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  abril de 2026

¡Defender a Irán! ¡Derrotar la guerra de EE.UU./Israel que amenaza con provocar una Tercera Guerra Mundial!


Secuelas del ataque nocturno contra la refinería de petróleo de Shahran, en las afueras de Teherán, el 8 de
marzo. Al día siguiente, una lluvia negra tóxica se abatió sobre la ciudad. (Foto: AFP)

¡Movilización del poder obrero en contra de la guerra y las deportaciones!
¡Romper con demócratas y republicanos!
¡Forjar un partido obrero revolucionario!

Atolladero. Ésta es la palabra que Donald Trump teme como a la peste, especialmente con las elecciones de medio mandato a realizarse en noviembre. Con la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán ya en su cuarta semana, la Casa Blanca y el Pentágono están asustados y buscan con desesperación vías para escapar del desastre en el que han metido al mundo. Trump quería evitar una “guerra sin fin” como fueron las invasiones norteamericanas a Afganistán e Irak, que duraron una generación. Pero pese a todo el poder de fuego asesino que han desatado en contra de Irán, los guerreristas imperialistas y sionistas sólo han logrado provocar la mayor interrupción de la provisión de petróleo en la historia. La razón por la que esto no ha producido un cortocircuito en los mercados es que los potentados de Wall Street parecen creer los cuentos de hadas trumpianos acerca de unas inexistentes “conversaciones de paz”. La “estrategia de salida” de Trump parece ser la de montar un ataque apocalíptico por tierra y aire.

Para los liberales que creen en la ficción del “derecho internacional”, la actual guerra contra Irán (igual que la de junio pasado) es una de las acciones más flagrantemente ilegales en la larga historia de gangsterismo de Occidente contra Asia, Africa y América Latina. Comenzó el 28 de febrero con el asesinato, mediante un ataque aéreo israelí, del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, un alto clérigo de la rama chiita del islam, junto con varios de sus familiares. Horas después, un ataque simultáneo con dos misiles de crucero estadounidenses impactó una escuela primaria en la ciudad de Minab, al sur de Irán, matando al menos a 175 personas, de las cuales más de 100 eran niños. Esto fue un crimen de guerra atroz en toda regla, toda vez que el asesinato de jefes de estado perpetrado por los gobernantes de otro país se considera una violación de la soberanía y del derecho internacional humanitario. Pero, por supuesto, dado que toda la guerra no provocada de Estados Unidos e Israel es una violación masiva de la soberanía iraní, se demuestra una vez más que el derecho internacional es un mito.


Crimen de guerra de EE.UU. Al menos 175 personas, en su mayoría niños, fueron asesinadas cuando una escuela de niñas en Minab (Irán) fue alcanzada por un ataque aéreo en la guerra imperialista y sionista contra Irán.
(Foto:  Mehr News Agency)

A las pocas horas del ataque del 28 de febrero, la Liga por la IV Internacional emitió una declaración en la que llamaba a “¡Defender a Irán! ¡Derrotar la guerra de Estados Unidos e Israel!”. Ante el descarado ataque del genocida líder israelí Benjamin Netanyahu y el aspirante a emperador yanqui Donald Trump, enfatizamos que es deber de los socialistas revolucionarios, de los trabajadores con conciencia de clase y de todos los que se oponen al dominio mundial imperialista, ponerse del lado Irán, un país semicolonial, contra los agresores imperialistas y sionistas. Hicimos un llamado a la acción obrera internacional contra la guerra y para detener los envíos de armas estadounidenses, además de, sin dar el menor apoyo político al asfixiante régimen clerical de los mulás, defender a Irán como parte de la lucha por la revolución obrera. Y, como hicimos en la “Guerra de los Doce Días” contra Irán en junio pasado, declaramos: ¡Irán tiene el derecho a disponer de armas nucleares para disuadir a los terroristas israelíes y norteamericanos con su armamento nuclear!1

Durante años, derechistas estadounidenses e israelíes han exigido que se bombardee a Irán; pero a pesar de la exageración en los medios de comunicación masiva (que en un 90 por ciento de los casos vomitan pura propaganda de guerra)  , del pavoneo machista del despistado secretario de guerra estadounidense Pete Hegseth y de los embustes del mentiroso compulsivo Trump, en la guerra no les está yendo bien a los agresores. Mientras tanto, Irán ha logrado desencadenar la mayor crisis de suministro de petróleo jamás vista al atacar refinerías y plantas de procesamiento de gas en la zona del Golfo Pérsico y bloquear el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 por ciento del petróleo y gas natural del mundo. Esto no sólo ha disparado los precios de la gasolina (más de 8 dólares el galón en California, cerca de 10 en Alemania), sino que pronto provocará una grave crisis alimentaria mundial por la escasez de urea y nitrógeno para fertilizantes al comienzo de la temporada de siembra. La guerra no va a terminar pronto y podría intensificarse exponencialmente.

