de un mipyme,2 quiere expandir su empresa? Ya puede contratar más de 100 empleados. ¿Ud., señor inversor norteamericano, quiere comprar propiedades para el turismo? Se permite la inversión extranjera hasta en La Habana Vieja, y para que no hay duda, “los negocios inmobiliarios puedan realizar operaciones de compraventa de unidades residenciales”. Etc., etc. Ahora bien, que se encuentre comprador, es otra cuestión.

El aspirante emperador Donald Trump y su virrey Marco Rubio, marzo de 2026: los piratas yanquis quieren "tomar" la isla rebelde después de asfixiarla con su bloqueo de combustibles. ¡Defender a la Revolución Cubana!  (Foto: Nathan Howard / Reuters)

Hablando en la cumbre de Caricom3 en la isla de St. Kitts el 25 de febrero, el secretario de estado de EE.UU. Marco Rubio dijo acerca de Cuba, “si quieren hacer esas reformas drásticas que abran el espacio tanto para la libertad económica como en algún momento política para el pueblo de Cuba, es algo que evidentemente a Estados Unidos le gustaría ver. Seríamos de ayuda.” Las medidas aprobadas el 17/18 de junio parecen ser hechas a la medida de estos planteamientos. Pero cuando el 16 de marzo el viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva declaró que “Cuba está abierta a mantener una relación comercial fluida con empresas estadounidenses”, el gusano Rubio respondió de inmediato que eso no sería suficiente, que “deben poner gente nueva al mando”. Donald Trump fue más explícito: dijo que Díaz-Canel debe irse.

EE.UU. luego emitió una serie de mandatos que imposibilitan toda relación comercial con Cuba. El 1° de mayo, Trump firmó la Orden Ejecutiva 14404 que impone sanciones a toda persona o empresa que “haya prestado asistencia material, patrocinado o proporcionado apoyo financiero, material o tecnológico, o suministrado bienes o servicios al Gobierno de Cuba”. En particular se enfocó en los sectores de energía, minería y servicios financieros. Apuntó a la empresa minera conjunta Moa Nickel S.A., productora de níquel y cobalto. Su operadora canadiense Sherritt cerró operaciones en la mina en junio. Les dio a los bancos hasta el 5 de junio para cortar relaciones con Fincimex, parte del conglomerado de las fuerzas armadas cubanas GAESA. El 6 de junio dejaron de funcionar en Cuba las tarjetas Visa y Mastercard.

Además del cerco total de combustibles, que ha obligado a diez aerolíneas a cancelar el servicio a la isla, la OE 14404 busca hacer imposible casi todo comercio con Cuba. Ya en mayo, dos de las mayores navieras del mundo, Hapag-Lloyd y CMA CGM, suspendieron operaciones para el país, como también hicieron las cadenas hoteleras Melilla e Iberostar. El 10 de junio, el secretario de estado Rubio impuso sanciones a la petrolera estatal cubana Cupet. Después de que Cuba autorizara en febrero la importación de petróleo por particulares, lo que advertimos abre la puerta al chantaje imperialista, una empresa floridense, Vanguard Energy, anunció planes de enviar cargamentos de hasta 250,000 barriles en un tanquero. Pero pronto fue obligada a cancelar el proyecto porque el combustible se iba a almacenar en instalaciones alquiladas de la Cupet.

El blanco principal de la Orden Ejecutiva trumpiana es GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), un conglomerado comercial dentro de la estructura de las Fuerzas Armadas Revolucionarias creado durante el Período Especial de los años 1990 para combatir el cerco económico tendido en torno a Cuba. Tiene una red de instalaciones turísticas (Grupo Gaviota), maneja algunos supermercados y gasolineras, gestiona el puerto de Mariel, todo relacionado con captar divisas. Con un lenguaje tildado como “opaco”, “secreto” y “estado mafioso dentro del estado”, la maquinaria de mentiras imperialista y gusana ha tratado de dibujar a GAESA como un ogro precisamente porque ha sido un arma clave para defender a Cuba contra la cruenta guerra económica que el imperialismo yanqui ha librado contra ella durante 65 largos años.