Los militaristas israelíes, tras su horripilante genocidio en Gaza, quieren usar esta guerra para afianzar su dominio en Medio Oriente, dando un paso hacia el objetivo de un Gran Israel que se extienda del mar (Mediterráneo) hasta el río (Éufrates), anexionándose Cisjordania y ocupando el sur del Líbano. El bravucón aspirante a dictador en la Casa Blanca, tras su escapada tipo Piratas del Caribe al secuestrar al presidente venezolano Nicolás Maduro y apoderarse de las ventas de petróleo del país, dijo que sólo estaba realizando una pequeña “excursión” en el Golfo Pérsico. La mal preparada y sangrienta aventura estadounidense-israelí podría fácilmente volverse en su contra. Pero si se enfrentan a la derrota, los dementes sionistas podrían verse tentados a usar su arsenal nuclear, mientras el volátil Trump se está preparando para asestar un “golpe noqueador” a Irán, que ha sido su obsesión durante décadas. Sin embargo, no se puede noquear a un país de 90 millones de habitantes con un espectacular bombardeo.

El mundo está al filo de la navaja. Los gobernantes israelíes estarían encantados de ver a Irán desintegrarse y colapsarse económicamente. Pero si Donald Trump llevara a cabo cualquiera de sus múltiples amenazas (destruir el sistema eléctrico iraní, apoderarse de su petróleo, confiscar su alijo de uranio enriquecido y desbloquear por medios militares el estrecho de Ormuz), todo podría estallar de manera dramática. Esto podría obligar a los aliados de Irán, Rusia y China, a intervenir de forma más directa, en lugar de limitarse a proporcionar datos de inteligencia (imágenes satelitales para la localización de objetivos), tecnología (sistemas de radar avanzados) y cantidades limitadas de armamento (drones avanzados, misiles antibuque). La guerra contra Irán, aún más que la guerra sustitutiva de los imperialistas de la OTAN contra Rusia en torno a Ucrania, tiene el potencial de desencadenar las primeras escaramuzas de una tercera guerra mundial. China, un estado obrero burocráticamente deformado y receptor del 90 por ciento de las exportaciones petroleras de Irán, es, después de todo, el objetivo último.

Desde el principio, una clara mayoría de la población estadounidense (59 por ciento en las encuestas de opinión) se ha opuesto a la guerra con Irán, una cifra que no ha hecho más que aumentar. Tres cuartas partes (74 por ciento de la población), incluyendo una mayoría (52 por ciento) de republicanos, se oponen al envío de tropas terrestres a Irán.2 Sin embargo, mientras escribimos esto, dos unidades expedicionarias de los marines, así como el estado mayor de la 82ª División Aerotransportada del Ejército están llevando tropas de infantería a la zona de guerra.

Los demócratas se quejan de que Trump no ha especificado sus objetivos bélicos e invocan la Ley de Poderes de Guerra (que los presidentes demócratas Clinton, Obama y Biden ignoraron) para involucrar al Congreso, pero no se han opuesto directamente a la guerra (y el New York Times, portavoz del establishment liberal, afirma que “podría” apoyar una guerra). Es ésta la razón por la que no ha habido protestas de envergadura en contra de la guerra contra Irán, ya que la izquierda oportunista siempre busca construir un movimiento pacifista de “frente popular” de colaboración de clases junto con “palomas” del Partido Demócrata.

Más que nunca, la situación exige la dirección de un partido genuinamente comunista para defender a Irán sobre una base clasista en contra de los atacantes imperialistas y sionistas, y para movilizar poderosas acciones obreras contra la guerra, como parte de la lucha por la revolución socialista internacional, la única manera de poner fin al imperialismo y sus guerras interminables.

La guerra de Trump contra Irán atrapada en las arenas movedizas del Medio Oriente

Por parte de los gobernantes de Estados Unidos e Israel, esta guerra se libra sin la habitual hipocresía sobre los “derechos humanos” y la “democracia” con la que los imperialistas occidentales han disfrazado sus guerras de dominación desde la Segunda Guerra Mundial. En la Conferencia de Seguridad de Múnich, el 14 de febrero, dos semanas antes del inicio de la guerra contra Irán, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, pronunció un elogio a los “grandes imperios occidentales” y a la “civilización occidental” basada en la “fe cristiana”, junto con un rechazo xenófobo contra la “migración masiva”. La Casa Blanca se regodea en la dominación, publicando propaganda bélica con imágenes de videojuegos mezcladas con escenas de destrucción de Irán. En respuesta a las críticas por el bombardeo de una planta desalinizadora, Trump dijo de los iraníes: “Están entre las personas más malvadas que jamás hayan existido en la Tierra. Decapitan bebés. Parten a las mujeres por la mitad”, reciclando algunas de las mentiras contra los palestinos utilizadas para justificar el genocidio sionista en Gaza.

Esta retórica racista, difundida en fragmentos de audio desde el Air Force One (el avión presidencial), ha incitado un diluvio de tuits y declaraciones antimusulmanas de congresistas republicanos del movimiento MAGA (Make America Great Again) y una orgía de islamofobia en las redes sociales. Pero, por supuesto, es Estados Unidos quien está masacrando a niñas y niños en una escuela iraní, y es Israel Asesinos S.A. quien ha convertido los asesinatos selectivos en un pilar de su política estatal. Según un recuento, el estado sionista llevó a cabo más de 2,700 asesinatos selectivos en las primeras siete décadas de su existencia, muchos más que cualquier otro estado “occidental”.3 Israel ha convertido en blancos especiales a los científicos nucleares iraníes, asesinando al menos a 19, incluyendo tres mediante ataques aéreos en junio de 2025 y en la guerra actual. El resultado previsible ha sido generar una repulsión masiva en Irán contra los atacantes.

Los líderes y planificadores de guerra estadounidenses e israelíes se habían convencido de que, con el asesinato de Jamenei, provocarían un levantamiento de las masas iraníes, ansiosas por liberarse del régimen teocrático y autoritario de los mulás. (Según se informa, esta idea fue promovida por el jefe del Mossad, el servicio de inteligencia exterior israelí.) Pero no sucedió nada de eso. Hubo algunos videos de pequeños grupos que celebraban la noche en que comenzó la guerra, el 28 de febrero, y después nada. En cambio, al día siguiente, multitudes inmensas se congregaron en todo Irán para rendir homenaje al ayatolá asesinado; muchos, entre lágrimas, sostenían fotografías de él mientras coreaban “¡Muerte a Estados Unidos!” y “¡Muerte a Israel!”. Una sola mirada a las fotos de las decenas de miles de personas vestidas de negro que se agolpaban en la plaza Engelab de Teherán dejaba claro que la República Islámica aún cuenta con un ferviente apoyo popular de tal magnitud que, junto con su férreo aparato represivo, no podría ser derrocada simplemente “decapitándola”.


Cientos de miles de personas salieron a la calle el 1º de marzo en Teherán (arriba) y en todo Irán para rendir homenaje al ayatolá Khamenei, el líder musulmán chiíta y jefe del estado, asesinado por Israel el día anterior. (Foto:  Majid Saeedi / Getty Images)

Desde entonces, los bombarderos estadounidenses e israelíes han continuado con ataques contra la capital iraní y otras grandes ciudades. Si bien Estados Unidos afirma haber atacado 8,000 “objetivos militares”, es evidente que también ha alcanzado numerosas zonas residenciales. Cuando los israelíes “eliminaron” al líder de facto de Irán, el jefe de seguridad Ari Larijani, el 17 de marzo, golpearon un barrio entero. Un ataque entre el 7 y el 8 de marzo contra un depósito de petróleo y una refinería en las afueras de la ciudad cubrió Teherán con una lluvia negra tóxica. Mientras tanto, los bombardeos han dañado varias joyas culturales de Irán y sitios históricos del catálogo de la UNESCO, como la Mezquita Jameh de Isfahán, con sus famosos azulejos azules, y el Palacio de Golestán en Teherán, sede de la dinastía Kayar. Como era de esperar, se ha producido un endurecimiento del sentimiento nacionalista iraní frente a los invasores imperialistas y sionistas, empujando a la población a los brazos del régimen.