Manifestantes en La Habana, al almanecer del 1° de mayo de 2026. Cientos de miles salieron a la calle en el Día de los Trabajadores para desafiar al bloqueo, marchando frente a la embajada de EE.UU.. (Foto: Anadolu)

Para atraer la deseada inversión extranjera imaginada en las 176 “transformaciones” se necesita la aprobación de Washington. Este aval no se obtuvo, ni se va a obtener, porque lo que el imperialismo busca es derribar la Revolución Cubana. Esa es la “lógica” de la ridícula acusación judicial en mayo contra el líder cubano Raúl Castro por el (justificado) derribo del avión de los provocadores “Hermanos al Rescate” en 1996. Luego, el 23 de junio, un vocero de Washington calificó a las 176 medidas cubanas de “muy tardías y, al final, no más que señales de humo superficiales” de La Habana. Asimismo se impusieron nuevas sanciones contra cinco empresas, entre ellas dos que gestionan casi todas las transacciones internacionales de Cuba y una que es la principal agencia de almacenaje para el estado, empresas privadas y extranjeras.

En resumen, las “transformaciones” cubanas no van a tener una acogida positiva por parte del gobierno Trump, y sin eso es casi imposible que puedan atraer la inversión extranjera para aumentar la producción (y la productividad, que depende de la introducción de nueva tecnología). Simplemente para sobrevivir con un mínimo nivel de vida es preciso romper el cerco energético, y cualquier avance exige eliminar o reducir sustancialmente el bloqueo económico que se remonta a comienzos de los años 1960. Una sustancial privatización de la industria, energía, comunicaciones, etc., no va a lograr el supuesto aumento de eficiencia, por muy rígidas que pueden ser las empresas estatales. Y mientras tanto, los despidos en masa y aumentos de precios para artículos de primera necesidad resultantes podrían producir disturbios internos . . . y un éxodo masivo.

Abandono de la economía planificada golpearía a los trabajadores


Libreta de abastecimiento. A pesar de lo limitado de los suministros, eliminar los subsidios puede producir hambre para los trabajadores y la población empobrecida. (Foto:  Otmaro Rodríguez / OnCuba)

La dirigencia del PCC insiste una y otra vez en que la finalidad de las 176 medidas es “avanzar en la defensa del socialismo” (Díaz-Canel, en el pleno del Comité Central del PCC, el 17 de junio); es “preservar las conquistas de la Revolución y garantizar la continuidad del socialismo” (el primer ministro Manuel Marrero Cruz, en la ANPP el 18 de junio). “¡No nos proponemos ni jamás estará en nuestros propósitos la restauración del capitalismo en Cuba! Se trata … de salvar la Revolución y sus innegables conquistas sociales, porque no renunciaremos nunca a la aspiración mayoritaria de construcción socialista” (Díaz-Canel en el Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba [CTC]).4 Ahí mismo habló de salvar “la orientación socialista de la economía”. ¿Aspiración? ¿Orientación? Es la realidad de la economía socializada la que está en juego.

En los hechos, las medidas minan los fundamentos del estado obrero. A la importación de combustibles por entidades capitalistas privadas y extranjeras, de la que ya señalamos su peligrosidad, se agrega ahora la facultad para entidades estatales, municipios y cooperativas de exportar, importar y retener ingresos en divisas; el permiso a “personas naturales” (individuos) de hacer “importaciones con carácter comercial, por la vía no comercial”; y el formalizar la “dolarización parcial de la economía”. Aunque se diga que tales medidas “no implica[n] otorgar facultades de comercio exterior”, en realidad atentan contra el monopolio estatal del mismo. Aunado al esfuerzo de fomentar, por múltiples medidas, un sector capitalista (“actores económicos no estatales”) sustancial, el conjunto amenaza los pilares de la economía socializada de Cuba.

Se habla, en las 176 medidas, de “transitar hacia un modelo de planificación financiera, donde el Estado abandona progresivamente la distribución física de recursos, dando mayor participación a las señales del mercado”. Esto equivale al abandono de una economía planificada. La planeación según indicadores financieros no tiene nada de socialista, es practicada por varios países capitalistas. Francia, por ejemplo, la adoptó después de la Segunda Guerra Mundial, estableciendo una Comisaría de Planificación que existió hasta el 2006. Aunque tal “planificación indicativa” puede orientar el desarrollo de diferentes sectores a mediano o largo plazo, en el funcionamiento a diario de la economía, sería el mercado y la ley del valor (capitalista) los que deciden qué producir, y no una decisión basada en necesidades sociales.