El líder supremo del culto MAGA y el aspirante a rey de Israel alardean de su poderío militar. El 6 de marzo, Trump dijo sobre Irán: “Su ejército ha desaparecido. Su armada ha desaparecido. Sus comunicaciones han desaparecido. Sus líderes han desaparecido. Dos capas de sus líderes han desaparecido; ahora sólo les queda un tercer grupo. Su fuerza aérea ha sido aniquilada por completo”. Unos días después, añadió: “No tienen ningún aparato antiaéreo. No tienen radares” resumiendo: “Nuestro ejército es el mejor. Es el más poderoso del mundo y está atacando a Irán con mucha fuerza”. (Esto recuerda la jactancia de la candidata presidencial demócrata Kamala Harris durante su campaña de 2024: “Me aseguraré de que Estados Unidos siempre tenga la fuerza de combate más fuerte y letal del mundo”.) Gran parte de esto puede ser cierto, aunque habrá que ver lo del armamento antiaéreo y los radares, ya que el 19 de marzo un bombardero furtivo F-35 estadounidense fue alcanzado por fuego iraní. Muchos de los ataques estadounidenses se han realizado con misiles de largo alcance disparados desde fuera del espacio aéreo iraní. Pero Irán ha respondido de forma asimétrica y contundente con medidas militares que han sumido a Washington y Tel Aviv en el pánico.

Al principio, la Guardia Revolucionaria Islámica (GRI) lanzó una gran cantidad de misiles y drones (más de 1,200 al día), lo que obligó a Estados Unidos e Israel a utilizar gran parte de sus misiles interceptores disponibles, que son muy costosos. El hecho de que el número de lanzamientos iraníes haya disminuido considerablemente (a entre 30 y 40 al día) no significa que sus misiles o vehículos de lanzamiento hayan en su mayoría sido destruidos, sino que se encuentran en un nivel sostenible para librar una guerra prolongada. Además, en ese primer ataque, los iraníes lograron alcanzar las bases de radar vitales para los sistemas de defensa antimisiles THAAD (Terminal High Altitude Area Defense) de Estados Unidos en los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Jordania. Irán también atacó la mayoría de las bases militares estadounidenses en la zona del Golfo Pérsico, de modo que hoy en día, “muchas de las 13 bases militares en la región utilizadas por las tropas estadounidenses son prácticamente inhabitables” (New York Times, 26 de marzo).

Hasta aquí las afirmaciones simplistas de Trump sobre la supuesta imprecisión de los misiles iraníes. En videos publicados en internet se puede apreciar su precisión milimétrica. Además, para derribar enjambres de drones (con un coste aproximado de 30.000 dólares cada uno), Estados Unidos e Israel utilizan misiles interceptores israelíes “Honda de David” (1 millón de dólares cada uno), interceptores israelíes Arrow 2 y 3 (3 millones de dólares cada uno), interceptores Patriot PAC-3 (entre 3.7 y 7 millones de dólares cada uno) e interceptores THAAD (12.6 millones de dólares cada uno). Nada rentable. El 21 de marzo, Irán atacó dos ciudades cercanas a la instalación de armas nucleares israelí de Dimona con su misil hipersónico Fattah-2, que ni Estados Unidos ni Israel son capaces de interceptar. Y el 24 de marzo, el Royal United Services Institute británico (RUSI por sus siglas en inglés) informó que los atacantes utilizaron 11 mil proyectiles (con un valor de 26 mil millones de dólares) en los primeros 16 días de la guerra, y que Israel se quedará sin la mayoría de sus misiles en un plazo de entre tres días (¡!) y tres semanas.4

Pero mucho más contundente ha sido la doble ofensiva de Irán: la paralización de plantas de petróleo y gas y la prohibición del paso por el estrecho de Ormuz a cualquier embarcación que no sea amiga. Claramente, y según admitió el propio Hegseth, la Casa Blanca y el Pentágono no esperaban esto, al menos no tan pronto. Cuando Israel, en una intensificación de envergadura de sus ataques, arremetió contra el yacimiento de gas natural de South Pars, del que depende la mayor parte de la generación de energía eléctrica de Irán, la Guardia Revolucionaria Islámica atacó la planta de gas natural licuado (GNL) en Qatar, la más grande del mundo, dejándola fuera de servicio durante al menos cinco años. Irán ya atacó una refinería en Kuwait y podría fácilmente hacer lo mismo con muchas otras instalaciones en el Golfo. Al limitar el tránsito por el estrecho de Ormuz, ha reducido el transporte marítimo en más del 90 por ciento, lo que ha provocado un déficit en el suministro de petróleo de al menos 11 millones de barriles diarios, o sea el 10 por ciento del total a nivel mundial, lo que casi inevitablemente conducirá en poco tiempo a una gigantesca crisis económica global.

Los precios del petróleo ya han subido más del 50 por ciento, superando los 100 dólares por barril, mientras que los precios del GNL y de la turbosina se han duplicado. Expertos bursátiles afirman que un precio del petróleo de 150 dólares sería “catastrófico”, pero si se mantiene el actual corte en el suministro, podría alcanzar fácilmente los 200 dólares por barril. Los economistas ya están detallando las posibles consecuencias para la provisión de alimentos en África, donde la escasez de fertilizantes podría provocar una hambruna generalizada en todo el continente. El suministro de medicamentos genéricos procedentes de la India prácticamente se paralizaría. Se produciría un fuerte aumento de la inflación en los países capitalistas avanzados y los tipos de interés se dispararían (como ya está ocurriendo). Esto podría suponer la quiebra de muchas grandes empresas de inversión y de capital privado que se han endeudado considerablemente (200 mil millones de dólares en los últimos dos años) para financiar centros de datos de inteligencia artificial (IA), voraces consumidores de energía. El “arma energética” de Irán es extremadamente poderosa.

Mientras Trump intensifica la guerra, ¡luchemos por la revolución obrera!

El primer ministro israelí Netanyahu ha estado presionando para desencadenar una guerra total contra Irán desde la caída del régimen sirio de Bashar al-Asad en diciembre de 2024 a manos de terroristas islamistas sunitas respaldados por Turquía, lo cual fue resultado del asesinato, dos meses antes, por parte del estado sionista de la cúpula del movimiento islamista chiita Hezbolá en el Líbano. Mucho se ha hablado de la admisión de Marco Rubio de que Israel convenció a Trump de ello. (Rubio se retractó de esta declaración, claramente cierta, cuando los aislacionistas de la base MAGA de Trump se opusieron a librar la “guerra de Israel”.) Pero tanto los líderes estadounidenses como los israelíes creían que tenían la victoria asegurada y que sería fácil obtenerla, que la República Islámica estaba acabada (como lo habrían demostrado las protestas de enero de 2026). Trump declaró al New York Times (1 de marzo) que la guerra contra Irán duraría “de cuatro a cinco semanas”, que “no sería difícil” y que “lo que hicimos en Venezuela” era “el escenario perfecto”. No resultó así.

En un mensaje televisado del 28 de febrero, Trump les dijo a los iraníes: “Caerán bombas por todas partes, y cuando terminemos, tomen el control de su gobierno”. Tras el fracaso de su llamado al cambio de régimen, exigió la “RENDICIÓN INCONDICIONAL” de Irán. (La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, “aclaró” que esto ocurriría cuando Trump, “como comandante en jefe de las fuerzas armadas estadounidenses, determine” que Irán está “en una posición de rendición incondicional”.) Como esto no prosperó, últimamente ha estado impulsando un supuesto “plan de paz” de 15 puntos, que equivaldría a la rendición. Cuando los líderes iraníes dijeron que no estaban interesados ​?en negociar y que no se estaban llevando a cabo conversaciones con Estados Unidos, Trump respondi?: ?Por supuesto que est?n negociando. Han sido aniquilados?. El mandatario norteamericano no alcanza a comprender a un r?gimen y a un ej?rcito ideol?gicamente comprometidos que est?n dispuestos a luchar hasta el final.

​en negociar y que no se estaban llevando a cabo conversaciones con Estados Unidos, Trump respondió: “Por supuesto que están negociando. Han sido aniquilados”. El mandatario norteamericano no alcanza a comprender a un régimen y a un ejército ideológicamente comprometidos que estén dispuestos a luchar hasta el final.

Los giros y vueltas de Trump han alcanzado proporciones ridículas. El sábado 21 de marzo, emitió un ultimátum diciendo que Irán tenía “48 horas” para abrir el estrecho de Ormuz u ordenaría el bombardeo de las centrales eléctricas iraníes. Portavoces iraníes dijeron que, en ese caso, bombardearían plantas de energía y desalinizadoras en los estados del Golfo aliados de Estados Unidos e Israel. Luego, a pocas horas de que venciera el plazo, Trump dijo que lo extendería por cinco días porque se estaban llevando a cabo “conversaciones intensas”. El presidente del parlamento iraní calificó esto de “fake news” (noticia falsa) y fuentes en Teherán dijeron que ciertamente no hablarían con los enviados de Trump, Steve Witikoff y su yerno Jared Kushner, los dos estafadores que fingieron estar negociando mientras Trump se preparaba para iniciar la guerra. Luego, cuando se acercaba el nuevo plazo y las bolsas se desplomaban, Trump anunció que lo extendía por diez días más, hasta el 6 de abril.