Dado que el monopolio estatal del comercio exterior, la planificación económica y el sector estatal serían debilitados y puestos en peligro bajo el impacto de las 176 medidas, ¿cómo es que la burocracia que dirige el estado cubano puede insistir en que estarían defendiendo o salvando al socialismo? Cuando hablan del “socialismo”, casi siempre señalan a la educación y la salud públicas, que sí son grandes conquistas de la Revolución Cubana, y un faro para toda América Latina. Sin embargo, aunque son logros de una economía socializada y el PCC jura que se mantendrá la gratuidad, eso de por sí no es incompatible con un capitalismo marca socialdemócrata, y en realidad estas joyas y objetos de orgullo serían socavados en una economía regida por el mercado.

Los dirigentes del PCC también prometen que van a velar por la “justicia social”, que las transformaciones producirán “más riquezas” que van a distribuir “con la mayor justicia social que se pueda lograr” (Díaz-Canel a la CTC). Sin embargo, no hay ninguna garantía de que los cambios libremercadistas aumentarán la producción mientras es seguro que producirán mayor desigualdad (es incluso su intención, en el CC él mismo llamó a “producir con equidad, no con igualitarismos”). Y la eliminación de subsidios a productos de primera necesidad, la introducción de salarios diferenciados y el aumento de despidos serán, por definición, actos de injusticia social que todos los trabajadores con conciencia de clase y auténticos comunistas deben resistir con la acción obrera. Hablando sin rodeos, las promesas de riquezas futuras no dan de comer.

¿“Modelos” chino y vietnamita?
El imperialismo yanqui lo impide

Se habla mucho del “modelo chino” o vietnamita (se realizó “un estudio de las experiencias de la construcción socialista en otros países como China y Vietnam” dijo Díaz-Canel en el CC). En muchos aspectos, las estructuras proyectadas se asemejan a las de China después de 2013, con ciertas salvedades importantes. En China, algunos sectores estratégicos siguen siendo 100 por ciento estatales, como la transmisión eléctrica (un monopolio natural) y la energía nuclear, mientras en otros las empresas operadoras en sectores como petróleo, metalúrgica no ferrosa, transporte aéreo y ferroviario tienen inversión privada y extranjera minoritaria, pero están controladas por sociedades matrices que son de propiedad estatal al 100 por ciento.5 En las 176 medidas cubanas, en cambio, no se mencionan empresas que sigan siendo de propiedad estatal exclusiva.

Más allá de la estructura formal, el entorno socioeconómico y geopolítico es bien distinto. En China, luego de la conversión de varias empresas estatales en sociedades anónimas, se atrajo grandes sumas de financiamiento de bancos comerciales aprovechando la altísima tasa de ahorro doméstico. Además, contraron con un enorme flujo de inversión extranjera, incluso de grandes “multinacionales”, ansiosas de entrar al inmenso mercado chino. En Cuba, los bancos carecen de una base de ahorros para la inversión, y los inversionistas internacionales huyen debido a las sanciones y la crisis energética. Y mientras China recibió inversiones de capitalistas chinos de Taiwán y Hong Kong (ejemplo, las fábricas de Foxconn), salvo pocas excepciones, los capitalistas cubanos en el exilio no invertirán en la isla gobernada por el Partido Comunista.

La situación de Vietnam es, en líneas generales, parecida a la de China, pero con una proporción aún mayor de inversión extranjera, sobre todo de la región, en los sectores exportadores. La nueva política adoptada por el PC cubano se asemeja a la de los que los maoístas chinos tildaron de “seguidores de la vía capitalista” como Deng Xiaoping. En los hechos llevó al crecimiento inédito tanto del sector estatal como del sector capitalista, que representa un peligro para la economía socializada. En Cuba, debido a la fragilidad de una economía que lleva 65 años sometida a un bloqueo criminal, el que ahora se ha intensificado al punto de la asfixia, las mismas medidas de libre mercado podrían provocar un colapso que las fuerzas capitalistas intentarían aprovechar para fomentar una contrarrevolución sangrienta.

Pensar que privatizaciones y la apertura de Cuba al mercado capitalista mundial pueden “salvar el socialismo” es vivir en un mundo de fantasías. En todo caso, ni las riquezas prometidas de inversiones extranjeras ni una mayor productividad serán posibles en la actual situación de bloqueo casi total. Díaz-Canel puede insistir que las “transformaciones” son “una decisión soberana de Cuba”, que no son “fruto de concesiones ante las amenazas de Estados Unidos” ni responden a exigencias en las discusiones bilaterales. Pero si el aspirante emperador Donald Trump y su virrey Marco Rubio no dan su visto bueno, los grandes consorcios capitalistas no van a aprovechar las ofertas: habrán nacido muertas. Y la Casa Blanca y el Departamento de Estado ya dieron su negativa.

Para la dirigencia del PCC se trata del viejo sueño estalinista de la “coexistencia pacífica”, pero el enemigo no es nada pacífico, ni está interesado en coexistir. Por el momento, sólo empresas rusas y chinas se han mostrado interesadas, las otras temen las sanciones. No se puede descartar que algún inversionista yanqui excéntrico pudiera pensar en invertir en Cuba, pero necesitaría alguna garantía de que eventualmente el gobierno estadounidense lo legalizaría, como Trump y Rubio están haciendo con empresas petroleras norteamericanas en Venezuela. Aun así, para los enloquecidos contrarrevolucionarios de la gusanera de Miami, como la Fundación Nacional Cubano Americana que se ha hecho un baluarte del Partido Republicano en Florida, su condición sine qua non (fundamental) es la destrucción del Partido Comunista y el arresto –o peor– de sus dirigentes.

La gusanera de la Florida busca la destrucción del Partido Comunista. En la foto: Enrique Tarrio, líder gusano del grupo fascista Proud Boys, marcha en Miami, el 16 de julio de 2021. (Foto: Eva Marie Uzcategui / AFP)

Siendo que debe ser obvio para todos que los inversores extranjeros no van a hacer cola para colocar sus dineros en una Cuba gobernada por el PCC, existe la otra posibilidad, de que se vendan, subasten o simplemente pasen propiedades del estado a quienes estén más familiarizadas con ellas: elementos de la burocracia, o sus familiares. En China, que sigue siendo un estado obrero burocráticamente deformado a pesar del crecimiento de un sustancial –y peligroso– sector capitalista de la economía, algunos hijos de altos burócratas se volvieron jefes de empresas debido a sus conexiones con las altas esferas del poder. No puede descartarse que algo parecido pase en Cuba. Eso subraya la importancia de movilizar a los trabajadores para usar su fuerza contra las privatizaciones, en particular cuando se trata de proto-burgueses locales.

Resistir paso a paso la entrega de la economía socializada

Mientras la soñada ola de inversiones extranjeras no se va a concretar, lo que sí viene son la eliminación de los subsidios, los despidos, el alza feroz de los precios para alimentos y otras necesidades: todos estos son ataques contra los trabajadores, que hay que rechazar y resistir. Las medidas que realmente urgen van en la dirección contraria: movilizar la creatividad y el poder de los trabajadores, luchando por el control obrero en las empresas para imponer la voluntad del colectivo en contra de aquellos gerentes pequeñoburgueses que sueñan con privatizarlas (y aliándose con los jefes que rechacen la privatización). Hay que trabar con la movilización obrera a los capitalistas extranjeros que buscan comprar a precios de ganga lo creado por el esfuerzo y sudor de los trabajadores cubanos. ¿Hay sospecha de corrupción en GAESA? ¡Qué una comisión obrera inspeccione sus libros de contabilidad defendiendo la economía socializada!

Díaz-Canel dijo en el Congreso de la CTC, “Nadie hasta hoy explicó, mucho menos probó en la práctica, cómo se construye el socialismo en una nación bajo las condiciones de asedio que soporta Cuba por parte de la mayor potencia del mundo desde los inicios mismos del triunfo de la Revolución,…” Esto va al nudo del asunto. No se puede “construir el socialismo en un solo país” según la tesis de Stalin, y sobre todo en un pequeño país a las puertas del imperialismo yanqui, sino que se requiere una lucha obrera internacional, que se extienda a toda América Latina y hasta el corazón del imperialismo norteamericano. Una resistencia de los trabajadores en Cuba en contra de medidas semejantes a las que están imponiendo a los obreros, campesinos e indígenas en Bolivia podría inspirar una respuesta proletaria en todo el continente.

Aunque Trump ha impuesto un bloqueo total a Cuba, no tiene “todas las fichas”, como suele decir. El mandatario en Washington quiere repetir su golpe de mano venezolano, cuando secuestró al presidente Nicolás Maduro y se adueñó del petróleo del país. Pensó en repetir la “hazaña” en contra de Irán, con un resultado desastroso para la hegemonía de EE.UU. Y Venezuela no es igual a Cuba. El gobierno “bolivariano” era, y es, un régimen nacionalista burgués, basado en una economía capitalista con todas las contradicciones que esto conlleva. En cambio, Cuba es, y ha sido durante décadas, un estado obrero, aunque deformado por el gobierno burocrático, con una economía socializada. El estado cubano tiene una coherencia que al régimen venezolano le faltó.