Era, una vez más, hora de TACO, bromeaban los expertos de Wall Street, usando el acrónimo de “Trump Always Chickens Out” (Trump siempre se acobarda), acuñado tras sus draconianos aranceles del Día de la Liberación, que subían y bajaban, con plazos fijados y cancelados según los caprichos del presidente estadounidense. Estos podían desencadenarse por supuestos insultos o por las vicisitudes del “Sr. Mercado”, la personificación del S&P 500, el Dow Jones y otros índices de confianza del inversor, acuñado por Yves Smith y su informativo (y a menudo perspicaz) sitio web, nakedcapitalism.com. Para el magnate inmobiliario Trump, siempre se trata de ganancias, propiedades y engrandecimiento personal. (Además de emitir una moneda conmemorativa de oro con su imagen en el anverso y el reverso, su firma aparecerá en todos los billetes estadounidenses.) Sin duda, resulta llamativo que lance repetidamente sus invasiones, guerras y ultimátums (Venezuela, Irán…) después del cierre de la bolsa de Nueva York el viernes por la noche, y sus retractaciones ocurran antes de la apertura de los mercados el lunes.

La fórmula de Trump para el “arte del robo” consiste simplemente en intimidar a todos hasta someterlos. Sin duda, ha funcionado con los “aliados” imperialistas europeos, a quienes convenció de renunciar al petróleo y gas rusos baratos, pilares de la industria pesada alemana, lo que provocó el colapso de sectores enteros de la economía germana. Ahora, tras soportar las acusaciones de cobardía del presidente estadounidense por no participar en su guerra contra Irán, los europeos han sido presionados a declarar que podrían unirse al patrullaje del estrecho de Ormuz una vez finalizados los combates. Trump, defensor de la política de “Estados Unidos Primero”, quien al principio afirmó que Estados Unidos e Israel podían actuar por su cuenta y ni siquiera alertó a sus aliados más cercanos en Europa, como la primera ministra fascista italiana Giorgia Meloni, sobre el inminente ataque contra Irán, declaró después que en cualquier caso no necesitaba su ayuda. El objetivo era convertirlos en cómplices de esta empresa criminal.

Una razón tácita para que Trump diera marcha atrás en su ultimátum de 48 horas/cinco días/diez días a Irán para que abriera el estrecho de Ormuz es que las fuerzas terrestres estadounidenses destinadas a llevar a cabo el asalto –las Unidades Expedicionarias de Marines +11ª y 31ª y la 82ª Aerotransportada– tardarían ese tiempo en llegar al teatro de operaciones. Un posible objetivo es el complejo de exportación de petróleo de Irán en la isla de Kharg, que Trump ha estado obsesionado con tomar al menos desde 1988, cuando lo citó en una entrevista al Guardian de Londres. Esto ha dado lugar a una serie de artículos en casi todos los principales periódicos sobre lo que se necesitaría para conquistar y mantener la isla, que está a solo 24 kilómetros de la costa, al alcance de la artillería iraní, misiles de corto alcance o drones, sin ningún lugar donde las tropas puedan esconderse. Todos citaron la desastrosa batalla de Galípoli de 1915 contra Turquía en la Primera Guerra Mundial, cuando las tropas australianas y neozelandesas fueron diezmadas al intentar tomar el control de la estrecha entrada de los Dardanelos, cerca de Estambul.

Incluso el Instituto Naval de EE.UU. se sumó con un artículo sobre “Las instructivas lecciones de la batalla de Galípoli para el estrecho de Ormuz”, que podría resumirse como “Ya lo hemos vivido, nunca más”. Ante el consenso de que intentar mantenerse en la isla de Kharg sería una misión suicida, la atención se ha centrado en otras islas cercanas a la entrada del estrecho de Ormuz, pero todas presentan problemas similares. Lo más probable, entonces, es que EE.UU. e Israel desaten una campaña de bombardeos masivos de “shock and awe” (conmoción y pavor), declaren haber destruido las fuerzas militares iraníes y dejen que los europeos se las arreglen para navegar por el estrecho (posiblemente pagando peajes a Irán). Si el régimen iraní se mantiene en el poder, por muy debilitado que esté, no hay forma de que el resultado pueda considerarse una victoria para Occidente. Si la República Islámica cae, convertirá la región en un polvorín. Bienvenidos al atolladero.

Algunos capitalistas poderosos están alarmados. Una cosa es desatar el caos en el mercado, provocar la quiebra de empresas y someter a los trabajadores a una inflación galopante con aranceles estratosféricos que impiden la reindustrialización de Estados Unidos. Otra muy distinta es provocar potencialmente una conflagración mundial. El “zar de la IA y las criptomonedas” de Trump, el inversor de capital de riesgo de Silicon Valley David Sacks declaró el 14 de marzo que es hora de “declarar victoria y retirarse” en lugar de intensificar la guerra contra Irán. Algunos miembros de la clase dirigente ven al vicepresidente JD Vance (quien cuestionó cautelosamente la guerra contra Irán) como una alternativa sensata al presidente enloquecido por la guerra y a su jefe de política exterior y seguridad nacional, Marco Rubio, partidario de “dejar que Trump sea Trump”. Pero cuidado: si bien Trump está claramente demente, Vance es un ideólogo fascistoide certificado que convertiría a los jóvenes en carne de cañón y a las jóvenes en fábricas de bebés para reemplazar a los soldados caídos. El juicio político (impeachment) de Trump no es la solución.

En la izquierda, llama la atención la escasa respuesta a la aventura iraní de Trump. Ante una guerra profundamente impopular, ¿dónde están las multitudinarias marchas contra la guerra, como las que precedieron a la invasión y ocupación de Irak por parte de George Bush II? El 15 de febrero de 2003, más de un millón de personas protestaron en las calles de Roma y Londres, y cientos de miles en Berlín, Sídney, Melbourne y Nueva York. Hoy en día, solo se observan pequeñas manifestaciones de apenas unos cientos de personas aquí y allá. Incluso el Partido por el Socialismo y la Liberación (PSL) y su Coalición ANSWER, especializados en manifestaciones frentepopulistas por la paz, no han convocado ninguna movilización nacional. En cambio, el PSL y el resto de la izquierda estadounidense se suman a las marchas del 28 de marzo de “No Kings”, convocadas por grupos afines al Partido Demócrata como 50501, Indivisible y moveon.org. Los mismos grupos están impulsando la supuesta “huelga general” de la coalición “May Day Strong” (Primero de Mayo Fuerte), que no se basa en que los trabajadores ejerzan su poder colectivo, sino en acciones individuales (“no ir de compras”, no ir al trabajo por enfermedad) el 1° de mayo. Su verdadero propósito es movilizar el voto a favor de los demócratas en noviembre.

La Liga por la IV Internacional y su sección estadounidense, el Grupo Internacionalista, se han opuesto políticamente al régimen islamista en Irán desde su formación. Mantenemos la postura de nuestra organización predecesora, la tendencia espartaquista internacional, de 1979, cuando, de forma única en la izquierda, dijimos “¡Abajo el sha, no a Jomeini!”, al luchar por la revolución obrera en Irán y advirtiendo que la “Revolución Islámica” era un movimiento reaccionario. La mayor parte de la izquierda, tanto dentro de Irán como a nivel internacional, apoyó al naciente régimen islamista, que poco después detuvo a miles de izquierdistas y ejecutó a cientos. Hoy, la Liga Comunista Internacional, que se disfraza como la continuadora de la tendencia espartaquista, renuncia a casi todo lo que representaba, incluyendo la línea marxista adoptada en 1979, y aboga ahora por un “frente unido antiimperialista” con el régimen de los mulás. Como bien lo expresó un ponente en un encuentro educativo sobre Irán organizado por la LIVI el 7 de marzo, esto equivale a decirle a la próxima generación de izquierdistas iraníes que vuelvan a “subirse al cadalso”.

Mientras tanto, gran parte de la izquierda iraní, incluyendo la Rahe Kargar (Organización de Trabajadores Revolucionarios de Irán), con sede en Europa, el partido estalinista Tudeh (Masas) y los Fedayín del Pueblo, de tendencia islamista, han adoptado una posición “tercercampista”, oponiéndose por igual a la República Islámica y a los agresores extranjeros estadounidenses e israelíes. En cambio, una pequeña Célula Socialista Obrera de Vanguardia en Juzestán informa que los trabajadores ocuparon plantas de petróleo y petroquímicas en Mahshahr, al sur de Irán, levantando barricadas para defenderlas de los invasores extranjeros y los partidarios de la dinastía Pahlavi, títere de los imperialistas. Varios grupos kurdos han formado una coalición con la esperanza de establecer una versión iraní del gobierno regional kurdo, títere de Estados Unidos, en el norte de Irak, como señalamos en nuestra declaración del 28 de febrero. Sin embargo, tras haber sido utilizados y abandonados repetidamente por Estados Unidos e Israel, estos grupos se muestran reacios a invadir y, en cualquier caso, se ven bloqueados por el gobierno central iraquí, afín a Irán.