El régimen de Stalin y sus herederos en la Unión Soviética, luego de siete décadas en el poder, finalmente sucumbió a la presión económica y militar del imperialismo en 1989-1992. Contra la ilusoria política nacionalista del estalinismo, León Trotsky –codirigente junto con Lenin de la Revolución de Octubre de 1917– esbozó la perspectiva de la revolución permanente. Ésta sostiene que en países bajo el yugo imperialista, hasta las tareas democráticas, como una verdadera independencia nacional, sólo pueden lograrse mediante la toma de poder por el proletariado, apuntalado por el campesinado, y la extensión de la revolución socialista a los países imperialistas mismos. Los auténticos trotskistas siempre defendieron a la URSS, como hoy defienden a Cuba, China, Vietnam y Corea del Norte contra el asedio imperialista y la contrarrevolución.

El gobierno cubano es burocrático, no cabe duda. El haber aprobado las 176 medidas que implican un cambio fundamental en el sistema económico cubano entero, con voto unánime, en sendas reuniones del CC del PCC y de la ANPP, en sólo 48 horas, es prueba inapelable de ello. Una verdadera democracia obrera revolucionaria habría dado lugar a un vivo debate sobre estas “transformaciones” que no pueden sino causar estragos en los presupuestos familiares de los trabajadores. En Bolivia, al decretar en diciembre de 2025 un paquetazo que eliminó subsidios a los combustibles, el gobierno reaccionario subió el salario mínimo a un monto totalmente inadecuado de Bs. 3.300, equivalente de US$316. En el paquetazo cubano, el nuevo salario mínimo será CUP 3,120, equivalente a US$5, ¡imposible para satisfacer las necesidades básicas a precio de mercado!

Entonces, si es que los trabajadores realmente tienen “voz y voto”, como sostuvo Díaz-Canel ante el Congreso de la CTC, si determinan el rumbo del país, como debe ser en un estado obrero, entonces para los auténticos comunistas es imprescindible oponerse y organizar el rechazo a estas medidas antiobreras, que pretenden vender el patrimonio de los trabajadores al capital. Pero una resistencia seria contra esta política desastrosa no puede ser meramente reactiva, tiene que presentar una alternativa. Para defender la economía socializada y las conquistas de la Revolución Cubana, es necesaria una revolución política proletaria, basada en una asamblea de consejos obreros. Y el punto central de tal política marxista revolucionaria es que no hay solución tan solo en el estrecho marco de una Cuba asediada al punto de la asfixia. Hay que escalar la lucha al nivel internacional. Para empezar, toca apelar a los trabajadores de América Latina a exigir a sus gobiernos –e imponer con la acción obrera– el envío inmediato de petróleo a Cuba.

Ante la postura capituladora de la capa gobernante, los verdaderos comunistas deben utilizar brechas en el muro burocrático para defender los intereses de la clase obrera y la Revolución. En una intervención en el Congreso de la CTC, Díaz-Canel admitió que “dentro del pueblo” hay “personas que tienen dudas y que están preocupadas con el impacto que las medidas puedan tener en la construcción socialista”, afirmando que “es para bien” porque también “están defendiendo la Revolución”. Entonces, cuando en debates sobre cesantías, por ejemplo, los burócratas buscan callar la oposición, vale citar esto. Cuando el primer secretario del PCC afirma que “la Empresa Estatal Socialista … seguirá siendo el pilar fundamental de la economía” (discurso en el CC), se puede recordarles estas palabras cuando traten de venderlas (o partes de ellas) a postores capitalistas.

Esto no significa que haya que rechazar toda privatización menor: la estatización en Cuba a veces llegó a un extremo y sectores pequeñoburgueses pueden hacer un aporte valioso a la construcción socialista. A veces sí hay que dar un paso atrás, como en la NEP (Nueva Política Económica) de los años 1920 en la URSS. Pero esa política temporal, que se ha citado hasta el cansancio para justificar reformas pro capitalistas en Cuba, está a años luz de las 176 medidas que atentan contra el núcleo de la economía colectivizada. Hay que combatir paso a paso estas contrarreformas que perjudican a los trabajadores y benefician a los capitalistas que explotan su trabajo para enriquecerse. Y hay que subrayar la necesidad de adoptar una política global que es la única que puede salvar a la Revolución Cubana: la política de Lenin y Trotsky de la revolución socialista internacional.

Los seudotrotskistas: obstáculo
para la defensa de la Revolución Cubana

Hay un trío de grupos que dicen (falsamente) ser trotskistas que se han pronunciado sobre las medidas recientemente adoptadas por La Habana, y tienen en común el que están abandonando la defensa del estado obrero cubano, si es que no lo han consumado ya. La Internacional Comunista Revolucionaria (ICR, anteriormente Tendencia Marxista Internacional) tituló su artículo, “Sometida a intolerable presión imperialista – Cuba avanza a la restauración capitalista” (PCR, 22 de junio). En el texto sentencian que las 176 medidas “tomadas en su conjunto cuando se pongan en práctica suponen el fin de la economía planificada y la restauración del capitalismo”. Si al final hablan de defender la Revolución Cubana son palabras huecas porque, según ellos, la restauración capitalista ya estaría decidida (y consumada en China y Vietnam).

La Corriente Revolución Permanente (CRP, anteriormente Fracción Trotskista), por su parte, escribe que “el giro restauracionista … se está completando”, y ya llegamos “al final del ciclo de ‘reformas’, en términos de restauración capitalista” (Izquierda Diario, 28 de junio). El título de la nota es interesante, “Cuba: ¿la restauración capitalista a raíz de un decreto?” Pero en lugar de rechazar este sinsentido (para los marxistas, la contrarrevolución no se realizará en virtud de unas palabras sobre el papel) dejan la pregunta abierta. La CRP pregunta retóricamente “cómo imaginar siquiera por un instante que sería posible defender lo que queda de los logros de la revolución de 1959 ‘extendiendo la mano’ al inversionista cubano de Miami”, y acaban el artículo diciendo que: “Una cosa es segura: no será posible defender la Revolución ni la soberanía de la isla en caso de una intervención directa de Estados Unidos con los dirigentes de este sistema”. Esto es lo contrario de la política de Trotsky de la defensa incondicional del estado obrero.

La Liga Comunista Internacional (LCI, mejor conocida como la tendencia espartaquista) ha adoptado un lenguaje más modulado, y engañoso, para presentar una posición semejante a la de la ICR y CRP: tratar la restauración capitalista, si todavía no como un hecho consumado, al menos un asunto ya decidido. Así describe las 176 medidas como “una serie de reformas económicas que, de implementarse, bien podrían conducir a la destrucción de las conquistas de la Revolución Cubana” (Spartacist suplemento, 20 de junio) sin mencionar los muy reales obstáculos que se interponen a su aplicación. Si bien aboga por formar “una oposición de izquierda al rumbo de los dirigentes del PCC,” en torno a “una perspectiva socialista de lucha”, no explica cuál debe ser la política de esta oposición genérica, aparte de oponerse a las medidas de Díaz-Canel. Se trata de un ejemplo más de su ya típica ligereza irresponsable, al servicio de una política oportunista omnímoda que podría resumirse como “únanse para la unidad”.

En un artículo posterior (“Cuba: cómo detener la catástrofe”, Spartacist suplemento, 30 de junio) abogan “por un rumbo radicalmente nuevo”. Critican “debilidades” de las declaraciones de la ICR y CRP, porque “no esbozan una línea de lucha concreta para las masas cubanas en la actualidad”. Lo mismo puede decirse de lo escrito por la LCI. En los tres puntos que destacan al final, el primero (“romper el bloqueo”), por lo fundamental e imprescindible que es, no es controvertido en la izquierda. El segundo (“por el igualitarismo radical” y “no a los privilegios burocráticos”) pinta un idilio (“sin privilegios, sin corrupción, sin especulación: igualdad total”). En realidad, el mayor privilegio, el acceso a dólares, excluye a la gran mayoría de militantes del PCC, mientras muchos “disidentes” anticomunistas están en la nómina de EE.UU.

Y el tercer punto de su programa de tres puntos (“por la democracia obrera”) omite el calificativo “revolucionaria”, es decir, en el marco de la defensa de la Revolución Cubana, lo que puede llegar a ser importante, dado que las agencias norteamericanas siempre buscan fomentar una oposición “obrera” contrarrevolucionaria, como hicieron con Solidarność en Polonia. Por otro lado, exigen “Detengan los ataques contra las protestas que exigen igualdad y el fin de la pobreza”. Así silencian que en algunas de las protestas recientes se han voceado consignas explícitamente anticomunistas y que los “cacerolazos” no han sido reprimidos físicamente. Y con su llamado “al personal de seguridad para que ponga fin a la represión”, la LCI paralizaría a los defensores de la Revolución ante un motín contrarrevolucionario.