En el entorno de la oposición burguesa, muchos de los islamistas “moderados” que se alzaron en 20095 hoy apoyan al heredero de la sangrienta dinastía Pahlavi, quien busca tomar el poder como títere del imperialismo estadounidense, tal como su padre fue instalado por los imperialistas británicos en 1941 y se hizo del poder absoluto en 1953 en un golpe de Estado orquestado por la CIA. Pero Washington no está entusiasmado con el pretendiente Pahlavi, quien tiene poco apoyo organizado dentro de Irán, y los asesinatos selectivos israelíes han acabado con todas las figuras del régimen que el gobierno de Trump consideraba los equivalentes a Delcy Rodríguez, la colaboracionista con EE.UU. que ahora gobierna Venezuela. Como dijo Trump el 3 de marzo: “La mayoría de las personas que teníamos en mente están muertas… Ahora tenemos otro grupo. Según los informes, también podrían estar muertos. Así que supongo que se avecina una tercera oleada. Muy pronto no vamos a reconocer a nadie”. Pero el gobierno iraní no actúa como un régimen sin cabeza.

Los trotskistas de la Liga por la IV Internacional hacemos un llamado a derrotar la guerra imperialista/sionista y a defender a Irán mediante la acción obrera internacional, y a luchar por el poder obrero. Contra la opresión sionista del pueblo palestino, nos pronunciamos a favor de un estado obrero palestino árabe/hebreo como parte de una federación socialista de Oriente Medio, basada en los poderosos proletariados de Egipto, Turquía e Irán. La lucha contra esta devastadora guerra es inseparable de la lucha contra la ofensiva del régimen de Trump contra la población estadounidense, en particular las deportaciones masivas y los violentos ataques contra inmigrantes y sus simpatizantes por parte de los agentes de la policía de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y de la Patrulla Fronteriza, quienes se están convirtiendo en una fuerza paramilitar fascistoide que funciona como la punta de lanza de la imposición de un régimen policíaco bonapartista. La guerra imperialista en el extranjero invariablemente va de la mano con la represión racista al interior del país.

Desde Irán y Palestina hasta Europa y Estados Unidos, la lucha debe ser por una revolución obrera que derribe al imperialismo decadente, que se sacude con violencia para evitar su desaparición. En 2022, Trump dijo sobre la guerra del demócrata Biden contra Rusia por Ucrania que podríamos “terminar en la Tercera Guerra Mundial y no quedaría nada de nuestro planeta” porque “gente ignorante” que dirige el gobierno “no tenía ni idea” de los peligros que representaba una escalada bélica. Lo mismo puede decirse de la guerra del republicano Trump contra Irán. Pero no se trata sólo de los republicanos: las políticas fundamentales del imperialismo estadounidense han sido y son bipartidistas, como lo fue durante la Guerra Fría antisoviética y desde que la contrarrevolución destruyó la Unión Soviética y los estados obreros deformados de Europa del Este en 1992, y como lo son hoy en Ucrania, Palestina e Irán. Para luchar contra el curso hacia la guerra mundial, en Estados Unidos es crucial romper con los partidos Demócrata y Republicano y construir un partido obrero revolucionario basado en el programa auténticamente comunista de la IV Internacional de Trotsky. ■ 


  1. 1. Véase “¡Defender a Irán! ¡Derrotar la guerra de EE.UU. e Israel!
  2. 2. Encuesta de la Quinnipiac University, 9 de marzo.
  3. 3. Esta cifra proviene de Ronen Bergman, Rise and Kill First: The Secret of Israel’s Targeted Assassinations (2018).
  4. 4. Este impresionante informe, que de plano contradice las afirmaciones de EE.UU. e Israel de que no se están quedando sin municiones –y que da cifras exactas de los stocks de misiles disponibles antes de la guerra y del numero de misiles disparados por EE.UU., Israel y sus aliados del Golfo– en condiciones normales jamás se habría hecho público; EE.UU. probablemente intentaría encarcelar a cualquier reportero que revelara esta información militar tan obviamente delicada. Así, al publicarla, el RUSI estaba mandando un llamado de alarma al Pentágono para que sea “realista” con respecto a la guerra.
  5. 5. Véase (en inglés) “Protestas masivas sacuden Irán: ¡No a todas las ramas del régimen de los mulás!”, donde proclamamos “¡Por  ​​la revolución obrera contra la dictadura islámica!” y “¡Imperialismo estadounidense: manos fuera!” en The Internationalist nº 29, verano de 2009.