Llama la atención que en las declaraciones de la LCI así como las de la ICR y la CRP (las dos últimas apoyaron a Solidarność) no aparece la figura de la oposición anticomunista, que es bien real y fue activada en las protestas del 11 de julio de 2021. A diferencia de todos aquellos que han embellecido estas protestas, incluyendo la LCI, nosotros de la Liga por la IV Internacional (LIVI) investigamos en gran detalle lo acontecido en ese día, explicando que:

“Aunque fueron alimentadas por la desesperación provocada por la escasez de alimentos, la falta de medicinas y los apagones que han asolado la isla tras la pandemia del coronavirus, las manifestaciones fueron instigadas, manipuladas y explotadas por fuerzas que buscan derribar la Revolución Cubana.”
–“La verdad acerca de las protestas en Cuba, ¡Defender la Revolución en contra del imperialismo norteamericano y sus testaferros!Revolución Permanente n° 11, octubre-diciembre de 2021

Como señalamos en ese momento, hasta la franja “progre” del Partido Demócrata, en la persona de la congresista Alexandria Ocasio-Córtez, hizo eco de la propaganda imperialista entorno al 11J, declarando: “nos solidarizamos con [las protestas] y condenamos las acciones antidemocráticas dirigidas por el presidente Díaz-Canel”.

Un relato de una visita a Cuba de militantes canadienses de la LCI (El Antiimperialista, 9 de febrero de 2026) se refirió a las protestas de 2021, alegando que “la amplitud de las protestas en unas 30 ciudades demostró que no se trataba fundamentalmente de una revuelta de derecha orquestada por Estados Unidos”, criticando directamente a la LIVI. Por el contrario, su amplitud reflejó la explosión de llamados en los medios sociales, originados desde la Florida, atizando a la gente en la isla de salir a la calle contra “la dictadura” del Partido Comunista.6

Hablando claro, las protestas del último mes y medio en Cuba (de las que ha habido algunas decenas), con pocas excepciones, no han sido acciones políticas contrarrevolucionarias. Han resultado predominantemente de la desesperación producida por el asfixiante bloqueo de combustibles realizado por el gobierno estadounidense: escasez de alimentos, falta de transporte público y sobre todo una serie de apagones debido a la caída de la red eléctrica nacional por tiempos prolongados. Sin embargo, como escribimos en abril, “Si se llega a eso, los trabajadores con conciencia de clase y todos los defensores de la Revolución Cubana deberían movilizarse para frustrar cualquier acción contrarrevolucionaria y proimperialista” (“¡Movilización obrera internacional para la defensa de la Revolución Cubana!Revolución Permanente, abril 2026).

Es de notar también que en las declaraciones de la LCI, ICR y CRP faltan las palabras “estado obrero deformado”, “trotskismo” y “trotskista”. Es decir, que cuando se habla de oponerse a las “transformaciones” decidas en junio, no les dan a los lectores el marco programático-conceptual para entender lo ocurrido ni para poder actuar en defensa de la Revolución. Se ha inculcado a la población cubana durante décadas la idea de que viven en un país “socialista”, cuando en realidad se trata de un estado obrero –la “dictadura del proletariado”– que debe ser la entrada para lograr el socialismo, una sociedad sin clases que sólo puede erigirse sobre la base económica de abundancia, no de pobreza. Por todo est o la sobrevivencia de la Revolución Cubana y sus conquistas depende de su extensión.

Hay que comprender también que este estado obrero está gobernado por una burocracia, es decir, se trata de un estado obrero deformado. Esta capa pequeñoburguesa relativamente privilegiada se asiente sobre los cimientos de la economía socializada, y su política nacionalista y conservadora es resultado de su propia historia y del estalinismo asimilado de la URSS. Así, tanto en el caso de Nicaragua como el de Venezuela, el gobierno cubano, y Fidel Castro en persona, aconsejaron a los movimientos izquierdistas sandinistas y bolivarianos que no deberían seguir la vía de la Revolución Cubana sino buscar una coexistencia con el imperialismo. Pero resultó que los tiburones imperialistas yanquis no estaban, y no están, interesados en tolerar siquiera regímenes nacionalistas burgueses, ni mucho menos un puesto avanzado “comunista” a 90 millas de sus orillas.

Retomar el programa de Lenin y Trotsky

En cuanto a ¿qué hacer? en la famosa frase de Lenin, la respuesta no puede ser el retorno a una edad de oro castrista, como pensarían fidelistas y guevaristas decepcionados, de los que debe haber muchos entre los que tienen dudas sobre las nuevas medidas. Hay que ser claros, la aprobación de las 176 “transformaciones” es la declaración de bancarrota política del Partido Comunista, No solo niega la línea que ha defendido durante décadas (con todo y su carácter fundamentalmente estalinista), sino que echaría por la borde los intereses más fundamentales de los trabajadores cubanos. Sin embargo, hay cientos de miles de comunistas dentro del PCC, y también izquierdistas no afiliados, que desean con todo su corazón defender a la revolución a la que han dedicado sus vidas. Con ellos queremos debatir, porque sí hay una salida revolucionaria, una alternativa al callejón sin salida estalinista, y ese camino es el de retomar el programa internacionalista de Lenin y Trotsky, el programa de Octubre Rojo.


Manifestantes internacionalistas llaman a la defensa de la Revolucion Cubana, Nueva York, 11 de julio.
(Foto:  The Internationalist)

La Liga por la IV Internacional, cuyos fundadores eran dirigentes y cuadros de la LCI cuando ésta era la voz del trotskismo revolucionario, continuamos el programa de la tendencia espartaquista que la renacida LCI de estos días ha abandonado casi por completo. Es nuestra la historia de los auténticos trotskistas que combatimos la reunificación capitalista de Alemania, propugnando en la RDA, el estado obrero deformado del este, una revolución política proletaria para poder luchar en ambos lados de la frontera de la Guerra Fría a favor de una Alemania Roja de consejos obreros en unos Estados Unidos Socialistas de Europa. También luchamos hasta el final en la URSS en contra de la contrarrevolución de Yeltsin-Bush. En ambos casos, nos dirigimos a cuadros de los PCs estalinistas, y también a militares, que querían luchar por el auténtico comunismo. Lo fundamental de este programa revolucionario e internacionalista que defendimos en aquel entonces es crucial hoy en día con respecto a la defensa de Cuba (y también de China, que sigue siendo el blanco central de la campaña bélica imperialista).

Cuando hablamos de la extensión internacional de la revolución, es importante que quienes dentro y fuera de la isla sitiada que quieren defenderla comprendan el enorme impacto que tuvo la Revolución Cubana, desde el Cono Sur, México y todo el Caribe y hasta Estados Unidos y Europa, y también África y muchas otras partes del mundo. Una lucha intrépida de los trabajadores contra el abandono de la economía socializada y la entrega de las conquistas de la revolución a sus enemigos jurados, contra la conversión de la isla rebelde en un estado cliente, una neocolonia del Tío Sam, podría inspirar a una nueva generación de jóvenes luchadores alrededor del mundo, a una clase obrera bajo los embates de las campañas rompesindicatos incesantes y racistas, y a la población de los países imperialistas y los pueblos oprimidos acosados por guerras imperialistas.

La responsabilidad principal de hacer posible la perspectiva de la revolución socialista internacional recae en los que luchan en los países imperialistas que asedian a Cuba, en EE.UU. y también Europa; y en los países de América Latina, donde los gobiernos capitalistas –incluso los de México y Brasil que en el pasado han adoptado la pose de “amigos de Cuba”– se han inclinado ante las amenazas del saqueador yanqui Trump y son cómplices de la estrangulación energética de Cuba. Es urgente la movilización obrera internacional para romper el bloqueo asfixiante, y la lucha por forjar partidos comunistas como los bolcheviques de Lenin y Trotsky. ■


  1. 1. Ver “¡Movilización obrera internacional para la defensa de la Revolución Cubana!Revolución Permanente, abril 2026.
  2. 2. Micro, pequeñas y medianas empresas.
  3. 3. La Comunidad del Caribe, organización interestatal que abarca 15 países de las Antillas, principalmente del Caribe anglófono.
  4. 4. Trabajadores, 29 de junio.
  5. 5. Así, por ejemplo, las empresas petroleras Petrochina y Sinopec Corp. son sociedades anónimas con accionistas minoritarios privados o extranjeros, que cotizan en los mercados bursátiles, pero son subsidiarias de empresas matrices holding –respectivamente, la China National Petroleum Corporation y Grupo Sinopec– que son 100 por ciento propiedad estatal, controladas a su vez por la Comisión estatal para la supervisión y administración de los activos del Estado (SASAC).
  6. 6. Se acaba de publicar (por un colectivo de periodistas afines al gobierno cubano) un artículo analizando el tráfico de los medios digitales del 11 de julio de 2021, “11J: Así se fabrica una operación de injerencia extranjera”, Cuba Debate, 14 de julio de 2026.